A veces recibo soplos.
Son las once de la mañana, y estoy sentado en el banco de un parque. Llevo un rato mirando a unos niños que juegan a algo con una pelota. No sé exactamente qué he venido a hacer aquí. Hace unos días, alguien coló un sobre bajo mi puerta con instrucciones, indicándome que estuviera aquí a esta hora, llevando un traje de tweed y oliendo a perfume de Givenchy, con un ejemplar del ABC bajo el brazo.
Estoy pensando en marcharme, cuando…
— No te gires. No te des la vuelta. Creo que nos están vigilando.
— ¿Eh? ¿Quién eres?
— Puedes llamarme “Persona que te escribe por Instagram”
La persona está agachada detrás de mi banco. Puedo ver por el rabillo del ojo que finge atarse los cordones.
— ¿Qué tienes para mí? ¿Por qué tanto misterio?
— Escucha, tenemos poco tiempo. Hay un pequeño local en Primado Reig llamado M2M noodles. Lo llevan una pareja china, y ellos mismos preparan las gyozas y los noodles. Todo es extremadamente barato. No entrarías nunca sin vacunar, porque la decoración es como de locutorio, y solo tiene seis reseñas en TripAdvisor, pero te aseguro que vale la pena. Hay muchos locales de ramen que no quieren que te enteres de esto.
— Está bien, iré en cuanto tenga un hueco.
— ¡No! Tienes que ir rápido. Son muy pocas mesas y en cuanto empiece a hacer frío se…
¡¡BANG!!
— ¡Ah!
— ¡Hostias!
Me giro, y el cuerpo de mi informante yace en el suelo en medio de charco de sangre. Veo el punto rojo de una mirilla láser en mi pecho. Salto del banco justo a tiempo para que otro disparo vuele el respaldo de madera con un sonoro crujido. Consigo arrastrarme y me parapeto tras el árbol más cercano.
Hay quien hubiera aprovechado para llamar a la policía o pedir auxilio, pero yo, activé el intercomunicador de mi reloj.
— Meredith, necesito que reserves para esta noche en el M2M noodles. Para tres.
De acuerdo, para empezar el proceso de reserva fue algo así:
— Hola, quería reservar una mesa para esta noche.
— Mesa. Noche. Hora.
— Nueve y media.
— Nombre.
— El tipo que nunca cena en casa.
— Personas.
— Tres.
— Gracias.
Y cuelga.
Olrait.
El local, efectivamente, tira un poco para atrás. Sobre la puerta hay dos salidas de aire acondicionado, las paredes son como de un turquesa pastelón, sin mucha decoración, y tienen cajas de Amstel por el suelo. Cuento seis mesas, y una barra al fondo. Está todo lleno, y de las seis mesas, dos son de gente asiática. Buen presagio.


La carta son dos folios pegados en la pared, los platos (20 en total) están en español y en chino. Tienen como siete u ocho ramens y el resto son cosas más de picar.

Mientras pedimos unas cerves, veo salir y entrar de la cocina a un hombre, que por lo visto, además de cocinar, también sirve. La mujer es la que interactúa con los clientes, toma nota de las reservas y… oh…¿qué es eso?
El cheñor de la cocina le dice algo, y ella se pone sobre un mostrador, coge un trozo de masa y la empieza a estirar. La dobla sobre sí misma y la estira, luego la dobla, le echa harina y la vuelve a doblar. Los dos hilos de masa se convierten en cuatro, luego en ocho, luego en dieciséis y, en unos segundos, tiene en la mano un manojo de fideos finísimos, que van a ir a parar al ramen de alguien.

Buah, esto me está interesando.
Empezamos con el cerdo cantonés y las gyozas.
El cerdo cantonés tiene como un rollo acecinado. Son trozos pequeños y finos, secos, bañados en una salsa dulzona. Es curioso por la textura. No sabría decirte que lleva la salsa excepto tal vez… ¿azúcar moreno? Aventúrate.

Las gyozas… me cago en mi puta madre, están buenísimas. Para empezar, la pasta es obviamente fresca. Después, no van cerradas rollo empanadilla, sino más bien canelón, en cilindro. El relleno es de carne de cerdo con verduras, y es tan jugoso que gotea. Sobre la mesa tienes allí puestas desde que te sientas una botellita de soja, una de vinagre y un cuenco con picante. La señora te sugiere mezclar las tres y sucar la gyoza.

10 gyozas, 5,50 euros.
Son es-pec-ta-cu-la-res. No hay competencia calidad-precio en toda la ciudad a estas gyozas. Nada se acerca. Las he probado infinitamente peores en sitios mucho mucho más caros. De verdad, fíate de tu padre, ve a probarlas.
Seguimos con la panceta estofada.

