Buah, hacía mogollón de tiempo que no salía a cenar con las MILS, pero claro, es que cuestan mucho de sacar. Alguna vez os he hablado de ellas. Son unas amigas que hace unos años fueron madres casi al mismo tiempo, son Mothers I’d Like to Salir a cenar with.
El problema es que lo poco que salen, unido a lo poco que duermen, y que una ha vuelto a ser madre recientemente, hace que siempre que las veo, vengan en un estado… complicado.

Estoy sentado en la barra de Bajoqueta, el nuevo local del grupo Gastroadictos, que son los dueños de Mistela, Cremaet, y Cassalla, y la verdad que vengo con un poco de prejuicio, porque con estos sitios me ha pasado con con OT.
Con el primero dices «hostia, qué guapo, que bueno todo», el segundo, cuando ves que es casi lo mismo, te interesa un poco menos, y el tercero me la sudó bastante porque seguía siendo igual.
No son franquicias, pero son sitios muy muy parecidos entre sí, y eso para mí hace que disminuya bastante la magia y la sorpresa.
— ¿Te pongo algo algo mientras esperas?
— Un vino, por favor. Ah, mira, mis amigas acaban de llegar.
Las MILS cruzan la puerta con la mirada perdida. Una va con los pantalones del pijama y un abrigo. La otra lleva un Playmobil enredado en el pelo, un jersey con vómito de leche y le falta un zapato. Ambas pasan por mi lado sin verme, con expresión de soldado con estrés post traumático.
— Hey chicas, cuanto tiempo ¿Cómo va eso?
— ¿Eh?
— ¿Es usted el hombre que da alcohol a la gente?
— Es este camarero.
— Buenas noches, señoras. ¿Qué desean to…?
— ¡¡¡VERMUT!!! ¡Vermut, hijo de la gran puta! ¿No me ves que necesito un vermut?? Mira mis ojeras ¿No ves que…? AAAAH —llanto desconsolado.

El espacio es muy parecido en tonos y decoración a los otros. Este tiene la gracia de que de una de las mesas cae un chorro de agua, que va hasta un huerto que tienen detrás, como si fuera una acequia de riego. Además, hay unas bajoquetas de cristal colgando del techo, que bueno, te sitúan. Es chulo.

Mientras nos ponemos al día, echo un vistazo a la carta, que es un QR.
Bastante extensa. Tiene chacinería, raciones, ensaladas y principales, pero voy a esquivar los platos más comunes, y voy a tratarlo como si fuera un sitio independiente que no tiene nada que ver con los otros. Pido un agua y una copa de vino.
Venga, empezamos con un guiso de alcachofas con habitas, jamón ibérico y huevo poché. ¿Cómo dejarlo pasar?
La camarera rompe el huevo con estudiada ceremonialidad, sobre el platico amarillo Duralex.
No hay mucho jamón, la verdad. Las habas tienen el punto ese ácido de la conserva, pero están duritas y enteras. Es una conserva de las buenas, además, tiene que ser así porque es invierno.
La alcachofa no es todo lo protagonista que debería ser, se pierde el sabor detrás de las habas. Está bueno, e invita al suque.

Boquerones fritos (casi igual que los de Pirineos).
Hey, curiosos, no esperaba esto.
Los boquerones van rebozados en una pastita que parece tipo tempura, pero no, es blandita y buñuelosa. Vienen con limón.
El camarero no sabe explicarnos lo de «igual que en Pirineos» pero intuyo que será por algún bar que se llame Pirineos, y donde los harán parecidos.
De hecho sí, acabo de googlearlo y hay uno en la Avenida Campanar. Están muy ricos, pero creo que son más tapa que plato.
Serían potenciables con un montón de cosas, desde una salsita tártara, hasta un picante. No obstante, caen rápidos y felices. Los volvería a pedir. Pescadito frito siempre es bien.

Mi amiga se ha bebido el primer vermut casi antes de que tocara la mesa. Creo que la cantidad que le han puesto, si sacas el hielo del vaso, es prácticamente un chupito, y cada uno vale 3,5 pavos. Podían estirarse un poco.
Berenjenas fritas con mayomiel. Aquí el tema es que la mayomiel sabe mucho más a mayo que a miel.
La berenjena, estando rebozada, ya tiene un punto de aceite y de grasa importante, y si le metes mayonesa, pues más todavía.
Este rebozado sí que es crujiente, es más tempuroso, pero el plato en sí no me dice mucho.
Me pasa como con los boquerones, A esto le falta topping o salsa que lo potencie. La berenjena tampoco es una cosa que tenga la hostia de sabor, y… pfff, no sé. Se me queda plof. Me pide un romesco clásico, con un chorrete de miel.

