Oye, ¿sabéis qué? Empiezo a pensar que los restaurantes griegos actuales son como los chinos de principios de los dos mil.
Entras en dos lugares distintos que no tienen nada que ver, pero que tienen la misma decoración y las mismas cartas.
Como si fueran sucursales. Control C, control V.
Los chinos de los dos mil tenían todos budas, murales con bonsáis, y cataratas.
Los griegos de ahora están todos pintados en blanco y azul, tienen una foto de las islas, y otra de las casitas de Santorini. En los chinos siempre había rollito primavera, pollo con almendras y tallarín con ternera.
En los griegos tienes moussaka, dolmadakia, y spanakopita.
El otro día fui a Ilios.


Ilios está en la calle Serpis, en medio de una marabunta de bares de sisha y bros, enfrente del campus de Tarongers. Cuando entramos aún es pronto y está vacío. Hay dos teles, una con imágenes de atardeceres y playas griegas, y la otra…
Vaya.
Lo de la otra tele no sé cómo explicarlo.
Era un programa de la tele griega. Una banda estaba tocando música frente a unas mesas puestas en semicírculo y, de repente, alguien de las mesas se motivaba y salía a bailar, mientras los demás tiraban flores y platos al suelo.
Los bailes siguen un patrón que no sé descifrar, porque parece que todo el mundo va muy ciego y está a punto de caerse. Podría ver esta mierda sin pestañear durante horas, porque me absorbe, como los concursos japoneses donde a la gente le hacen preguntas mientras les meten calamares por el culo.

Pero no estoy aquí para eso.
Pido una cerve y abro la carta. Cada plato lleva una foto al lado. Todo como siempre, va bien cargadito de kas, y de tz, komo a mi me gustza.

El dueño es tope de griego, y la comunicación se atranca un poco si metes oraciones subordinadas, así que simplemente le decimos el plato y él lo repite mejor pronunciado.
Empezamos con una crema de feta picante y la melitzanosalata.
Bien, todo correcto, sencillo. El feta tiene ese fondito agrio, y no pica lo suficiente como para llamarlo “picante”. Yo lo llamaría “chisposo”.

La melitzano está muy especiada, es berenjena picada con bien de ajo y limón. Te va a recordar a un baba ganoush pero con grumos.

Ambos son sabores familiares, berenjena con ajo y comino hay por todas partes, es un sabor tan expandido como el Starbucks. Lo untamos todo en panes de pita tostados en forma de nachos que sacan.
Vamos con la spanakopita, hojaldre con espinacas y queso feta. Te diría que fritos. Vienen con un cuenquito de tzatziki coronado por una aceituna. Saladitos, crujientes y jugosos. Lo mismo, ya lo conoces.

Por cierto, no os he contado que la birra la sacan en unos jarrotes helados muy de puta madre. Le meto un sorbo y cometo el error de mirar la tele again.
Un señor griego que se parece a Joe Pesci se arranca a cantarse un temazo y una abuela sale a reventar la pista. Todos dan palmas lentas.
Plas… plas… plas
— Katalaisassaskaaas grijoooññaaaass…
Plas… plas..
¿Dónde ha estado esto toda mi vida? ¿Estarán tocando temas pop, o algo más regional tipo la manta al coll? Mi colega mueve la mano delante de mis ojos.
— ¿Todo bien?
— Tío, es que hay una señora muy mayor bailando sobre platos rotos.
— ¿Te hemos perdido?
— No, no. La cena, estoy aquí. ¿Qué hay?
De principal, por supuesto, pedimos la musaka, aunque hay un plato de alubias gordas que se llama yigantes, y que estoy tentado de pedírme, para ver si luchan entre ellas y convierten el aire en gas natural.
La sirven en el clásico cuadrado grueso, pero sola. Mira que las presentaciones en los griegos siempre suelen ser un poco mierder, porque te arrean una rodaja de pepino, una de cebolla roja y una de tomate y se quedan tan pichis, pero aquí ni eso.
La musaka llega sola en un plato, con cero fantasía.
Seguramente ya hayas probado varias y sepas de qué va. Es un pastel de berenjena, patata, y carne picada, con una capa superior gruesa gratinada de bechamel.
Posiblemente tengas incluso tu favorita de la ciudad. Bien, yo te digo que esta es correcta, pero le falta rollete. Mucha bechamel, bastante canela, poca carne.
A la carne que hay, le falta punch, y además se nota que todavía está en forma de gusanito, porque la han removido poco.
Bueno. Pues una musaka funcional. Por otra parte 10,50 pavetes. Está bien.

Pedimos una brocheta de cerdo, y un suvlaki de pollo.
Yeah, sabía que no me iban a fallar. Rodajas de pepino, tomate y cebolla roja, ahora sí que canto línea. Las patatas fritas son caseras, eso mola y se agradece. La carne un poquito secarral. El cerdo va especiadito, tal vez te recuerde a una brocheta de estas aliñadas morunas que venden en las carnicerías halal (o en Mercadona).
El pollo no va tan especiado, pero lleva un chorrete de salsa por encima, que creo que es una mayonesa. Es como una especie de kebab desmontado. Te lo comes tranquilamente pensando en otra cosa.


Y hasta aquí. Estoy tentado de pedir el yogur con miel para alcanzar el tópico máximo pero, en su lugar, vamos a por un bizcocho de nueces.
Está empapado en un almíbar, pero aun así, es un poco áspero, ofrece resistencia. Sabe a canela y clavo. Lleva helado de vainilla.

Bien. Estamos full. ¿La cuenta?
Mientras llega, de nuevo se me va el ojo a la tele. Esta vez, un motivado está golpeando rítimicamente el suelo, como diciendo “aquí, aquí, aquí es donde bailo yo, me caguen mi vida” y una chica vestida de dama de honor en boda gitana le da vueltas alrededor.
Pienso pillarme el DVD de esto por Amazon, cueste lo que cueste. Mañana pongo a una croqueta a investigar.
El precio del Ilios: 66,90.
16,75€ por persona cada uno. Pues tío, claro, es que al final esto compensa. La comida no te cambia la vida, pero es que tampoco lo pretende. Es comida casera, hecha correctamente, sin alardes, y al precio que merece.

Yo seguramente volveré, pero también es cierto que la oferta es muy similar a la de Kreas, Thalassa, Rincón Griego, Elis, o el Egeo de Ruzafa, así que volveré si paso por allí.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (2)
José Luis Cerdán
Muy recomendable
Juan Carlos
Muy recomendable la comida casera y los duenos son muy amables !