La Paca es un monumento local. Es un sitio que todos deberíamos visitar una vez en la vida con el cole, como el Oceanografic, o el Miguelete. Lleva ahí desde que el mundo es mundo, desde que eskribir las kosas con k era radikal. Creo que originalmente era de los dueños de La Peseta, pero mientras que La Peseta ha ido pegando varios bandazos estilísticos a lo largo del tiempo, esta se ha mantenido, irreductible al cambio como la aldea de Astérix.

Está en la calle del Rosario, entre La Llimera y la plaza donde está el teatro El Musical. Ahí siempre hay niños bañándose, y alguien tocando la guitarra. Para mí, sin duda, es el bar que mejor resume la esencia del Cabañal.
— No es el Cabañal, es el Canyam…
— Me da iguaaaal. Me daba igual antes, me da igual ahora, y me va a dar igual siempree. Para mí el Cabañal va desde el Veles y Vents hasta la Patacona, hay solo tres Junglas de cristal, y “X” siempre será Twitter. No os gastéis, es energía perdida.
Antes venía mucho por aquí, y siempre tengo una sensación muy guapa de sitio conocido, aunque ahora se me hace raro ver tanto bajo de alquiler turístico. La verdad que da bastante pena.
La decoración es… Buf, no sabría definírtela.
Es todo. Le cabe todo. Tiene de todo, puesto en todas partes a la vez.

Es como…
— Hola, traigo una ardilla disecada.
— Perfecto, ponla ahí.
— Hola. Tengo una máquina de coser del siglo XIX.
— Venga, déjala donde quieras.
— ¿Qué tal? Me he encontrado un sombrero lila con dos geranios…
Y así sucesivamente.
Por la paredes hay muñecos colgados, unos quemados y otros enteros. Cuadros, pegatinas, bolas del mundo… Y nano, creo que esa es la idea. Es su manera de decirte que les cabe todo.

Suelen tener tortillotes (bastante cuajados) de varios sabores, hoy el que veo al fondo es de sobrasada con queso de cabra, y ahí se va a quedar. La comida es muy fácil, a veces hay cosas de cocina, tipo albóndigas o algún guiso, y a veces no. Cada día puedes encontrarte una cosa.
Empezamos con vermut, birras, y un vino blanco que sirven en vaso de chato.
Buah, mira que me da por culo que me pongan el vino en vasos de estos. En Ponxe hacen lo mismo, y me da la impresión de que se calienta antes, y de que no sabe igual.
Al cabo de unos minutos, la camarera nos hace una señal desde la barra. No hay servicio en mesa, pides allí y recoges allí.
Bravas, provolone y boquerones.

Lo más especial son las bravas. Son patatitas baby con una salsa graciosa, que sabe especiada. Lleva algo tipo cúrcuma, por supuesto comino… ¿Será ras el hanout? Ni idea. El caso es que están muy bien cocidas, y por fin, pican. Ya era hora de que unas putas bravas en la ciudad picasen. No es una cosa que te derrita los empastes, pero están sentiditas, y yo lo agradezco. Llevan también unos chips de estos de cebolla frita por encima.

Los boquerones son los clásicos en ajo y vinagre, con unas papicas de acompañamiento, que la verdad, admitirían más fantasía y color, igual que el provolone. Este viene en la clásica cazuela de barro marrón, y es de los plastelinosos con los que se podría hacer puénting tranquilamente, porque no se rompe jamás. No sé, darle un poquito de gracia con unas piparritas, una cebolla encurtida, un tomate seco…

Después un hummus dulzón de remolacha, un ajoarriero, y una tablita de jamón. Todo bien, y todo común. El ajoarriero tiene un punto de sal casi límite, y una textura guay de pomada, como de pasta de dientes. Todo son cosas que podrías hacerte en casa, o comprar hechas en el mercado del Cabañal. Está rico, y el precio va acorde a cantidad. Me molaría poder contarte algo más, pero es que es lo que ves en la foto. No hay ningún sabor que no conozcas.



Por cierto, nunca hubo ticket, porque lo escriben todo a mano, pero las tapas fueron 34, el jamón 14, y la primera ronda de bebidas no me acuerdo, unos 10 o 12 pavos. Digamos que hacen un total de 60 o por ahí, entre 4.
Bien ¿Qué pasa con el local? Yo creo que es un sitio que habría que juzgar con dos raseros. Por una parte, es un sitio icónico, particular, que hace barrio, y que la verdad, mola. Tiene mucha vida, se está a gusto, ponen rumbita… Todo bien.
Por otra, gastronómicamente, es un bar. No es mejor ni peor que cualquier bar en el que te puedas tomar unos boquerones y un picho de tortilla. Yo te diría que es un Okey si pasas por allí, pero tío, es que es La Paca.
Tengo que subirlo a Okey, porque como lugar, trasciende lo gastronómico.
Quiero decir, Marilyn Monroe no es solo «una actriz», los Beatles no eran «un grupo de música», y La Paca no es «un bar».
Okey para ella.
Goza de amplio aparcamiento.