La primera vez que estuve en A’ Napule fue poco después de que abrieran.
Seguramente lo vi porque estaba enfrente de la mítica Oveja Negra, y yo iba mucho por esa zona.
Recuerdo que me llamó la atención la decoración, y que un colega mío se pidió una de las cosas más brutas que he visto jamás sobre una mesa: una pizza con croquetas de patata por encima.
O sea, en Nápoles lo fríen todo, está claro. Pero es que esto me pareció stoner metal.
Coger puré de patata con queso, rebozarlo, freírlo, y ponerlo sobre pan, con más queso, es como, no sé, una de esas comidas que hacen los americanos estos que pesan 400 kilos, y que se lavan con un trapo atado a un palo. Es algo que ya da igual que esté bueno o no, porque no busca el sabor, lo trasciende, busca solo el mal.
Pero bueno, eso no tiene nada que ver con lo que nos ocupa hoy, que es la visita oficial para reseña.

Está bastante lleno, y eso que es entre semana.
La decoración sigue siendo llamativa. Muy visual, sin duda. Dentro del local hay una fuente, varias cuerdas en el techo con ropa tendida, puertas y ventanas pintadas, mucho Maradona, un arbolito que parece un olivo…
Imagino que quiere aparentar la placita de algún barrio de Nápoles, así callejero y cuqui. Todo bien.

La carta también se ha expandido desde la última vez.
Ahora, por ejemplo, tienen la movida esa de hacerte los espaguetis meneándolos sobre un queso gigante, que sale tanto en internet.
También veo mucho entrante, alguna ensalada, que me imagino será circunstancial, pizzas, pastas, carnes… Vaya, los precios se han puesto bastante a jander mor.
Pues vamos a hacer una cosa.
Vamos a pedir el mix de entrantes (que luego os digo el precio), porque lleva un poco de todo, y dos pizzas, porque somos tres.
Después de cenar en Mimmo, la vida me enseñó que hay que pedir siempre una pizza de menos por cada cuatro personas. Si sois cuatro, se piden tres, si sois ocho, se piden seis. Matemáticamente sería, siendo Pizza «P» y comensales «C», P=C-1, pero en grupos de 4… Bueno. Alguien sabrá formular esto.
El caso es que llega el mix de entrantes. De nuevo, visual. Hay unas cazuelitas sobre una tabla, y colgadas de una cuerda, también a modo de tendedero, dos lonchas de jamón y dos de mortadela.
Voy a empezar por las albóndigas. Bien de tamaño, gruesas, prietas. De hecho, muy prietas.
Van en una salsa que es tomate frito con parmesano en polvo por encima.
Están ricas de sabor, pero más secas que hacerle una paja a un árbol.
Hay también una parmesana de berenjenas muy cremosa, con mucha presencia de queso. Muy buena también, pelín pasada de aceite, pero bueno, se amalgama, todo se convierte en salsa. Tal vez lo mejor de la tabla.
Luego, dos trocitos de mozzarella, que sin más. No parece búfala, es de vaca, y va con unos cherries y un poquito de rúcula y tal. En un lado, hay unos mini cacitos, uno con queso, otro con aceitunas y otro con un embutido, tipo salchichón, que pruebo, pero que no me gusta demasiado porque sabe muy fuerte.
La degustazione termina con dos bolas de masa de pizza fritas, con el mismo tomate con parmesano de las albóndigas. Son tipo buñuelo, pero no crujen, porque al estar metidas en la salsa se ablandan.

Después, digamos que pasa un intervalo de tiempo bastante exagerado (unos 45 min) hasta que llegan las pizzas. Una de mortadela y pistacho, y una capricciosa.
Durante este periodo de tiempo, voy mirando alrededor, y observo lo siguiente:
- Todos los camareros son italianos, y hay uno que se parece especialmente a Dane Dehaan, que es el actor que hace de duende verde en las pelis de Spiderman de Andrew Garfield, y de malo en Chronicle.
- El plato que más sale de la cocina es una especie de bol o de tiesto hecho de masa, relleno de pasta.
- Alguien cerca de mí lleva el corte de pelo más complicado que he visto en mi vida, que comprende hasta tres longitudes distintas en una misma cabeza.
Pizzas.
A ver, no están mal, la masa un poco cruda por el centro, y la mozzarella de la capricciosa, más chiclosa que sabrosa, pero vamos por partes.
La de mortadela está más buena sin ninguna duda.
Lleva gurruñitos de lo que debería ser «burrata rellena al pistacho», pero que es una cremita que ponen con una manga pastelera, que no dudo que sea burrata, pero que no está rellena de nada.
Las «láminas de parmesano» son dos rascadas de parmesano en el rallador. Aquí debajo tienes la foto, búscalas. La mortadela bien. El pesto de pistachos no se lo pillé mucho, pero bueno.
Está bien, es jugosa, tiene la textura esa del queso cremoso, que siempre mola… No sé. Te la puedes pedir.

