Este sitio ha cambiado mucho y hemos escribo una reseña nueva. Lee la nueva reseña del Mil Grullas.
A mil grullas no llegas por casualidad.
Mil grullas es como el bonsai ese que Daniel San rescata de un acantilado en Karate Kid 2 colgado de una cuerda. Es un tesorete escondido en una calle poco agradecida a la restauración y al paseo. Yo siempre recomiendo un sherpa si no has estado nunca.
Si tu vienes de Blasco Ibáñez hacia el Cedro, tienes que meterte por la calle esa donde está La Lola, pero si llegas a La Lola te has pasado, tienes que girar antes a la derecha. Bueno, tira de Google.

El concepto es bastante guay, son como tapitas, pequeñas raciones de comida asiática, a precios entre tres y seis euros. La carta es de las que vas tachando lo que quieres, como en el Kaña Makan, no sé si habéis trabajado el Makan, pero es de ese rollo.

Bueno, total, que llegamos. El sitio por dentro es como muy blanco, muy moderno. Hay una pantalla sobre la barra que te va enseñando fotos de los platos para que sepas más o menos de qué va el tema si no estás puesto en comida de este tipo. También hay un árbol en la entrada con lo que parecen ser mil grullas de papel rojo. Alguien ha echado un ratito ahí.

Por cierto, no hay una gran oferta de vinos, hay un par de tintos y por copa, solo puedes pedir blanco. Lo que tienen es un montón de cervezas asiáticas. Vamos al lío.
Pedimos kimchi, que es un tipo de col fermentada muy típico de corea. Es uno de esos sabores que o te gusta o no te gusta nada, no hay indiferencia al respecto. Esa mierda se tira meses en una tinaja de barro currándose su sabor a sobaco como para que tú luego lo ningunees. Levemente picante.

Luego llegaron unos dumplings. El dumpling es como una empanadilla pero hecha al vapor. Pedimos los de ternera en su jugo, y vienen con salsa de soja. Es un sabor muy neutro y muy asequible a paladares poco asian friendly.

¿Buscas sabores menos neutros? El bao de secreto. El bao de secreto está cojonudérrimo. Creo que parte del triunfe es que el pan no es el típico pan de mierda chicloso semidulce precocinado de bao que te ponen por ahí. Todo encaja, el universo ha encontrado una forma de decirte que te quiere mediante este bao. Lleva una salsa que no sé de qué es, pero eh, que me da lo mismo. El secreto va loncheado finito y…pfff, yo que sé, nano. Pruébalo. Está que te cagas.

Gyozas de pollo con salsa de mostaza dulce japonesa. La gyoza también es como una empanadilla, pero frita. Yo lo comento muy por encima, pero si alguien tiene interés y quiere wikipediarlo, los tipos de gyoza son como personajes del señor de los anillos. Hay muchos tipos, cada uno se hace de una forma, hay castas, estatus sociales, procedencias, credos, y mil movidas, todas con nombres impronunciables.

Nos metimos también una racioncita de pollo corea-no. Son como alitas de pollo lacadas con una salsa, que según la carta se llama gochujang, pero que te va a dar igual que se llame Mariángeles. Es una salsa pegajosa, un poco dulce, un poco ácida…no sé… Clásico sabor asiático.

Realmente hay muchas cosas en la carta que suenan a balas rebotando o a hijos de Angelina Jolie, en plan…Chun Kun, Chao Siu, You tiao, y mierdas así. Está bueno, adéntrate sin miedo.
Oye ¿Y las costillas? ¿Qué me cuentas de las costillas? Vienen tres, cubiertas con sésamo y una salsa hecha con los sueños y esperanzas de actores jóvenes que emigran a la capital. La carne se deshace, están realmente tiernas. Aconsejan pedirlas con un bol de arroz de este glutinoso blanco clásico que te comes con palillos. Por cierto, mención especial a que los palillos te los dan con un plástico ayudador que los mantiene juntos y en posición correcta para que tú solo tengas que pinzar. Si no puedes comer con estos palillos, pues nada, hay ayudas del gobierno.

Es posible que al final de la comida te saquen galletas de la suerte, de estas que te dan un sabio consejo ancestral. Una de las nuestras decía «Un rato emocionante le aguarda», que a priori puede parecer que no es nada, pero eh, dale una vuelta.

Bebimos cerveza, no tomamos postre, salimos a 33 pavos y pico entre dos…17 cada uno.
Además, al final de la comida te sacan como un tazo de plástico, que cuando lo aprietas genera mágicamente una toalla que te perfumará las manos durante varios días. Todo bien para Mil grullas. A tope de okey.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (3)
Restaurante La Comisaría | Valencia | ¿Mola o Qué, Nano?
[…] y espuma de wasabi. Potentísima promesa, ambicioso proyecto. Creo que ya hablamos del kimchi en la entrada del Mil Grullas, se trata de una col fermentada picante que consumen muchísimo en Corea. Tiene un sabor muy […]
Restaurante Boru | Ruzafa, Valencia | ¿Mola o Qué, Nano?
[…] en el caso del pollo creo que la base es soja y algo dulce, y en el de las gambas es kimchi. Como ya comentamos en Mil Grullas, el kimchi es una col fermentada coreana, con toquecito picante. Las gambas no llevan col, el […]
Mundua Taberna | Cánovas, Valencia | ¿Mola o Qué, Nano?
[…] occidental, pero el pollo está tierno y jugosón. El brioche me dio un punto al pan bao de Mil Grullas, dulcecito. Buen […]