Tío, la Peseta me encantaba. Hay gente que está esperando todo el año a que haga buen tiempo para poder ir a la playa a tostarse, yo esperaba con ansia viva que hiciera bueno para pasar los sábados a mediodía por la Peseta y ver qué habían cocinado. Tenían albóndigas, mejillones, unos caracoles que picaban lo justito, un ambiente chulísimo en la calle y hasta conciertos ocasionales. Para pedir, tenías que pelearte por un hueco en la barra, y señalar lo que querías.
Hubo movida vecinal (porque la verdad es que sí, molaba mucho, pero la que se montaba en la calle no era ni medio normal) y decidieron cambiar el concepto. Nada de calle, mesas en el interior, una carta y todo mucho más comedido. Vale.
Fui un par de veces el año pasado. La carta había adoptado algunos platos de la Taska Lareina, que había cerrado y habían hecho transbordo. No estaba mal, seguía teniendo sus cositas, pero es que macho, lo de ayer me pareció canalla.
Estamos tomando algo en una terraza cercana, llamo para reservar.
– No reservamos, tienes que venir y pillar sitio.
Vale, pues nos terminamos la cerve y echamos a andar, mientras yo voy vendiéndole el sitio a un colega y contándole antiguas aventuras.

El interior es tan chulo como siempre, las páginas de tebeo pegadas, las botellas de fanta antiguas, el fary y hasta un cuadro con un bullate en la pared.

Coincide que encontramos hueco. «Qué suerte, un viernes por la noche y tenemos sitio», pensé yo.
Al poco de sentarnos, Camarera 1 viene a preguntarnos qué queremos de beber.
– Queríamos un vino. ¿Tenéis carta?
– No, tenemos esos que ves en la estantería.
– Vale, pero yo de vinos sé lo mismo que de podar bonsais, los elijo por el nombre. Además, no pone el precio y a lo mejor elijo uno de 50 pavos y ya verás qué risas.

Total, que nos recomienda un verdejo de 15 pavetes, nos lo trae y se va. Y ahí empieza eso que tú notas como que se hace largo. Vas hablando, te rellenas la copa, miras el móvil, cinco minutos, diez…
– Parece que tardan, ¿no?
– Sí.
Mi colega hace con las manos la obertura del lago de los cisnes y la camarera viene a tomar nota.
– ¿Lo sabéis ya?
– Pero si no sabemos qué hay.
– Ah, la carta está en la puerta.
Vale, hubiera molado saberlo hace copa y media de vino, pero bien. Vamos a mirarlo.
Carta pobrusa, cocina escasa. Los pescados de la Taska ya no están; una tabla que tenían como de fuet ya no está; los pulpitos ya no están. Eso sí, todo eskrito con K, manteniendo el espíritu de los locales anteriores. Nada, pedimos cuatro o cinco cosas, y alguien preguntó de qué eran las tortillas que tenían en barra, pero había que interrogarles con un flexo, porque si no preguntas no te dicen nada.
Llegan las dos tortillas, una de patata y la otra de calabaza con queso de cabra. Ambas muy gruesas y cuajadas. Entiendo que a las diez de la noche no vas a tener una tortilla recién hecha con el centro liquidito, pero hablamos de bloque sólido, de tarta de boda.


Yo siempre he tenido en la cabeza que las tortillas de la Peseta estaban muy buenas, pero creo que es otro caso de aceptación por repetición. Antiguamente tenían siempre tres o cuatro y variaban mucho la receta, en plan… Berenjena con albahaca, sobrasada con cebolla… No sé, lo que sea. Costaba un huevo llegar a la barra y que te hicieran caso, y luego te la ponían con unas olivicas y una caña y tú salías a la calle, hacía sol, sonaba Kiko Veneno y eras feliz. En ese contexto te parecía que la tortilla era la mejor del mundo, pero la verdad es que tortillalmente hablando, es una tortilla muy montonera.
Nos llegan las bravas. Son unas patatas baby hervidas con dos salsas, punto positivo porque pican, punto negativo porque nano, son patatas hervidas, como las arrugás con mojo picón. Llevan también una picadita de tomate y perejil por encima.

Seguimos con una cazuelita de provolone con rúcula. No engaña. ¿Dónde viene el provolone? En una cazuelita. ¿Con qué viene? Con rúcula. Ahí está todo lo que tienes que saber. No te puedo aportar más.

