Anoche pasó una cosa.
¿Recordáis que al lado del Wah Wah había un restaurante que se llamaba Bule-Bule? Bueno, pues cerró, y ahora han abierto en el mismo sitio, otro que se llama U Polek. Ahora imagina que eres una Miss, y un jurado cabrón te pregunta ¿Qué sabes de Polonia? Pues a no ser que hayas hecho el erasmus allí, es fácil que te comas una mierda.
Osea, sí, lo del papa, van a Eurovisión, hace frío y Hitler la invadió y tal, pero una vez acabas con los tópicos, enseguida la pala da con piedra. Como ya habréis adivinado, U Polek es un local de comida polaca. Os voy contando.

Nos sentamos en la terraza. La camarera, a la que se adivina sonriente tras la mascarilla, nos dice que la carta está en la pizarra de la pared. Hay dos cartas, una en castellano, con tapas españolas estándar tipo bravas y calamares y tal, y otra en polaco, que parece la movida esa de las letras de cuando vas a graduarte la vista.

Vaya despliegue de zetas, de kas y de i griegas, nano. Klopsik, cygansku con tilde en la N, eles tachadas ¿Sabes lo que es esto? Esto es un reto. Vimos que tenían un menú degustación en el que te sale un poco de todo por 13 pavos. De cabeza, dámelo todo.
Elegimos una cerveza polaca (medio litro) y un vino from da house. Cuando la chica sonriente nos trae la cerveza (que lleva en la etiqueta, un búfalo, tope rudo ahí) nos cuenta la historia de un personaje polaco que es como la mascota del bar. Es una patata que se escapó de la olla y empezó a repartir buen rollo por el mundo. Pyzar, se llama.
Le dediqué unos momentos a buscar en Google «famosos polacos». Resulta que Copérnico, Max Factor y Roman Polanski son de allí. De fondo, en el interior del bar se estaba proyectando unos dibujos animados que eran rollo cuando Krusty emite «Proletario y parásito». Bueno, pues estamos ahí con el vino y tal, y aparece la camarera con una bandeja de madera como la rueda de un Land Rover, llena de movidas. Cazuelitas, montaditos, pan, exceso de información instantánea. Todos los platos salen a la vez.

Poco a poco nos va explicando cómo se llama y qué es cada cosa. Con los nombres por supuesto nada que hacer, coge cuatro consonantes random y mételes, no sé, una E por enmedio. Pero lo que eran sí que te lo cuento.
Unas albóndigas de carne con nata y eneldo.
Unas empanadillas con dos rellenos, unas de col fermentada y otras de patata y queso.
Una ensalada de col fermentada con mayonesa, y otra de remolacha.
Unos montaditos de manteca de cerdo, que hacen ellos, con pepinillos.
Unas salchichas ahumadas con cebolla.
Y por último, pero no menos importante, un guiso con carne.
Estímulos, olores, sudoración. No sé por dónde empezar, creo que voy a ir en el orden en el que me los han presentado. Empecemos por las albóndigas. No son muy cárnicas, están mezcladas con pan o algo así. El eneldo es algo que tengo asociado al salmón, y nunca se me habría ocurrido ponérselo a unas albóndigas, pero he de reconocer que le pega. Mezclado con nata sabe profundamente nórdico.

Las empanadillas son más gyozas que empanadillas. La parte de fuera es tierna, se ve bastante casera. La primera que pillé fue la de col con setas. Tiene un avinagrazo fuerte, pero claro, es chucrut. Eso es como el kimchi, nano, o te gusta o no te gusta, no hay punto medio. Eso sí, es un plato vegan friendly. La que está rellena de patata, pues eso, una gyoza de patata, sin más.

Las ensaladas recuerdan un poco a las de col del Foster’s. Creo que son más un acompañamiento.

Echando un vistazo al tipo de cocina, ya ves muchas cosas. País nórdico, frío, cocina muy calórica, guisos, encurtidos, tuberculazo potente porque con ese clima no crece una mierda, todo ello forma un tipo de cocina muy reconocible.
Llego a los montaditos de manteca de cerdo. Esto me pasó un poco por encima, reconozco que me pudo. Aunque la manteca de cerdo la hagan ellos, no deja de ser fokin manteca de cerdo untada en pan con pepinillos. Sabor muy fuerte, grasa excesivísima. No lo compro.

Peeero, entonces llegamos a la salchicha ahumada. Si habéis estado por Alemania, Praga, esa zona, sabréis que las salchichas allí son otro mundo, no tienen un cagao que ver con las que tenemos aquí. Sus llonganas tienen la piel más dura, sabores más especiados, tienen una cultura de la salchicha que flipas. Esta viene troceada y nadando en un mar de cebollita picada. Muy interesante.

Lo último es el guiso de carne. Claramente guiso hecho al chup-chup, sabor potente. La misma cebollita que en las salchichas por encima, carne tierna. Reconozco que se me cucó un ojo de pensar en un bocata tipo Pascuala pero con esta carne. Valoración general buena.

Pedimos dos postres y yo aprovecho para ir al baño. Cuando estoy dentro, veo a una cheñora, posiblemente la madre de la camarera, haciendo cosas en la cocina. La verdad es que el sitio es auténtico de cojones.
Los postres fueron una tarta de semillas de amapola, y otra que no probé y que era de queso, o de nata o algo así. La de semillas sabía potentemente a naranja, y llevaba el bizcocho empapado con en un almíbar.


Al final, la camarera nos saca unos chupitos de vodka de hierbas, que nos sorprenden por lo suaves que son.

Cuando vamos a pagar, nos dice que no podemos irnos sin probar los «perros rabiosos», que son el chupito nacional de Polonia. Un país que tiene chupito nacional ya te está diciendo algo. Es una especie de jarabe de fruto rojo con vodka y unas gotitas de tabasco. Al ser blanco y rojo, se supone que es la bandera. Recuerdo una época en la que en el Jamón Session de Plaza Xuquer los ponían mucho, y yo me los bebía doblaos.

Pedimos la cuenta. Poco más de 60 pavos entre 4. Prácticamente a 15. Esto merece una lectura.

Tienes que entender que este no es un sitio excesivamente «gastro», pero es un sitio en el que probar cosas que nunca has probado.
Es el ÚNICO restaurante polaco de Valencia y el tercero de España. El precio es brutal, el trato nos pareció inmejorable, y la comida se ve casera desde la otra punta de Cracovia.
Ahora bien, la cara B es que tienes que saber a lo que vas. Si no te mola el salchichismo, los encurtidos y el repollo, te va a dar igual que la experiencia sea única. Medita bien esto antes de dar el paso, porque seguramente te llevará fuera de tu zona de confort.
Realmente es un okey si pasas por allí, pero como es tan particular, y cada fin de semana hacen un plato nuevo, y se lo curran tanto metiendo las tapas españolas y tal… ascenso rápidamente a Okey. Yo volveré en cuanto haga más frío.
Dadle un tiento.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
Pina Freites
Mmmm. Ya he ido tres veces, lo cual ya dice mucho. Recomiendo ampliamente ese plato. La Tabla Polaca. Mmmmm. Todos los sabores juntos. Súper okay. Y el trato muy amable y alegres. Por supuesto el precio inmejorable.