Hace unos años estuve cenando en La Comisaría. El sitio no estaba mal, de hecho recuerdo que había algún plato destacable, pero también tenían algún plato que era un auténtico bluff. Eso, unido a que el camarero fue bastante antipático, y que el precio no nos convenció, hizo que el sitio pasara directamente a mi carpeta mental de «dejar en barbecho».
Bueno, pues ayer volvimos, porque oye, ha pasado mucho tiempo, y total, la china de Woody Allen tampoco era hija suya y una mala tarde la tiene cualquiera.
Resulta que el sitio hace tres años que ha cambiado de dueños, la carta es otra aunque la decoración es la misma. También siguen manteniendo el rollo ese de la cámara que enfoca a la cocina para que desde una tele puedas ver cómo montan los platos.


Echamos una cerve en El Olivo, que tampoco es que esté en su mejor momento, y entramos a ver si ha ido a mejor o qué.
Piso de arriba, hay un aire acondicionado del año cuatro que está pidiendo que lo sacrifiquen con urgencia. La camarera (muy agradable, muy sonriente) nos trae la carta. Hay dos páginas de carta, con un total de 16 platos, 15 porque no les queda tataki de atún. Decidimos esperar al colega que está llegando con unas croquetas de jamón. Camarera simpática nos dice que todo es fresco y se cocina al momento, así que es posible que algún plato tarde un poco.
Puessss nano, será todo fresco, pero las croquetas… digamos que me asalta la duda. Llevan una inexplicable reducción de algo dulce por encima, y sí, son de jamón. Textura bien, como de pomada. Nada destacable, saben a croqueta de cátering de boda.

Espárragos al grill con olivada y almendras. De entrada no hay almendras, el resto, pues sí, espárragos trigueros, con dos cucharadas de tapenade, y unos tomates cherry. Tal vez, algún tipo de vinagreta chula hubiera salvado esto, pero en su lugar, el siempre omnipresente zigzag de vinagre balsámico. Mi sensación es que por ahora, dos de dos que me podía haber hecho yo en casa.

Bravas con kimchi y espuma de wasabi. Potentísima promesa, ambicioso proyecto. Creo que ya hablamos del kimchi en la entrada del Mil Grullas, se trata de una col fermentada picante que consumen muchísimo en Corea. Tiene un sabor muy particular, que o te mola mucho o te cagas en su vida. Nos llega el cuenquito de bravas, con una espuma blanca. La verdad es que está bueno, pero también es verdad que no le pillo el kimchi ni el wasabi. Pica un poquito, tiene también un poquito del sabor ácido de la fermentación, la patata está bien cocida, no es congelada. El tema de la espuma es menos efectivo porque cuando se va deshaciendo queda rara, pero nano, igual fue el mejor plato de la noche.

Las vieiras con leche de coco. Nada. Cuatro vieiras a cuatro pavos la vieira, en un cuenquito con leche de coco. Muy blandas y con un puntito ácido un poco raro. No nos convencieron, no tenían nada de gracia.

Y todo habría quedado ahí, en una anécdota, si no hubiéramos pedido las alcachofas salteadas con yuca frita y apionabo. Bueno, dos corazones de alcachofa ¿vale? Con el toquecito ácido de haber estado metidas en agua con limón o en (dios no lo quiera) un bote de conserva. Yuca frita no había, se ve que la traía el proveedor de las almendras. El apionabo estaba en puré puesto en dos cucharadas. Tío, de verdad, qué poca gracia. No entro ya en que igual siete pavos dos alcachofas sería un poco jander e mori, pero nano… Es que es un plato sin nada, dame una salsita romescu, dame unos chips de algo, dame unos taquitos de jamón, una sal maldon, pero es la nada, es la desolachione.

Acabamos con los solomillos de pollo con salteado de mézclum, setas y barbacoa coreana.
Solomillos de pollo más cocidos que planchados, un poquito blancos de color, sobre unas verduritas, que entiendo que serían el mézclum. ¿La barbacoa coreana qué es? ¿Es salsa barbacoa hecha en Corea? Porque allí lo que se llama barbacoa coreana, es una especie de plancha con un extractor que tienen en los restaurantes para hacerte tú mismo la carne. No entiendo el plato, igual es que voy desinflado ya desde lo de las alcachofas.

Bueno, veredicto de los cuatro, todos los platos son overpromise. La chica es muy agradable, yo entiendo que hay mucho trabajo detrás de un restaurante, pero nano, no nos moló, qué quieres que te diga. Salimos a 75 pavos entre 4, a un poco menos de 19. La verdad es que es barato, pero tío, es que no te lo puedo recomendar, no puedo decirte que esa experiencia mola. Pedimos unas cañas y un merlot de 17 pavos.

No tiene el okey.
Goza de amplio aparcamiento.