Tenía ganas de contaros cosas sobre la Taquería La Llorona.
De entrada, es un local que arranca ya como Tremendo Clasicazzo. No sé si queda alguien en Valencia que no haya ido, pero es como decir que nunca has estado en un Mercadona.

Venid, acompañadme junto al fuego, os hablaré de una época en la que los tacos no estaban de moda. Ahora parece lejano, pero esa época existió, igual que hubo una era pre-ceviches, en la que las bravas dominaban la tierra, y en algunos bares de Ruzafa, se han encontrado grabados en las paredes que datan de la era pre-hummus.
Pues sería igual hace unos 7 u 8 años, pero vamos, que ya te digo yo que en Valencia no te comías un taco ni trayéndolo de Guanajuato por Amazon. Y, de repente… plop.
Como un champiñón after la lluvia, abren en Ruzafa un local con cuatro o cinco mesas en el que hacen pinches tacos.
Y están de puta madre, y a la gente le gusta, y se peta velozmente.
Años después, ese local se traslada a un bajo un poco más adelante, pero en la misma calle (lo que era Casa Amores, que a mí me flipaba también), y empiezan a funcionar, pero con más aforo.
Día actual. Llueve, llego con mis colaboradores a la puerta. El sitio es muy grande. Las paredes y el suelo parecen de hormigón. No está decorado como el típico mejicano en el que todo son guirnaldas y colores, e incluso parece que no hay ninguna foto de Frida Kahlo… ¿será eso posible? ¿Te dan la licencia para abrir un mejicano si no hay foto de Frida? ¿No molaría que en todos los bares españoles de tapas que hay por el mundo, empezaran a poner murales de Perez-Galdós? Contrarrestando, todo icónico el cabrón, con su bigote.

Bueno, escaneamos el QR, y la camarera nos dice que hay cosas que no tienen, y cosas que están fuera de carta. Carta viva, sorpresas, movimiento, gente que va al mercadito, me gusta.
En este momento, aparecen en la mesa unos cuenquitos con salsas, que son de frijol refrito, de curry con pollo y de chile de árbol. Todas pican, pero ninguna te arruina la vida.

Empezamos con un par de entrantes, que en este caso son los chilaquiles y la ensaladilla picante.
Te cuento, los chilaquiles son nachos, o no, a lo mejor hay una variación sutil entre el chilaquil, el totopo y el nacho, pero yo, que me saqué el DNI a la segunda, no doy para más, así que a mí me parecen nachos todos.

Caseros, no Doritos de bolsa, dato importante. Llevan pollo, queso, y un huevazo frito de puta madre por encima. El rollo es romper y mezclar, pero claro, ahí estás renunciando a dos cosas: una a comer con las manos, y otra a que los chilaquiles crujan, porque todo empapa y reblandece. De todas formas, pues imagínate. Huevo frito con nachos y pollo. ¿Cómo puede fallar eso? ¿Te lo dejas tú? No te lo dejas ni después de comer en una boda, te lo metes doblao. Churretoso, salsoso, yeah.
La ensaladilla picante lleva mayonesa de chipotle, mejillones y aguacate. No sé si los mejillones eran propiamente mejillones o algo más pequeño, pero bueno. Está muy cremosa y no pica especialmente. No te esperes la clásica ensaladilla con patata y atún, no es eso. La traen con unos trastos de estos al lado para que te hagas barquitos. Bien.

