Un jueves cualquiera. Planta 42 de la Torre Alcachofa.
– Buenos días, señor. Le traigo su café, el periódico, y el correo de hoy.
– Pasa, Meredith. ¿Algo interesante?
– La factura de Iberdrola, el descuento de Consum, una propuesta para presentar los Oscar, y varias cartas de seguidores del blog.
– Vale, empezaré por esas. Veamos…
“Querido Tipo, quisiera mantenerme en el anonimato, así que le voy a quitar un H a mi nombre, y te diré que me llamo Ester. Verás, soy complicada comiendo. Soy vegetariana, de Slytherin, intolerante a la lactosa, y no bebo alcohol, así que estos últimos años he estado royendo cañas de bambú, y alimentándome a base de cortezas de árbol, que previamente tuesto con una lupa puesta al sol. Por favor ¿Habría alguna otra opción para mí? ¿Puedes recomendarme algún lugar en el que cenar a gusto? Estos cuádriceps no se mantienen solos. Tengo muchos déficits.
Atentamente, Ester sin H.“
– Bueno, esta carta me ha conmovido. Meredith, avisa a los de búsqueda de locales, y que saquen los drones. Necesito un buen vegetariano no lactoso para esta noche. Preferiblemente de Slytherin.
– ¡Marchando!

Okashi está en Mossen Femenía, la peatonal de Ruzafa en la que también están El Camerino, y Amor Amargo. Es una suerte de taberna japonesa, con la particularidad de que tiene un montón de opciones veganas.
Siempre digo que los restaurantes vegetarianos tienen como un mérito añadido, porque salen a pelear con una mano a la espalda. Si ya los restaurantes normales, caen en la repetición (torezno, burrata, etc.) imagínate si tienes que trabajar con la mitad o incluso un tercio de la materia prima. A eso añádele que te centras solo en un tipo concreto de cocina. No sé, me interesa un poco. A ver cómo se las apañan.

El interior es un 7’5 en la escala cuqui. Mucho blanco, farolillos, luces de árbol de navidad, un árbol gigante blanco con las hojas rojas, que me recuerda un poco al de Mil Grullas, y al del bosque de los dioses de Invernalia. Te diría que muy de primera cita, pero le sobra luz.
Lo primero es el karaage, la única concesión a lo cárnico de la noche.

Es canónico, crujiente y efectivamente, de pollo. Está bien. Las sutilezas del marinado en soja, jengibre y sake, aparecen si no te lo comes quemando, como hice yo. Cualquier picoteo frito que se pueda coger con la mano ya parte con mucho ganado. Viene con una mayonesa por si estás sucón. Pollo frito. Lo has probado muy parecido en otros sitios.
Picoteo vegetal, unas edamame, y unas algas wakame. La versión japonesa de los cacaos y tramussos.

A esto nunca se le hace demasiado caso. Saben igual en todas partes, no tiene misterio. El edamame saladito, y las algas al aceite de sésamo tostado. Sin más.

Después takoyaki vegano. Esto es una movida.
El takoyaki normal, denominación de origen, es un buñuelito redondo, cojoniforme, con una rodaja de pulpo en el centro. En este caso, el pulpo está sustituído por algo de textura parecida, pero un poco más gelatinosa. Chupeteando un poco, nos damos cuenta de que es un trozo de seta shitake. No está mal traído. Por encima lleva salsa teriyaki (dulce), chorretón zigzagueante de mayonesa (que sabe a mayonesa) , y unas algas secas, que le dan un poquito de sapore di sale, sapore di mare.

Las clásicas gyozitas. Estas son de verduras, con carne fake, es decir, supongo que con soja texturizada.
No están mal, dan el pego, pero aquí sí que echo en falta travesura. Llevan un poquito de soja para mojar y tal, pero no es un saborazo que digas…
¿Sabes qué pasa? Es que nada está a la altura de las gyozas del M2M, entonces ya… Es como haber probado la heroína, y que te den valeriana. Dices, bueno, pues gracias por el intento, pero…
Están hechas al vapor y plancha.

Fideos yakisoba, sin gluten y a la plancha, con verduras. Lo primero que vas a notar es agridulce. Están potentes, pero también son un sabor que ya conoces. Puedes encontrar trazas de todas las verduras conocidas por el hombre, Creo que hay como gurruñitos de ¿repollo? marinado. Lleva también zanahorias, cebolleta…
Hay toppings blandos y crujientes. Está objetivamente bueno.

Katsu kare, estamos hablando de un guiso de curry con verduras, que normalmente lleva un filete empanado de cerdo, pero en este caso es seitán.
El empanado es de panko, y es curioso, porque entre el rebozado, el arroz y el curry, realmente no se nota mucho que no es carne. También lleva una base de arroz blanco, es bastante saciante. Me hubiera molado que picara como si quisiera venganza, pero no. verdura, arroz, curry.
No voy a meter el chiste del curry otra vez, porque ya tal, pero recordadlo siempre.

Croquetillas de puerro y calabaza. Cremosas, con puntito dulce. El rebozado también es de panko. Por dentro llevan como una papillita, no son unas croquetas de bechamel, es un puré denso de calabaza con trocitos de puerro, hecho bola y rebozado. En la carta pone que son de auténtica calabaza japonesa, importada de japón. Súper bien. Mola que las calabazas vean mundo. A mí, la verdad es una sutileza que se me escapa a nivel sabor, pero aprecio el detalle. La salsa que llevan te va a recordar a una barbacoa.
Fin. La cuenta.
115 entre 5. A 23 pavetes. No son 24, pero-kashi.
Joder soy buenísimo en esto, estoy perdiendo pasta.

Es correcto, es funcional, te salva una quedada con alguien vegano, y tiene el plus de que es comida asiática. Por lo demás, no es un sitio con sabores locos y despampanantes. Creo que es un Okey muy tranquilo, de fondo de armario. Es otra opción para quienes están ya hartos del hummus y las bravas de boniato con sojanesa.
Ester sin H volvió a su casa sin ningún tipo de reacción ni intolerancia, bien alimentada y feliz, con un sitio más donde cenar en la recámara.
Ningún animal fue herido durante la realización de esta reseña. Excepto el pollo, pero el pollo se lo merecía.
Era un hijo de puta.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
Coworking Botanico
Hola, en nuestro coworking las hemos recibido y justo hoy ha pasado un chico a llevarse un par 🙂