Hey ¿Os acordáis de la taquería Sol Azteca, en Cánovas?
Pues desapareció, como tantas cosas desaparecen, por ejemplo el pelo de Rafa Nadal. Pero no ha sido algo definitivo, sino más bien algo como entrar en protección de testigos. Para evitar ser confundido con el otro Sol azteca que hay en Pintor Maella, se han cambiado de nombre y de ubicación.
Ahora se llama Los Cuates Tequileros, y está en Manuel Candela.

Sabéis que lo primero que hago siempre al entrar a un mexicano nuevo, es aplicar el teorema Kahlo-Hoffmeyer, que es: “el número de banderolas es inversamente proporcional a la calidad de la comida”.
El sitio, desde luego es curioso. Es colorido pero cutrongo. Es como si hubieras decorado un casal fallero para hacer una noche temática. Guirnaldas de plástico, unas banderas colgadas en la pared, y sillas y mesas de colores.
La carta está en un QR pegado en la mesa. Decidimos pedir agua, porque necesito equilibrar el PH, y la camarera nos trae una botella de plástico de Viladrau de litro y medio. Me sirve.
Me apetece empezar con los tacos de quesabirria, porque recuerdo que eran uno de los hits del lugar.

Te diré que están bastante ricos, pero que a lo mejor los había idealizado, porque los recordaba mejores. Para empezar, la presentación es más triste que tomar la comunión en un Norauto. Plato gris, desolador, muy vacío, con los tacos en L. Limón en vez de lima, el cuenco de la salsa en el centro, y un picadillo de cebolla y cilantro, en una esquina, como escondido para que el taco no lo vea.
La birria es una especie de barbacoa de carne, y tiene la gracia de que se sirve con un cuenco del caldo de la cocción. El taco se moja en ese caldo, se plancha, y se le mete bien de queso por dentro, junto con la carne. Es carne, queso, maíz y caldo, están del rollo, esa combinación no puede fallar nunca. Yo los hubiera tostado más, y hubiera metido I+D en la presentación. Jugosos hasta rozar lo sexy.
Ah, maldita sea, no puedo dejar de mirar la rodaja de limón. ¿Por qué no ponen lima?
Hace unos meses estuve y le pregunté lo mismo a uno de los camareros.
— Oye ¿Por qué ponéis limón en vez de lima?
— Ah, bueno. Es que la gente está más acostumbrada al limón.
Valiente mierda de excusa -pensé yo-, pero vale.
En esta ocasión quise volver a probar suerte, esta vez con una chica.
— Perdona ¿Por qué ponéis limón en vez de lima?
— Es que las limas son difíciles de encontrar.
Vale, perfecto. Entiendo que las limas que hay apiladas a montones desbordantes en la frutería de la esquina, el paquete de 4 por un pavo del Consum, y los proveedores de fruta de la ciudad no son suficientes. Me puedes decir lo que quieras, pero sabes tan bien como yo que los limones son más baratos y más grandes.
Bueno, da igual, es tu local, haces lo que quieres. Yo voy a meterle a los tacos, porque hemos pedido bastantes y tengo faena por delante. Primer round, pastor, cochinita y carnitas.
En general, y sin entrar mucho en detalle, las tortitas son buenas, y el mejor me parece que es el de carnitas. Ese es el primer impacto.

Supongo que a estas alturas, ya sabes un poco de qué va el mundo taco. La cochinita es carne de cerdo marinada con achiote y naranja, con lo que siempre tiene un puntito cítrico y ácido. Se sirve con cebolla encurtida, y suele soltar caldito. El pastor es cerdo marinado en especias, pero con trocitos de piña, con lo que en este caso, es más afrutado. El de carnitas, en cambio, es carne cocinada en su propia grasa. Lleva el picadillo de cebolla y cilantro que se escondía en la quesabirria.
Segundo round, carne asada y tinga de pollo.

La tinga, es un guiso de pollo deshilachado con tomate. Muy caldosito también, muy juguetón. Chorrea poderosamente, y recuerda un poco al de cochinita. Pedimos también unos con queso, que creo que son los de alambre, no lo tengo claro. Ninguno pica per se, pero hay dos salsas picantes en la mesa, una blanquecina y la otra roja.
La más clara es un ful, sabe como a puré de patata, no tiene gracia ninguna. La otra en cambio, sí que pica, pero no hay mucho matiz, no sabe a tostado, ni a tomate ni nada.
Ninguno de los postres me interesa demasiado, todos parecen como extremadamente dulces. Así que nada, la cuenta.
42,20 entre dos, a 21 pavos y pico.

Bien, aquí pasa una cosa, y es que la cutrez es innegable, pero me gusta. Es un sitio que disfruto. Es barato, rico, sabe casero, y prefiero mil millones de veces una botella de plástico de Viladrau a 2’50, que una botella de medio litro de Solán de Cabras de cristal de los cojones a 3 pavos.
Es así, nano, qué quieres que te diga.
Es un mexicano de barrio, cero pretensiones, cero postureo. Es el equivalente a un bar de menú, en el que hacen lentejas de perol, y que te apaña. No tiene el fondo que tiene Clementina, o Enchílame, o por supuesto La Llorona, pero de verdad que calidad precio, está muy bien.
Por el tema del limón, y algunas movidas un poco underground que he visto en la carta, te digo que es un sitio Okey, pero que si te apetecen unos tacos que estén bien, te puedes pasar sin ningún miedo.
Goza de amplio aparcamiento