Mundua. Justo al final de Joaquín Costa. Fui la primera vez una semana después de la inauguración y no había vuelto, pero me lo volvieron a recomendar durante una cena. Tío, que el cocinero es un crack, ha estado aquí y allí, ha currado con nosequién que es la hostia, tienes que ir… y yo, fácil y entregado a la causa como soy, recopilo voluntarios y para allá que vamos.

La decoración es un poco IKEA, macetitas, maderita… Pero está bien, tiene gusto.

Le echamos un vistazo a la carta de vinos, veo un Txakoli, uno valenciano, uno de rioja, y de repente… uno que se llama Avan OKEY. En ese momento sentí algo parecido a lo que siente un niño que va a adoptar un perro y en seguida sabe cuál es el suyo. ¿Cómo puede un vino que se llama OKEY no ser OKEY? Se replegaría el universo, explotaría el espacio tiempo, nada tendría sentido. Naturalmente lo pedimos y seguimos explorando la carta. Le pedimos consejo a la camarera, a ver qué nos sugiere.

– Bueno… Los platos en los que pone que pica, pican más que los otros.
Tras ese comentario todo nos encajó mucho mejor. Algunos llamamos a nuestras madres para decirles que las queremos y volvemos a la mesa.
En los entrantes nos dividimos, tres de nosotros pedimos la croqueta de carrillera, y una disidente prefirió el taco de codillito pibil, con aguacate y cebolla encurtida. Tío, la croqueta es carne hecha crema, es una de las croquetas mas cremosas que me he comido en la vida, y tiene un puntito ácido de guiso chup chup que te va a hacer fibrilar el firulai. Buen croquetaje.

El taco no lo probé pero mi amiga se desinstaló el Tinder porque ya solo quiere tema con ese taco. Se ve que estaba potente.

Tras las croquetas, lo primero que llegó fue la ensaladilla vasca. Sitúate en una ensaladilla rusa, con unas lonchitas de bacalao ahumado por encima, y unas gotitas de salsa de pimiento de piquillo. Como dato juguetón, en vez de saladitos, le ponen como unos bastones de Gandalf de pan, con los que puedes ir rebañando.

En la carta había también unas alcachofas con anguila ahumada y mantequilla tostada. Aunque suelo lanzarme a por las alcachofas, esta vez no las pedimos, porque creo que estoy abusando ya un poco del tema y me apetece probar cosas nue…¡¡¡JAJAJAJA, UN NNNABO!!! De cabeza a por las putas alcachofas. Claro que las pedimos, a buenas horas dejo yo unas alcachofas sin pedir. ¿Estamos locos? Venían en una cazuelita con unos huevines, entiendo que de codorniz, y unos pequeños taquitos de anguila encima. Para mi gusto un poco excesivo el sabor de la mantequilla, pero bueno, bien. En este momento asumimos ya que no van a sacar pan si no lo pedimos, pero bien también porque, niños, los hidratos por la noche hacen el culo gordo.

Luego pedimos un plato de estos que te llaman la atención porque ves que se la han jugado, era pulpo con pastrami de pato y puerro asado. Guau, tres tacos de pulpo bien gordos, con las lonchas de pastrami de pato (que reconozco que es algo que se me escapa del entendimiento) por encima. La parte de abajo era el puerro, y una salsa que recuerda a la hoisin (de ahí que el plato se llame pulpo Pekín). Pero os digo una cosa, la aportación del pulpo es más para dar textura, porque el sabor, lo que es el sabor, realmente se lo llevan el pato y la salsa. Bueno, curioso cuanto menos.

Terminamos el round de lo salado con un brioche de ají, que lleva pollo a la brasa, queso costeño y punk rock. Me cago en mi vida ¿Cómo no vamos a pedir eso? Encima, está montado súper cachondo, te lo traen como si fuera una hamburguesa con la cresta del gallo frita clavada encima. Picar no pica mucho, un picor bastante occidental, pero el pollo está tierno y jugosón. El brioche me dio un punto al pan bao de Mil Grullas, dulcecito. Buen plato.

Decidimos pedirnos un par de postres porque, mira, ya total a quién vamos a engañar. Uno se llamaba CHO-CO-LA-TE, así como si lo pronunciara Sloth el de los Goonies, y nunca podréis imaginaros lo que llevaba. El otro era un dorayaki de crema catalana y pistacho. El Dorayaki es la movida aquella que le flipaba a Doraemon, que se los comía doblaos. Son como dos tortitas de las de desayuno americanas, pero con crema catalana en medio. El helado de pistacho es realmente flipante, no es muy dulce y lleva tropezones de real pistacho. Muy novedoso, no he probado nada parecido por ahí.

¿A cuánto te crees que sale la movida? Pues a 75,80 pavetes, que entre 4, aproximadamente a 19 por cabeza.

Muy bien. Requetebién, de hecho. Si pasáis por la puerta en algún momento, no dudéis que el sitio mola mucho.
Okey muy alto para Mundua, todo bien hecho y se la juegan con los platos.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
Jaime
jajajajaja
El vino se llama OAK (Roble) pero el designer se ha flipado tanto que pretende que los seres humanos entiendan que la palabra “roble” es la línea que conforma la A uniendo la O y la K.
Como diría un colega from designers to designers.. 😂😂
Sigue con el blog que tus crónicas son aún mejores que tus recomendaciones! Gracias por ambas!
j.