La otra, la capricciosa, mucho más plana. Alcachofa en conserva, aceitunas negras, jamón de york y champiñones que creo que iban en láminas tipo papel de fumar, y que tampoco le pillé.
Pues bueno, *encogida de hombros*, una pizza. Lo que te digo, blandita, centro un poco crudo, yo que sé. Es que una pizza tampoco puede estar muy mala, mucho la tienes que cagar.

Nos dejamos un par de trozos, porque eso sí, todo, desde los entrantes, ha sido increíblemente saciante. No llego al postre.
Y menos mal, nano, porque pedimos la cuenta y… ¡Hop!
77,70, casi 78 pavos entre tres personas. A 26 euros por persona.

Dos pizzas y un mix de entrantes para tres, 78 pavos.
¿Cómo puede ser?
Pues ahora te lo digo: porque el mix de entrantes vale casi 29 pavos, la pizza de mortadela casi 20, y los dobles 3,50. Claro que sí.
Miro la cuenta. Miro a la camarera. Le hago la seña universal de señalar un precio y poner cara de «¿Cómo? ¿Estamos locos?», a lo que ella me responde que bueno, que es que lo traen todo de Italia y que los precios allí están que buf, y lo han tenido que subir, porque claro, hay que tener muchas cosas en cuenta, los proveedores, la luz, el agua…
Bueno.
Para mí, es un no. No un «no» cualquiera, un «no» absoluto. Un «no» de los que tienes que irte al espacio a hacer pruebas en gravedad cero, para llegar a las máximas cotas de «no», en las que el «no» se expanda a todo su potencial.
Si me quieres convencer de que el tenderete este de entrantes vale 30 pavos… Es que… ¿Aceitunas? ¿Masa frita? ¿Berenjenas? ¿Mozzarella de vaca? Va, tío.
Siempre pueden usar el comodín que usaba Di Carlo, que era «no tienes ni idea de cocina italiana, no aprecias el producto». Pero, en el fondo de tu alma, tú sabes y yo también lo sé, que esa capricciosa es mediocre, y que esa tabla está sobrepreciada.
Haz lo que quieras, para mí es un No Okey.
Km 0, Raíces, Mangiapane, Filippa’s… Me quedo con la que quieras antes que con ésta.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (5)
Jordi
Completamente de acuerdo. Estuve el viernes y ya iba con el miedo de ser el típico sitio q vas por estar harto de verlo en el instagram (instagram demoni) y acaba siendo un bluf. Me espanté con los precios. Descarté el entrante tendedero entre risas por valer casi 30 pavos. El plato de pasta bien, pero para costar 20 euros pues no.
El doble de 1906 a 4,50€, no hay más preguntas señoría
Manuel
Llevo un tiempo pensando que con la subida de precios te va a tocar subir el precio de aceptación a tí también, aunque lo de esta ocasión no cuenta que van de listos para pegarte la furgá
Carlos
La sorpresa sería ir a un sitio ambientado en Nápoles y que no te atracaran.
M.Amp
Te doy la razón en todo lo que has dicho y te añado que la pasta es la máxima decepción. El menú infantil da pena y la pasta servida dentro del cuenco de pan no merece la pena en absoluto.
Todo se resume en que es un sitio de “postureo” y un robo a mano armada.
Eva
Hola! Yo estuve hace un tiempo y barato no es. Para ir una vez y ver el sitio y probarlo, todo ok, pero no más. Me has recordado lo bien que se comía en la oveja negra, un sitio de 10, tanto la comida como el dueño, la mujer y todo el equipo.