Xics, ayer me sorprendieron a muchos niveles.
No sé cómo me enteré de la existencia de Café Montoro. Creo que alguien me lo recomendó hace muchos meses por Instagram, o algún día lo vi haciendo el clásico mapeo de Google para descubrir sitios, no lo sé. El caso es que hace unos días, lié a unos colegas de esos que salen menos que el parquet, y les convencí para ir a probarlo, porque por las fotos y las reseñas me pareció curioso.
Venimos de tomarnos unas cerves en la Batisfera, echamos a andar, cruzamos Naranjos, casitas rosas… Tiene su gracia ver cómo en cuestión de dos calles, pasas de Españoles por el mundo, a Callejeros. Pero así, en un chas. Seguimos andando, y llegamos a una calle en la que no hay nada, solo unas sombrillas y unas mesas puestas en la terraza de un bar.
Tengo que cerciorarme un par de veces de que estoy en el lugar correcto, porque el sitio no parece para nada un restaurante. Parece muchas cosas, parece un bar, el salón de una casa, la pesadilla de un decorador, pero desde luego no un restaurante.

Nos sentamos en la terraza. Un hombre, claramente del este (quién es este hooombreeee…) nos pregunta si vamos a tomar algo, y parece incluso un poco sorprendido cuando le decimos que hemos venido a cenar. A pesar de la barrera del idioma, se le ve tremendamente servicial. En unos momentos, vemos cómo nos saca un par de cartas, le dice algo al camarero que está detrás de la barra, y este sale a la calle y se aleja, como a buscar algo.

Aquí empieza la follada de mente. La carta es de esas con fotos, y parece que están especializados en brunch. ¿Brunch? ¿Al lado de las casitas rosas? ¿En serio? ¿Qué estudio de mercado concluyó que lo que hacía falta junto a las casitas rosas, eran unos huevos Benedict? ¿Maridarán bien con el crack? Bueno, ellos sabrán.
Hay una combinación de platos muy loca, en serio. En un momento dado se me ocurre mirar la portada de la carta y leo “Cocina mediterránea, caucásica, uzbeka y coreana”.
¿Entendéis un poco mi rayote?

Yo, cuando veo dos tipos de cocina muy opuestos en una carta, siempre pienso mal, quiero decir… Ya es difícil hacer bien una cosa como para hacer bien dos. O sea… Tú lo sabes. Un sitio de pizza-kebab, o de sushi-paella, siempre suele ser sinónimo de una mierda como una campana. Pero en ese momento, el camarero que había salido, vuelve con una mujer claramente coreana.
De repente todo encaja un poco más. Camarero uzbeko, cocinera coreana. Las puntillas y las bravas de la carta sí que se salen un poco fuera de esta aventura, pero no pasa nada porque no pienso pedirlas.
Queremos un vinete. El hombre nos dice que tienen uno de la casa a 1,80 la copa (que por ese precio tiene que ser canelita fina), o unas botellas “ahí en la estantería”. Entonces se da la vuelta, va hacia un armario que está al fondo del local, lo abre, nos muestra un surtido de botellas, y nos indica con la mano que elijamos una. Guapppísimo. Mientras mi colega elige, yo no puedo evitar reparar en que la tele está emitiendo videoclips uzbekos, y hay un tío tocando la guitarra en mitad del espacio. Puede que sea el mejor momento de mi vida.

A los pocos minutos llega toda la comida a la vez. De golpe. A puro menú de grupo de restaurante chino.
Empezamos con las alcachofas (mediterráneas). Reconozco que esperaba algo de bote, tal vez salteado, pero con ese saborcillo a limón y a conserva al fondo, y mira, me pusieron en mi sitio. Dos alcachofones frescos, y sin ser temporada. Conservando el tallo, confitados, bastante tiernos y con unos trocitos de jamón por encima. El jamón no es nada del otro mundo, pero la alcachofa me sorprendió. Sin apenas partes fibrosas, y con una alcachofidad consistente. Aprobadas.

Seguimos con los manty. Dos de ternera y dos de pollo. Muy parecidos a todo ese tipo de gyozas gordas que hacen en el este. Los khinkali, los pierogi, los pelmeni, todos vienen de un antepasado comun. Digamos que en algún momento una empanadilla evolucionó a empanadilla erectus, luego a empanadilla sapiens, y de ahí surgieron varias especies distintas que se disgregaron por Europa. Son gordotas, con la masa relativamente fina, y parecen hervidas o hechas al vapor.
Las sirven con un pequeño cuenco de crema agria, por si quieres sucar. Es un relleno compacto, especiado, sabroso y desafiantemente abundante. Al levantar el trasto este, veo por debajo unos puntitos que me sugieren que ha estado en una bandeja de plástico, y que podría ser comprado o incluso industrial. Mis colegas me dicen que puede ser de algún sitio con esa textura que esté en su propia cocina, y donde los hayan dejado un rato. No sé, no termino de decidirme. Industriales o no, me gustan también.

