Xics, igual ya sería momento de ir dándole una vueltecita a las cartas de los griegos.
Siempre se suele cenar bien, siempre suelen entrar en precio, y todo es fácil porque son sabores conocidos y tal, pero creo que las similitudes empiezan a jugarles en contra.
Hace unos años, cuando solo estaban el Rincón Griego y dos más, conseguir moussaka era una odisea.
(¿Lo coges? Tema griego, como lo he metido ahí).
Pero ahora, que sin pensarlo demasiado, entre Thalassa, Kuzina, Ilios, Kreas, Egeo o Elia tienes el moussakaje más que resuelto, yo creo que si no ofreces un extra, se te come el tigre.
Por eso, sentí un cosquilleo en Mikonos cuando alguien, hace unas semanas, me recomendó un griego oculto, en una calle poco de paso, y por lo visto con cositas nuevas.
Gevsis está cerca de Petraher y se nota que antes había sido un bar.


Se nota en la distribución, la barra y el gotelé, que se queda en las paredes de los bares traspasados como si fueran marcas de acné.
Blanco y azul, por supuesto, luz cálida por la parte de arriba, manteles de papel de cuadros, y una tele al fondo en la que se ven playas griegas a vista de dron. Ok. Pidamos cerveza, veamos la carta.

Pedimos el clásico surtidito de untables, por aquello de probar más cosas.
Tzatziki, melitzanosalata y taramosalata.
Mira, voy a ir pasando de los nombres: yogur con pepino, berenjena y paté de pescado. Si quisieras concreción, estarías leyendo el BOE, pero aquí estás.
El tzatziki es básico, sabe casi igual en todas partes. Yogur, pepino, ajo, y limón. Es la salsa que le meten a todo.
Lo de la berenjena sabe bastante a ahumado. Recuerdo otras que he probado, que también tenían nueces picadas, o un puntito picante, este es más sencillo. Parecen simplemente hilitos de berenjena.
El de pescado es un paté que hacen con huevas y especias. Creo que es el más molón.
Por ese orden: pescado-berenjena-yogur.
Todos están bien, pero me llama la atención el pan de pita, que me parece siempre el mismo, vaya donde vaya.

Después, una movida que es como un churro enrollado de pasta filo, con un relleno de huevo y queso feta.
Curiosamente, para mí, lo mejor de la cena.
Es de esas cosas que no tiene nada, pero dices, coño, qué fácil entra. Te va a recordar al spanakopita que es lo mismo pero con espinaca, y en porcioncitas tipo wan ton.
El relleno tiene una textura cremosa, rollo pasta de dientes, la masa, muy crujiente y pelín aceitosa.
¿Pondría tal vez algo para sucar? ¿Algo tipo una tártara? No sé. La banderita griega me conquista un poco.

Gyros al plato. ¿Ves? Esta es una buena opción para dar la vueltita que decía.
El gyro es una especie de shawarma, que viene a ser carne especiada en trocitos pequeños, lechuga, cebolla y tomate, y salsas, todo en el plato. Un Whopper horizontal.
Suele pasar que a la carne se le da un cariño que no se le da a la ensalada de acompañamiento, y yo te digo, diferénciate, métele una vuelta.
Incluso estando bueno, que lo está, lo verde queda triste, queda eso, de ensalada mixta con huevo duro de bar de menú, que te has tenido que pedir porque no quedaban lentejas ni macarrones.
Métele encurtidos, métele algo que cruja, cambia las verduras, rompe, explota, hazlo tuyo, maldita sea.
¿Quieres italianizarlo? Haz un gyro de osobuco, me caguen dios, no sé.
La salsa es algo dulce, parece mayonesa con mostaza, o tal vez mostaza-miel. Viene también con unas patatuelas cortadas a dados, y un viaje de orégano por encima.

Loukanika. Aquí palmé. Quería pedir el GUISO de longaniza, que se llama Spotify, o algo así, y me confundí. Error mío.
Es una llongana. Una salchicha, que recuerda un poco a la salchicha criolla argentina, porque además de las especias, tiene ese puntito más duro en la piel, que al morder hace crac.
No creo que sea un plato de 13 pavos y medio. Al final es una longaniza para cuatro, abierta por la mitad, con patatas y una pintadita de la mayo-mostaza del gyro.
Que sí, que una longaniza que ha venido de lejos, y que nos ha traído la democracia y la civilización, pero UNA longaniza.
A la plancha, no obstante, con una ramita de romero fresco, que denota cierto cariño. Bocata de esto con habas, almuerzo de ciclista.

Moussaka. Os juro por el desarrollo de Kenia que no pensaba pedirla.
La moussaka está ya más que probada y reprobada, pero el cocinero salió a tomarnos nota, y nos la vendió muy guay.
Nos contó que era italo-griego, y que él la hacía cambiando la carne picada por ragú, y que aquello estaba de locos, y que la había hecho ese mismo día y estaba fresca y lozana, y bueno, que bien, que nos la pedimos.
La ración es muy pequeñita. Es una porción del tamaño de un cubito de rubik. A primer bocao, te digo que le falta un pelín de sal, y que va un poquito up de canela.
La textura está bien, la patata está cremosa, la berenjena se deshace, y a pesar de haberla pedido por la boloñesa, no noto mucha presencia de carne. Está buena. Pero claro, somos cuatro, al segundo bocao hasta luego Lucas.

Mientras, van cayendo Estrellas Galicia, y hasta un par de copichuelas de vino tinto.
Vamos con postres. Dos de ellos: el baklava, y una tarta-bizcocho-pastel (llámalo energía) de naranja.
Al baklava le han puesto todas las especias de la tabla periódica de especias, con especial énfasis en canela y clavo.
Normalmente los ves en formato bocadito, tipo bombón, pero este es como una pequeña porción de tiramisú.
Pasta filo, almíbar, frutos secos, y dulzor concentrado, con algo de agua de rosas o azahar o algo así. Es un postre que sabe muy árabe.

La tarta suelta bastante almíbar cuando la muerdes. Está bien, porque queda melindrosa, pero claro, muy dulce. Ambos vienen con una bola de helado de vainilla.

El camarero, muy amable, nos ofrece unos chupitardos finales, y yo voy a por uno de raki con miel, que sabe como a whisky dulce, o ron miel de pueblo. Es un orujo, así que chachi.
¿La cuenta? 86 con 20. A 22 por persona.
Bueno, pues bien. Entiendo que este local le puede hacer un papel a la gente del barrio, que estaban carentes de griego y huérfanos de dolmadakia.
Creo que a los principales les sobran un par de euros. La moussaka 14, la longaniza 13,5, y el gyro 12,5 me rascan un poquito.

Creo también que, aunque todo esté bueno, y sea casero, si quieren estar en la pelea, hay que ofrecer un algo más.
Entiendo que siendo un restaurante griego, tienes que mantener unos básicos, pero es que esos básicos son demasiado parecidos a los básicos de los demás. Hasta el pan es el mismo en todos, y no me refiero al tipo de pan, me refiero a que es el MISMO pan.
Los dueños parecen majos, y espero que les vaya bien, porque al final, concretamente en esa zona no hay mucha competencia, pero ya te digo, hay que apretar.
Okey para Gevsis.
Goza de amplio aparcamiento.