Oye, anoche estuve en un sitio al que creo que voy a volver.
Es raro, porque tiene algo como de muy moderno, pero la comida va más hacia lo tradicional.
Se llama Maruxiña, O New Furancho. ¿Cómo te quedas?
Wikipedia dice que un furancho es un local utilizado principalmente como vivienda privada, pero cuyos propietarios venden el excedente del vino de la cosecha propia acompañado de tapas que ellos mismos preparan.
O sea, que es como una vivienda-bar, con comida casera.

El local es nuevo y tiene un modernor bastante llamativo. Verás enseguida que la decoración puede ir en la onda de un Disidente, o un Fun-tastik tranquilamente.
También es muy molón que de repente te vayas encontrando por ahí frases mitad gallego mitad ingles como “witches, haberlas hailas” o “it is o que hay”. Alguien ha metido cariñito en esta idea.

Bueno, llegamos on time. La camarera más agradable del mundo nos recibe y nos dice.
— ¿Tenéis reservita?
La carta es completamente gallega. No esperaba menos. Tiene carne, marisco, bastante pescado, pero tampoco con mucho alarde.

Parecen platos bastante sencillos, pero hay varias cosas que me apetece probar.
¿Les darán una vuelta? ¿Serán canónicos? Vamos a ver.
Todos los platos y los vasos son de Duralex. Los vinos van entre 16 y veintipocos pavos, pero estando aquí, voy con una Estrella Galicia.
Empezamos con una ensalada de tomate confitado, castañas y manzana reineta.
— Volvemos a encontrarnos, Tipo que.
— Mezclum de bolsa. Tú de nuevo. Pensaba que había acabado contigo la última vez.
— Ya ves que no soy tan fácil de eliminar.
— Eso lo veremos. ¡MUERE!
— ¡¡VENDETTA!!
— ¡¡FARFALLA!!
El mezclum de bolsa salta sobre mí como un mono araña, y mi silla se vuelca hacia atrás.
Durante los siguientes minutos, se sucede una cruenta batalla por todo el comedor, en la que, por supuesto hay puñetazos, disparos parapetados en mesas volcadas y, finalmente, un desenlace a espada bucanera.
Finalmente, tras desarmarle, hundo mi acero en una hoja de canónigo mientras suena un trueno de fondo.
— ¡AGH!
— Escúchame, no quiero volver a verte en una ensalada. ¿Me has oído?
— Ya es tarde. Siempre que alguien se lleve un taper con pollo o pasta a la oficina, allí estaré yo.
— Cállate. Y dile a la nata de spray que ella es la siguiente.
El mezclum se desploma sin vida en una esquina, mientras yo vuelvo a la mesa.
— ¿Dónde estábamos?
La ensalada lleva cherries peladitos y tiene un sabor entre dulce y avinagrado.
La verdad es que la castaña le da bastante rollo, nunca las había probado en ensalada.
Está bien, fresquita, rica, pero lo del mezclum me pierde un poco.
La manzana es bastante protagonista, porque está cortada en dados muy gordos, y está como bañada en algo. También aparecen de vez en cuando tiras de cebolla encurtida.

Vamos con más. La camarera nos trae unas croquetas, le cura el ala a una paloma herida y se va.
Hay tres de centollo y una de cocido gallego. Tamaño estándar, aparentemente nada llamativo.
Uf, sabores nuevos. Realmente no he probado nada parecido a ninguna de las dos.
La de centollo sabe MUCHÍSIMO a centollo, tal vez demasiado, es un sabor a mar muy potente.
El núcleo es más denso que cremoso. Al primer bocado, se te llena la boca de un sabor a mar, a marisco, que tal vez no es para todos los públicos.
Las de cocido gallego también están súper conseguidas.
Una croqueta de cocido normal, sabe a carne, mayormente a ternera, y puede que haya un deje de pollo.
Pero éstas saben a cerdo.
Es un sabor que, si has probado el cocido gallego, vas a reconocer enseguida. Tiene algo un poco ácido, un poco ahumado. Es muy particular, ese sabor se queda en la nariz un rato.
Ambos rebozados están perfectos.
Cuando hemos acabado con ellas, la camarera aparece con una tortilla, nos da un abrazo y un beso en la frente a cada uno, nos arropa y se va.

Es una tortilla de chorizo Betanzos style.
Al abrirla ves el centro babosín, con lo cual, ya tiene el primer examen de la oposición pasado.
La patata está correctamente cocida, el chorizo está a daditos, es un plato que pide pan.
Sí que es verdad que como plato de cena se me queda corto, porque lo asocio más a un pincho, a una tapa de aperitivo, pero bueno, para pegar dos tenedorazos no está mal.
¿A quién no le va a gustar una tortilla de chorizo del siglo primero?

Después, los chicharrones de porco celta.
La camarera nos trae el plato, ayuda a una anciana a cruzar la calle y se va.
Guau, súper-súper potente.
Es un sándwich relleno de una carne, que recuerda un poco bastante a algo tipo oreja. ¿Sabes esa grasa melosa? Pues va cargadito.
También hay magro, obviamente, pero al segundo bocao, tengo los labios como si estuviera chupando loctite.
Pan crujiente.
Es un bocata con mucho sabor, pero con mucha grasa. Atento si vas, porque si te lo pides, tiene que gustarte. Embafa rapidito.

Dudábamos para terminar entre el rexo, o el jarrete añejo con patatas. Fuimos a por lo segundo. La camarera nos lo trae, hace una donación a Acnur en nuestro nombre, y se va.
Bueno, la verdad es que la esperaba algo más tierna, pero es muy sabrosa.
Es una carne en salsa, con patatitas y pimiento rojo asado. La salsa invita al suque infinito, es como un fondo de carne.

De postre nos decidimos por las filloas. Son unos crepes rellenos de chocolate bastante puro, bastante dark, y que llevan una salsita tipo almíbar, muy líquida, como de naranja.
Salen a temperatura ambiente, no calientes. El chocolate es una crema casi más densa que la Nocilla.
Creo que hemos acertado, porque la tarta de Santiago hubiera sido bastante más densa, y esto, pues mira, entra fácil. La naranja no opaca nada al chocolate, le da como un aromita de fondo.

¿La cuenta? 88,90 entre 4. A 23 por cabeza.
La sacaron en una bandeja, junto con dos botellitas, una de orujo de hierbas y otra de licor café, unas gominolas, y una tarjeta en la que ponía “Graciñas”.


Por cierto, caigo en la cuenta de que a lo largo de la cena solo ha sonado música gallega.
Ahora están con Novedades Carmiña, pero hace un rato sonaba algo folclórico panderetero tipo Taxungueiras, y una versión en gallego de “Las chicas son guerreras”.
Vale, me ha gustado.
Si bien no es nada sorprendente, sí que es distinto. El ambiente mola, la atención mola, y el precio mola, y yo en breve volveré a probar la empanada, los mejillones en escabeche ahumados, y la croca ternera.
Okey Alto para Maruxiña.
Por cierto, la camarera feliz se llama Mamen, y de verdad que nos hizo sentir como cuando estás en el parvulario y la seño te hace un caso especial porque eres su favorito.
Echadle un ojo. Xúquer llevaba tiempo pidiendo un sitio así.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
Emilio Izquierdo
Ok a cuenta venía viuda, sin licores ni nada. Servicio deficiente y lento y 33 euros por persona con cuatro croquetas, media ración de pulpo con grelos y bacalao con pimientos. Una copa de Godello, un doble de cerveza. Tarta de queso y un café. Todos los platos compartidos por dos comensales. Desilusión total.