El Bar Verbena está en esa peatonal de Benimaclet que son todo terrazas, la del Atipic, que luego giras a la izquierda y está la iglesia.
Es lo que antes era la Mosqueta. Un amigo me lo había recomendado, y yo le eché un ojo por redes, vi bocatas y colorinchis, y dije, bueno, un día tonto que tenga me pasaré.
Y xics, ese día tonto fue anoche. Recluté a mis mejores hombres y nos plantamos allí a eso de las 9 y pico, a ver qué tal se cena.

No sé explicarlo muy bien, pero algo me dispara el sentido arácnido nada más entrar.
Es la decoración, el sitio es demasiado grande, demasiado luminoso y demasiado Instagram.

Son prejuicios infundados de mierda, lo sé. Pero, en mi cabeza, si alguien se monta un proyecto propio con su cocina y sus ideas, y además en Beni, me espero otro tipo de local.
¿Sabes lo que te quiero decir?
Algo rollo Carabasser, Pata Negra, Amagatall…Y este tiene un rollo Bar Cassalla que me descoloca.
Bueno. Aparto ese pensamiento.
La camarera nos ofrece un extenso fuera de carta, que es todo de producto. Tienen mejillones, tellinas, gambas al ajillo, torreznos… Bueno es saberlo, pero queremos probar la carta.
Oh, a priori tiene una pinta bastante juguetona. Los platos son apetecibles, todo tiene un girito, vale, vamos a ver.
Hay tres tipos de croquetas, de morcilla y manzana, de espinacas y queso azul, y la que decidimos probar: la de puerro y setas.
La verdad es que están de puta madre, lo mejor de la cena. Rebozado muy okey, interior idílico, y saben tanto a puerro como a seta, que es un equilibrio difícil de conseguir, croquetalmente hablando.
Yo de hecho les pondría por encima unos ajetes tiernos con jamón, bien picaditos, o en forma de chip o algo.
Tienen rollo y personalidad. Se acaban en dos bocaos.

Ensaladilla de sepia con mayonesa.
Olrait, pues es el hijo que tendría una sepia con mayonesa con una ensaladilla rusa.
Ha salido en apenas segundos de la cocina, de hecho, antes que el pan. Daditos iguales de sepia, patata y zanahoria.
No tiene saladito ni rosquilleta ni nada de pan crujiente. Lleva unos pistachos por encima, que sí, aportan crujientor, pero se me quedan cortos.
Tampoco lleva aceituna o encurtidos de ningún tipo, lo que si lleva es un puntito de naranja en la mayonesa, en el que sinceramente tienes que fijarte mucho para reparar. O sea, yo me dí cuenta porque está escrito en la carta, si no, eso pasaba como Enrique Anaut por OT.
También está rica, pero yo, le metía el crujiente y más naranja.

Hasta aquí, todo ha ido sobre ruedas, todo bien, conversación fluyendo, pero entonces…
El huevo a baja temperatura, con patata trufada, crujiente de morcilla y salteado de setas.
Chan chaaaan. Trueno al fondo.
Esto no está bueno. Pasan muchas cosas.
El plato viene siendo un huevete sobre un puré de patata machacada, con el salteado de setas (que parecen boletus en su mayoría, pero es un variadito).
Por encima, lleva lo que entiendo que pretenden ser unas migas, pero es pan rallado. Y el crujiente de morcilla no se lo pillo. Debe estar por ahí, pero ni sabe ni cruje mucho.

Entonces, lo primero: poco huevo para tantísima patata. Desproporción absoluta, el plato no es huevo con patatas, son patatas con huevo.
Lo segundo: El puré está tibio y es bastante consistente, tiene una textura como para sellar juntas. Si mezclas un puré de patata tan denso con pan rallado, el resultado no es agradable. Además, el pan parecía que no estaba cocinado, era como pan seco crudo. Un par de cucharadas cada uno y ahí se quedó.

Seguimos con bacalao frito. Lleva parmentier de garrofón, vinagreta de piparras y bonito ahumado.
Tampoco mola. El parmentier de garrofón es prácticamente lo mismo que el puré de patata.
El bacalao, que yo me esperaba en algún tipo de tempura, o con un rebozado rollo fish ‘n chips, tiene una capa de rebozado duro.
El vinagre de la piparra, que entiendo que es para desengrasar el frito, se queda en un sabor raro, parecido a una salsa de estas mexicanas de tomate verde, fresca, un poco líquida.
No lo sé, no lo entiendo. El bonito ahumado es como el que le ponen por encima al ramen, que parece papel de fumar, y lo que hace es aportar un sabor extra de pescado, a otro pescado.
No es que esté mal cocinado ni nada, todo sabe a lo que tiene que saber, pero, es como raro todo junto. No nos terminó.

Finalmente unas carrilleras. Salvables.
Están cocinadas con vino dulce, y la patata lleva azafrán y ajo frito.
La carne está tierna, y sabe al típico guiso de carrillera que te puedes encontrar en muchos sitios.
La patata, pues bueno, tal vez le habría dado más presencia al ajo frito, ya que lo destacas en carta. Al final carrilleras con patata. Mojas pan, y tal, y bien. Funcionando.

No hay mucha voluntad de seguir, pero por aquello de hacer un completo, ya que estamos, pedimos el brownie con helado de caramelo salado.
Dato curioso, la camarera, a pesar de recoger dos platos en los que prácticamente está la mitad de comida sin tocar, no nos pregunta nada, ni se interesa por si algo está mal.
Strike tres con el brownie. Tremendo secarral.
Mi cómplice, la joven escatriz Mississippi, lo definió como «más seco que un vibrador de corcho».
La gracia del trasto este es que viene con unas escamas de sal, que no se las veo, y un helado de caramelo salado, que la verdad, sabe a vainilla. Total, que brownie seco, y sin esa gracia que un toque de sal le hubiera aportado.
De nuevo, derrota.

