Grecia, ese país maravilloso que nos trajo la democracia y un montón de historias sobre dioses que se convertían en animal para bajar a la tierra a follar. En Valencia tenemos tres o cuatro restaurantes griegos que molan, uno de ellos es éste, el Thalassa. A mí es el que más me gusta, porque tiene algo de casero, además al camarero se le coge cariño enseguida, y se parece al bajista de Héroes del Silencio.

El interior es, por supuesto, blanco y azul, Santorini style. Pero, por déficit de vitamina D, nos sentamos en la terraza y escaneamos la carta.
Empezamos con las dolmadakia, el entrante favorito de Grecia, las bravas helénicas. Hojitas de parra envolviendo arroz, con bien de limón y salsa tzaziki. Vienen seis, súper funcionan, te las puedes comer sin dientes. Son sencillas, sanas, baratas, y las acompañas con un pan de pita calentito. Fantástico, no tiene fisura.

Pedimos también una ensalada que no es una ensalada, es un bocata abierto. Se llama dakos, y lleva pan de centeno, tomate, queso feta, albahaca y orégano griego. Cuando lo sacan dices… ¿jarl? Pero tiene su cosa. Tienes que dejar que el tomate y el aceite empapen el pan y lo reblandezcan, y entonces puedes comértelo manual. Es muy mediterráneo. Es un plato que podría ser italiano si llevara mozzarella y español si llevara un manchego. Le hubieran cabido bien unas anchoas. Todo esto con dobles de cerveza y comentando lo de las elecciones en Madrid.

Las keftades. Son albóndigas de toda la vida, con salsa tzatziki, one more time. Tienen como una capita de fritura levemente crujiente por fuera. Pelín secas, pero muy sabrosas, tamaño pelota de golf. Tienen otras que vienen con salsa de tomate, que se llaman katakraskas o algo así. Les molan mucho las K a esta gente.

Vamos con la Moussaka. Aquí sí que hay una diferencia radical con el resto de moussakas de la ciudad. Las otras que he probado son mucho más planas, algo tipo lasaña. Ésta es un pedazo de bloque desafiante, Hulk en Los Vengadores, Gegant en Doraemon, Bertín junto a Arévalo. La berenjena está debajo, luego hay una capa gruesa de carne picada y encima un puré de patata gratinado. Con esto no fallas, es lo que te tienes que pedir si vas. Tiene un punto especiadito suave en el que creo distinguir algo de canela. Mu rica.

Llegamos al punto de inflexión. Ese momento que sucede a veces en las comidas en el que te das cuenta de que has pedido demasiado y deseas cancelar el siguiente plato, o al menos que te den una tregua para irte a tu casa a echar una siesta y volver, pero eso no pasa.
El camarero aparece con las brochetas de pollo, que por supuesto no son brochetas al uso. Son tres pedazos de pinchos como el pirulí de Torrespaña, que vienen con patatas y pan, por si acaso no te fueran a llenar bastante. Visualmente muy amarillas, señal de curcumazo, aunque el sabor es bastante pollo plancha. Nos las podíamos haber ahorrado y haber pedido algo más light, en plan gambas o algo así. Estaba tan a tope que si alguien me llega a dar una palmada en la espalda igual me cago por aspersión.

No obstante, para rematar, obviamente, bolita de yogur griego con nueces y miel. Sale con la nuez atomizada por encima.

El precio del Thalassa: 56,70 pavos. Ni a 20 euros por persona, ni a 19 de hecho. Comida casera, mucha cerveza, sitio súper funcional y okey para cualquier noche veraniega y terrazosa que se te presente. Es un griego de barrio.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (2)
Thalassa
Es la mejor reseña que hemos leído de nuestro restaurante griego Thalassa. Muchísimas gracias por haber dedicado tu tiempo a escribir estas maravillosas percepciones y sensaciones. Nos encanta tu buen sentido del humor 😍 y excelente redacción.
Hola
EL CUÑAO que siempre cena fuera de casa Meredith