Pero, ojo, que ahora es cuando el secundario negro baja al sótano. Llegan los tacos.
¿Para qué vas a una taquería, si no es a ponerte hasta el culo de tacos? Lo maravilloso de este lugar es la variedad y el juego. Normalmente, en todos los mejicanos vas a tener una cochinita pibil, un taco pastor y, a lo mejor, no sé, un carnitas o uno de lengua. Ese es el 4-4-2, la alineación clásica. Aquí tienes por ejemplo, uno de pescado, de nopal, costilla, pavo, langostino, y varios fuera de carta que se van inventando. A mí esa variedad me parece la hostia, porque encima cuestan todos entre 2 pavos y 3 y pico. Me ofrecieron además, uno vegetariano con alcachofa, que ahora si eso lo miro a ver.
Bueno, estamos con unas cervezas doble X, que tienen 4 grados y pico y me saben a pis frío porque vengo de tomar Turia, y llega la primera ronda de tacos. Cada uno se pidió lo suyo, así que yo voy a lo mío.
Taco de pollo al limón: muslo, lechuga, hierbabuena y puré de limón. No creas que el puré de limón va a ser una cosa súper cítrica o súper amarga, es un perfume al fondo. Lleva un montón de lechuga en juliana por encima, y es de los más suaves. El puré lo hace jugosito, yo le voy a meter una picante de estos a ver qué pasa. Wow, efectivamente lo mejora. Es un picante muy distinto al tailandés, o al wasabi. Este cabrón se queda en la lengua, y aguanta ahí un buen rato, se hace un chalet. La hierbabuena no se la encuentro mucho.

El campechano lleva patata, chistorra, ternera, mojo picón verde y corteza de cerdo. Muy rico también, te diría que cárnico, pero ya te lo habrás imaginado. No sabe a chistorra como tal tampoco.

Pero la movida, nano, el real game changer, es el de bimi. Panceta, costilla asada, salsa teriyaki, bimi, cebolla y sriracha. Buf. Te sales de la carretera con esto. Sabe a todo, mucho, caña, rock and roll, tiene taquitos de carne magra, pero otros de grasa, te coge de las solapas, te da dos hostias, te susurra «puta» al oído, te apaga un cigarro en el pecho y se va. Qué barbaridad de taco, qué saborazo, ni le falta ni le sobra nada. Estamos hablando de un Golden Okey. La cebolla está cortada en micro daditos, pero es que la carne… ¿qué lleva esto, nano? ¿Es gloria? ¿Es la victoria del proletariado? ¿Qué es? Me da igual, me lo quedo.

Remato la jugada con el taco vegetariano. En este caso no es un taco como tal, es una tostada, que viene a ser el taco frito, pero tieso, a modo de base. Lleva alcachofa, calçot, y salsa romescu, con unas cebollas, rabanitos y palitos de zanahoria. Pues cómo va a estar, nano. Es cierto que al llegar detrás de los tacos de carne, desmerece un poco, y tampoco es un taco que te pida mucho picante, pero claro, es alcachofa, y ahí tenemos ya el contrato adjudicado, la plaza sacada.

Los mejicanos no son muy conocidos por los postres pero, por aquello de la oportunidad, pedimos un arroz con leche y una crema de pistachos.
El arroz con leche llevaba naranja y canela. Muy aromático, la verdad es que guay. Mucha leche, muy líquido. También hay como unos tropezones de pan o algo así, que le dan el crunch. Mola que no es muy dulce.

La crema de pistacho llevaba también una especie de tierra de chocolate, tipo crumble, pero sin serlo, y unos trocitos de fresa. La verdad es que muy fresquito y muy frutal, gustó bastante. El tema es que sin ser unas locuras de postres así que digas me cago en mi vida, sí que son los mejores que yo he probado en un mejicano.

Y eso nos lleva a lo siguiente.
Los postres son los mejores que he probado en un mexicano. Los tacos son… para mí, los mejores también, además de los más variados y los más baratos. ¿El precio de La Llorona? 88,70 entre 4, a 22 pavos y pico por persona.

Están todos que te cagas, pero el de bimi me suliveya.
Yo, nano, qué quieres que te diga. Esto es un Tope de Okey, además de un Tremendo Clasicazzo. Eso lo sabe ya el universo.
La Llorona se sale.
No os paséis con el picante, truhanes.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (2)
Adelina
Hace aproximadamente 10 años ya te podías comer un taco y otras delicias mexicanas en el «México de María», probamos ahí por primera vez el hongo del maíz.
Creo recordar que estaba en la calle Denia.
Besitos
Ma. Elena
He buscado tus reseñas para mexicanos y con lo que he leído, ya tengo la decisión tomada…
Pero mas allá de lo que recomiendes, lo que me encanta es la forma como lo cuentas…
Y esa frase final de «goza de amplio aparcamiento»… Me muero de risa…
Gracias por comer rico y compartirlo.