Bueno, pues es eso, panceta pero bastante menos grasa de lo que te puedas imaginar. Tiene vetas, y la parte de arriba como más gelatinosa, pero en general hay chicha, hay magro. Bastante rica.
Terminamos round de entrantes con la empanada china de carne mechada que, a ver… realmente no es lo que tú entiendes por “empanada”. Es como un mollete, un pan plano planchado, relleno de algo que podría recordar de lejos a la cochinita pibil. Es curioso, está bueno, pero no creo que lo identificara como algo chino. Bueno, anyway.

Llegamos al tema, al momento, a cuando la chica baja al sótano sola porque ha escuchado un ruido. Llega el ramen.
Pedimos de dos tipos, de miso, y seco picante. Dos rollos distintos pero igualmente gozables.
El ramen seco lleva, obviamente los fideos, una especie de salsa de carne de cerdo, pepino en juliana, y brotes de soja.
¿Pica mucho? No, pica moderadamente, modo europeo, lo que pasa es que si eres un flipado como mi colega, y empiezas a echarle cucharadas del picante que tienes en la mesa, posiblemente mañana tengas el volcán de La Palma en el culo, y entonces vas a ver lo que es canela. El plato en sí recuerda como a una especie de boloñesa rara. Le falta un punchecito de sal, pero es bastante sabroso.

El de miso no lleva nada más que eso, miso. No te esperes el huevo partido, la carne y los brotes porque no. Eso sí, tiene un sabor muy potente, a miso, que es como… parecido a las setas. El caldo está de coglioni, esto en invierno tiene que entrar que da gloria. La pasta es la que acaba de estirar la señora delante de nuestras caras. Intento con todas mis fuerzas acabármelo pero noto que el botón de mis vaqueros está como el Spiderman de Tobey Maguire intentando frenar el metro. Voy a dejarlo ya, que una retirada a tiempo es una victoria.

De postre, la señora nos ofrece tarta de queso, pero igual si pego una cucharada más podemos tener problemas. Además, me fío menos de una tarta de queso china que de una azafata santiguándose.
La cuenta, por favor.
Bueno, nano.
Bueno.
42 pavos con 50. Entre 3.
¿Estamos locos?
Ni a 15 pavos, apenas a 14 euros por persona.

¿Me estás diciendo, que un sitio con esta calidad de ramen, esta calidad de gyozas, y este mágico rollo desconocido, nos sale a apenas 14 pavos y pico? ¿Vienes a mi casa, el día de la boda de mi hija a pedirme que mate por dinero? Hasta aquí podíamos llegar.
Mira, te digo una cosa. No le puedo dar el Tope de Okey, porque no tiene postres, no tiene vino y, no sé, creo que no procede, pero es un Okey alto de las más altas esferas. No existe lugar con una relación calidad-precio como este.
Reservad. No va a haber sitio en breve. No dejéis de echarle un ojo a los ambientadores naturales que hay en el baño.
Gyoza de amplio aparcamiento.
Comments (7)
Merche Navarro Calderón
La vida me dais en cada comentario/evaluación/artículo o como queráis llamarle. Si tengo un mal día…os leo y si lo tengo bueno, para celebrarlo y encontrar un buen sitio donde acordarme de vuestra parentela en el buen sentido, también os leo. Larga vida al señor que nunca cena en casa !¡!¡
El Tipo Que Nunca Cena En Casa
Gracias, máquina! Nos alegramos de que te mole
Ojos
Nano eres un puto crack, eres el Raúl Anton de los bares.
Aparte de criterio en la comida me alegras el día cada vez que te leo.
Un Abrazote y sigue así Makina
teresa
siempre que salgo procuro ir a los sitios que tan ocurentemente nos cuentas y siempre acierto, eres un artista
Maria José
Gracias por habernos mostrado tantos sitios. Si te puedo recomendar un sitio, te recomiendo «A FUEGO LENTO». Un poco complicado para llegar… pero vale la pena
Gracias.
Marta T. Pérez
Me encanta. La pasta del ramen te la hacen delante de tí y es un espectáculo. El local pequeñito, pero no te agobian. La comida buenísima. Recomiendo las gyozas y los ramen. Pasada. Muy amables. Volveremos. Única pega que no reserven pero es comprensible, aún así no esperamos mucho. Gracias mil.
Marian
A la empanada le han tenido que poner ese nombre pra que cualquier valenciano que no haya estado en china lo asocie a algo que entienda. Es un plato chino que cualquiera que haya vivido allí se ha comido mil veces. Lo mismo que los noodles y el ramen de tus fotos…y por supuesto a 1€ allí. Me alegra ver que ya empieza a haber chinos que de verdad hacen lo mismo que allí, y que por supuesto, comienza a haber público que lo entiende, te lo dice una murciana que vivió en China y ahora en Valencia.