Pedimos también un par de sardinas ahumadas que vienen sobre tomate rallado. Estaban un poquito fuertes de sal.

Tío, yo creo que ayer pasaba algo, porque si no, no me explico la falta de cocina. De la cocina solo salía la camarera con cazuelas de patatas hervidas. Todo el rato patatas hervidas, en bucle, tope soviético.
El período de espera empieza a ser incómodo. Hay dos camareros y es como si no tuvieran visión periférica. En el local éramos 5 mesas, y en la barra había dos o tres parejas. Queríamos un par más de copas de vino, y empezamos levantando la mano, luego empezamos con los “perdona” y al final estábamos prácticamente haciendo capoeira para intentar llamar su atención.
Finalmente llegó lo que faltaba, que era el lacón, con, tal vez os sorprenda, unas patatas hervidas. Como era a la gallega, llevaba pimentón y aceite por encima.

Para acabarnos el vino pensamos en pedir alguna de las conservas que tenían apuntadas tras la barra.
– Perdona… ¿Nos traes unos mejillones de esos en conserva?
– No tenemos conservas.
– Lo pone ahí.
– Ya, pero no.
– Pues… ¿qué tenéis de postre?
– No tenemos postres.
Ante la posibilidad de verme comiendo patata hervida, decidimos pedir la cuenta.
Tío, me jode, me jode mucho que ya no me guste ese sitio. He sido tan feliz allí…
Emocionalmente, siempre voy a esperar que se reinventen y hagan algo nuevo pero, la verdad es que, con el corazón en la mano, la cena de anoche no se la puedo recomendar a nadie. Las sardinas y el lacón no se cocinan. El Provolone, microondas. La tortilla y las bravas, correctas, pero sin volteretas. No sé, es como si estuvieran a medio gas, y llevan ya un par de semanas abiertos, y es un viernes de junio, tío, que eso debería ser temporada altísima. El precio sí que es verdad que es el de siempre. Es un sitio muy barato, 56 pavos entre 5, a 11 y pico por persona.

No tiene el okey.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (4)
LAIA LLORCA
MUY BUENAS, ENCANTADA DE CONOCERTE…SOY LAIA, LA PROPIETARIA JUNTO CON JAVI DE LA BODEGA…
LO PRIMERO AGRADECERTE TU INTERES EN ESTOS TIEMPOS DIFICILES Y LO SEGUNDO DECIRTE QUE JUSTO ACABABAMOS DE ABRIR DESPUES DEL CONFINAMIENTO, ESTABAMOS DESPISTADOS COMO TODOS CON UN SECTOR DE LA PLANTILLA EN EL ERTE… NOS HEMOS TENIDO QUE REINVENTAR COMO TODOS, APRENDIENDO A FUNCIONAR CON UNA NUEVA CARTA Y CON RESPETAR LAS MEDIDAS DE SEGURIDAD…MI DISCURSO NO PRETENDE JUSTIFICAR LOS FALLOS DE ESE VIERNES NOCHE QUE VINISTE A CENAR, SOLO DECIRTE QUE A VECES UNO NO ES CONSCIENTE DEL DAÑO QUE PUEDE LLEGAR A HACER A UNA FAMILIA HOSTELERA CON NOMBRES PROPIOS. CON 19 PERSONAS A SU CARGO .ESPERO QUE REPITAS Y QUE ESTA VEZ NOS PILLES MAS RODADOS Y DISFRUTES DE LA ESTANCIA.UN ABRAZO .nos vemos en los bares
Laura
Nosotros fuimos hace una semana y la tortilla la cakcinaron por fuera en el microondas y por dentro estaba helada, con un tocito de pan como en las épocas del racionamiento. Eramos asiduos y es verdad que ya no hay de casi nada, ha cambiado muchísimo.
Pau
No hay por donde coger el sitio este. Se supone que son especialistas en tortillas y parecen arena del Sahara. Los camareros pasan olímpicamente de ti y parece ser que tienes que tener un manual de instrucciones para cualquier cosa que quieras hacer, ya sea pedir mesa, comida, bebida o hasta la cuenta.
CHUS
Nosotros estuvimos allí y fuimos atendidos muy bien por los dueños y los empleados.La comida muy buena.lo único que la Coca -cola es pequeña,jjjjjjjjjj.
Pero por lo demás un sitio acogedor y para repetir.las croquetas exquisitas.