Después, el surtido de ensaladas coreanas, que no está en carta, pero que el hombre nos lo ha propuesto por 10 euros.
Todas son de verdura, y tienen un sabor similar, como de encurtido. Vienen 4, una de las cuales es kimchi. Parecen caseras. Hay una de pepino que sabe un poco a aceite de sésamo, unas zanahorias, y unos brotes de soja. En general es un sabor avinagrado y dulce, con punch picante. No sé si el que el kimchi ha chorreado a las demás o tienen que saber todas así. Creo que cunden más juntas que por separado.

Luego la shakshuka. ¿Esto qué? ¿Qué me cuentas? Uno de los platos árabes por excelencia, tal vez uno de los más representativos del Kukla, conviviendo en una carta con calamares a la romana y kimchi. Pedimos la media ración, que son 3 huevos. No está mal, pero les falta rollo, porque son poco más que unos huevos con tomate y algunos pimientos verdes. Necesitan unas berenjenas al fondo, canela, feta, no sé, baile, estilo, Tony Manero deslizando. Esto está sin duda bueno, invita al suque, pero te lo haces tú en casa.

Finalmente el plov. Es un plato de arroz con carne, que ya probamos en el Volga. El arroz es de estos de grano largo, pero lo realmente interesante es la carne. Parece totalmente de puchero. Está tierna, y lleva unos garbancetes por ahí sueltos medio torrados. Sabe a comino, a olla, de verdad que está muy rico. Si llevara caldo, podría creerme que es parte de un cocido o algo así.

De entre todos los postres, nos dice que hay dos que son caseros, la tarta de queso, y la tarta Napoleón.
Un poco sin más. La tarta de queso es muy dulce, y está un poco seca. La otra, son capas de hojaldre alternadas con una nata vainillosa también bastante dulce. En todos los restaurantes del este tienen tarta Napoleón, y yo me la pido por dar servicio, pero sigue sin gustarme. Como cosa curiosa, lo sirven con fresas y azúcar glass, que es una cosa que no se veía desde que en las bodas sacaban pijama de postre.

Llega el momento de la cuenta. 84.80€
Tío ¿Qué hago?

Es… La carta no hay por dónde cogerla, pero es innegable que hemos cenado súper bien, y barato.
Cocinalmente hablando, el sitio no está a la altura por ejemplo de una Taula de Yoon, o de un Saigon Delice, pero sí lo está de un U polek, un Batumi, o un Volga, sin dudarlo. Y como coincide que esos tres son un Okey, creo que ese es el nivel.
Okey para café Montoro.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (2)
Valentina
Gracias por visitarnos.
Cada valoración es muy importante para nosotros.
Algunos comentarios tienen razón.
Estamos trabajando para mejorar la entrada.
“La combinación de platos muy loca” tiene una explicación: es la historia de un país que no existe ahora es Unión Soviética. Ahora son 15 países diferentes y la gente de cada uno le gusta y come plov, ensaladas coreanas , manty y tarta Napoleón.
Unos puntitos por debajo de manty es dibujo de alfombrilla de silicona que usamos para que las mantys no se peguen mientras cocinamos. Los manty hacemos nosotros mismos y masa y relleno..
Siempre bienvenido!.
Valentina
Gracias por visitarnos
Cada valoración es muy importante para nosotros
Los comentarios tiene razón.
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La combinación de platos en nuestro menú es la historia de un país que no existe ahora, es Unión Soviética. Ahora son 15 diferentes países y la gente de cada una de ellos le gusta y come plov, ensaladas coreanas, manty y tarta Napoleón.
Nuestra cocina es auténtica cocina uzbeka, coreana y caucásica.
Unos puntitos por debajo de manty es el dibujo de alfombrilla dé silicona que usamos para que el manty no se pegue durante la cocción. La masa y el relleno de manty hacemos en nuestra propia cocina.
Al final quiero decir que es nuestra primera experiencia en hostelería y todavía enseñamos para ofrecer mejor sabor y servicio.
Siempre Bienvenido!