La cuenta, por favor.
85,20. A 21,50 por persona. Pedimos copas de vino en vez de botella, pero aún así no es un sitio caro.

¿Sabes qué? Estoy hasta la polla de darles el Ok si pasas por allí a sitios a los que sé positivamente que no voy a volver. Sé que detrás hay trabajo, y proyectos e ideas, pero coño, es que no he cenado bien.
Es que la realidad es que si paso por allí, me voy de cabeza al Ninda, al Nonom o a otro sitio, porque aquí, no sé por qué, no veo cocina. ¿Qué hago?
No more Mr. Nice Guy.
No tiene el Okey.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (11)
Diego
Para mi es uno de los mejores bares de benimaclet y alrededores. Los que hablan mal de este sitio es porque no tienen cultura gastronómica .
HATER
Y sólo tu la tienes. ¡Ánimo tipo!
Patricia Roda
Hola,
hoy he ido por primera vez, precisamente a celebrar una comida sorpresa por el cumple de una clienta habitual y he de decir que he salido absolutamente avergonzada..He trabajado en hostelería media vida y he de decir que lo único salvable ha sido la atención de Noelia, la camarera. Una tal Nat, me dicen que la encargada, una prepotente maleducada. Nos han cobrado 35 euros por persona por un menu de ensaladilla, bravas, puerro con queso, una misera brocheta de pollo con arroz blanco y un canelon de pato (bebida, eso sí) a compartir. Aparte de los 35 euros, han considerado que el pan que hemos pedido, de 10 trozos (pedidos, obvio, porque nos quedábamos con hambre con tan poca comida) nos cobraban 4 trozos fuera de menú..He pagado 14 euros por 4 trozos de pan. Y los cafés, obvio, también aparte. Ha sido una vergüenza, nunca he pagado tan a disgusto una comida. Ni lo recomiendo, ni repetiré jamás.
Yajaira Anaya
Independiente de que tengas un blog no tienes ningún derecho hablar de esta manera de un proyecto como lo mencionas en tu primer párrafo donde se vienen mil cosas detrás demasiado trabajo y un equipo con una propuesta que puede que necesite perfeccionarse pero no que tenga este calificativo, tienes que aprender a dar tu opinión. Recuerda que como “influencer” justamente influencias en mucha gente, puede que no te importe pero el trabajo de todo un equipo depende de este proyecto. Recuerda que solo el tiempo da la experiencia necesaria para perfeccionar lo que no se hace como debe, tú mismo en tu proceso llevas un aprendizaje.
HATER
Pues nada, que todo sean unicornios y piruletas de colores
Conunicornios
Exacto. En un blog de crítica gastronómica el crítico tiene que dar su opinión por mucho que a los dueños del bar y a su familia no le guste. Si quieren unicornios hay otras páginas más adecuadas.
Patricia Roda
Pues me vas a permitir intervenir, pero cuando uno no tiene experiencia, lo mínimo que debe tener es humildad. Y te aseguro que hoy, conmigo personalmente, no la han tenido. Lejos de eso, he recibido prepotencia y mala educación a raudales. Así que lo lamento, pero no se puede exigir, lo que no se da.
Maria
Eres tan ordinario y malhablado en tus apreciaciones que no termino de leer lo que escribes.
HATER
¿Y para que te metes en su blog?
Adela
Creo que lo que realmente te gusta es escucharte, o en este caso leerte, piensas que tu «acidez» mola y la verdad, da vomitera. Por mi parte, tu opinion me ha animado a ir a Bar Verbena, seguro que es un lugar muy agradable y sus propietarios merecen su oportunidad
Perrito faldero
¡Guau! Hola a todos, soy Perrete Faldero, el intrépido can que se aventura por las terrazas de los restaurantes en busca de sabores emocionantes y experiencias inolvidables. Hoy les contaré sobre mi última expedición culinaria, sin morder a nadie, ¡lo prometo!
Primero, quiero compartir mi experiencia en un lugar que ha estado en boca de todos, el citado (arriba) Bar Verbena. No voy a mencionar nombres, no soy chismoso, pero había algo extraño en el aire. Los humanos parecían no estar muy contentos.
Mis hocicos sensibles detectaron problemas en la comida. Algunos platillos simplemente no tenían el «¡uau!» que esperaba. Saben, la consistencia y el sabor son fundamentales para un buen festín, ¿no?
Además, el servicio fue un hueso duro de roer. La espera fue larga, ¡y los humanos no estaban contentos con eso! La amabilidad también es clave, y algunos humanos parecían un poco gruñones.
Sé que cada plato y cada servicio son subjetivos, como si fuera una pelota que rebota de un lado a otro. Pero hay trabajo por hacer en este lugar, sin duda alguna. Las críticas, cuando se toman como consejos, pueden ser como una cola que te hace moverte hacia adelante.
Recuerden que detrás de cada restaurante hay un equipo trabajando duro. Todos merecen una oportunidad para mejorar y recibir una caricia en el lomo. Hablar sobre áreas de mejora sin señalar a nadie en particular puede ser como dar un buen lametón en la cara.
Para concluir, mi incursión en este restaurante me hizo pensar en lo importante que es escuchar a los comensales y aprender de ello. Como perro callejero de corazón, sé que siempre hay espacio para mejorar y descubrir nuevos sabores en la ciudad.
¡Hasta la próxima, amigos humanos! ¡Guau! 🐾
NO TIENE EL OKEY, como bien dice El Tipo. Lo quiero como amo!