— Bueno, entonces. ¿Qué tal, chicas? ¿Qué me contáis?
— Yo… yo… Hace quince días que no duermo dos horas seguidas. Mi suegra el otro día les dio azúcar. ¡Azúcar! Le dije «están muy excitados, intenta que no coman dulce», y les dio para merendar un litro de horchata con fartons, la turbo hija de mil putas. Al llegar a casa vibraban como dos Satisfyers.
— A mí el otro día me metieron en el tercer grupo de padres de la guardería. En uno están todos los padres, en otro los que se llevan bien, y el tercero es para poner pasta para un regalo para su puta profesora. Esa guarra me llama «supermami» y yo solo quiero matarla con las manos. ¿Tengo caca en el pelo? Huelo a caca.
Champis rellenos de yema trufada con virutas de salchichón Arturo Sánchez.
Eh, muy guay.
Los champiñones tienen tamaño de solomillo, la yema rebosa por todas partes, empapándolo todo de tremenda trufosidad.
El salchichón es una alternativa a los clásicos taquitos de jamón, que me viene muy bien.
¿Ves? Esto, siendo un plato igual de sencillo que las berenjenas, tiene rollo, es otra cosa.
Es graso, pero el champiñón, me lo equilibra. Tiene una textura muy mordible, muy ñam.

Mientras alguien va por su tercera copa de vino, el camarero aparece con el bikini de ternera y pimiento verde.
Lo traen cortado en cuatro rectángulos.
El bikini se ha puesto de moda que flipas. Lleva queso, ternera, el pan untado en una salsa, que puede que tenga un puntito de trufa o no (ahora mismo no lo recuerdo con claridad), y el pimiento verde.
Está muy rico, planchadito, todo bastante en su punto. Nada escasea, todo combina. Es un poco más suave de lo que me esperaba, no es un sabor a carnaza.

Vamos a ir acabando con el mollete de carrillera ibérica con yema curada y cebolla frita.
Vale, esto está que flipas.
Es súper intenso de sabor, mucho, de hecho, podría entender que no sea para todos los paladares.
Sabe ahumado, y tiene un umami maravilloso que se te queda en la nariz. El pan es tiernito, es de estos mollosos blandos de bocata de cumple infantil, y se empapa bien, que es lo que tiene que hacer, su puto trabajo, empaparse.
Cada bocado parece una nube, con un leve crujidito de la cebolla frita por en medio. Lo compro al máximo.

No queremos postre, porque estamos bien. El camarero trae la cuenta.
Echemos un vistazo.
Yyyy… nos vamos a la mierda.
87,30 pavos. A 29, casi 30 euros por cabeza.

Pues ya está. Las premisas son claras. Si no entra no entra. ¿Qué hago? ¿Me mato?
Cenamos bien, no pedimos postre, pedimos cinco vinos que costaron más o menos como una botella, lo único que veo un poco flagrante es lo de los vermuts, pero, por lo demás, todo tiene un precio coherente.
No es especialmente caro, simplemente se nos ha ido. No siempre se gana.
Curiosamente, de todos los del grupo Gastroadictos, es el que más me ha molado. Hay varios platos por los que volvería, y varios que me quedo con ganas de probar.
Además, creo que les va a ir como un cohete, porque en la zona en la que están hay millones de oficinas, que están buscando una alternativa al Saona para los mediodías.
Hace rato que una de mis amigas ha entrado al baño. Cuando entro a avisarla de que nos vamos, la encuentro dormida sobre la taza con una teta fuera y el sacaleches enchufado. Al volver a la mesa, la otra está dormida también con la cara hundida en un plato con restos.
Decido dejarlas allí y marcharme, porque fuera, Wilbur, mi croqueta chófer, me está esperando para llevarme a casa.
La verdad es que tendría que llamarlas más. De hecho, creo que a la próxima, me iré a cenar con sus maridos para escuchar la otra versión de las historias.
Este se queda con el No Okey, aunque creo que mola. Mollete rules.
Bajoqueta, chavales.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (2)
Victor
Sería interesante analizar hasta qué punto los restaurantes se han desmadrado con las bebidas. Lo del vermout es muy habitual pero cañas a 3,5 también.
Francisco
Las normas son las normas, pero con el alcohol de esa cuenta casi cena una persona… yo veo bien los 25 pero si os cascáis hasta vermuts, es muy difícil y es algo injusto. Igual vas otro día menos fiestero y si entra con más comida incluso.
Yo lo siento por los vinateros pero a veces dais un poquito de rabia, yo cuando en una mesa grande empiezan con vinos no me corto y me pido un cubata, porque oye, total vamos a compartir, no?
Eso y que los sitos se flipan hasta con el agua, que una de esas filtradas de 0,5L se acerca a los 3€, que hay que ser miserables…