Hey, ¿hay antojito de ceviche?
Hace algunos meses, alguien me escribió recomendándome El Rinconcito Peruano.

Está justo delante del Centro Excursionista, muy cerca de la Taberna La Mora y, como seguramente habrás imaginado, es de comida peruana.
Por dentro no tiene pinta de bar traspasado, es bastante acogedor, con lucecitas y neones.
Tampoco tiene banderas, ni guirnaldas, ni toda esa morralla super obvia y verbenera de todo a cien que ponen en muchos restaurantes de este tipo.

En este caso, la única concesión a Perú es una pared en la que hay pintado un niño así rollo andino, a lo Manu Chao (chao), con una llama.

Le echo un vistazo a la carta. No es súper distinta a la de otros restaurantes, pero bueno, tiene sus cositas.

Los platos que veo salir parecen tener algo. La camarera nos trae unos tercios, que llegan a ritmo de tremendo cumbiote.
— ¿Ya sabéis lo que queréis?
— Sí, vamos a pedir un combo y unas causas, para probar. Pero… ¿Nos recomiendas algo?
— Sin duda, los anticuchos.
— ¿Los anticuchos son corazones de vaca?
— Sí, pero tienen que probarlos. Están buenísimos.
— Hombre, pero no me voy a comer yo el corazón de una vaca, como si fuera aquí la Khaleesi de Arrancapins.
— Pero es que están muy buenos.
— Ya, pero es que son corazones de vaca.
— Lo sé, pero están buenísimos.
— Pero es que da todo el asco que sean corazones de vaca…
— Tenéis que probarlos.
Esta conversación entró en bucle, hasta que finalmente me convenció.
Se le veía en la cara que no era la típica camarera que intenta darle salida a un plato que le sobra, o que pidas algo caro. Estaba realmente convencida de que nos iba a gustar.
¿Y te digo una cosa?
Toda la puta razón.
Lo mejor de la comida.
Para empezar, el corazón, aunque va por dentro, es un músculo, no es una tripa, así que el aspecto es de filete normal, nada que recuerde ni remotamente a la casquería.
La salsita sabe a brasa, sabe a reducción de carne, a especias. Está realmente sabrosa, potente, sabe casi a entrecot de asador.
Viene con unas patatuelas cocidas, bañadas en una salsa huancaína, que al parecer lleva queso fresco y ají amarillo.
El conjunto funciona increíble. No tiene un pero.
Me jodería un bocata de esto, tamaño pierna ortopédica. Está de puta madre, y si vas, pídetelo.

Después llegaron las causas, un megamix de causas. Una de pulpo, una de pollo, y otra con una gamba rebozada.
La presentación ya me gana.
Normalmente, las causas se presentan en un timbal redondo, pero aquí, para hacer la cata más visual, han innovado un poco.
La patata amarilla, mezclada con el ají, sirve de base, hecha una pelotita. La mezcla viene por encima.
El plato es una tabla de madera, que me recuerda a las que tienen en La Casa Viva para presentar los patés vegetales.
Hay una pintadita de salsa, y una flor fresca naranja que, aunque no se come, ya me dice que alguien le ha puesto ganas a esa presentación. Todas están buenas, pero para mí, gana la de pollo.

Tienen un picorsito muy llevadero, así que le pido a mi camarera de confianza un poquito de punch, y me trae chile rocotó en un cuenquito.
No hay término medio, el ají es un picante inferior al tabasco, que prácticamente no lo notas si no lo buscas, y el rocotó, es una movida que tienes que ponerte con cuentagotas, porque si no, igual te hace en el intestino el túnel de Tim Robbins en cadena perpetua.
Otro dato guay. Por lo visto, en Perú dicen “qué pena” en situaciones en la que nosotros metemos un “perdona”.
Hubo un momento en el que la camarera trajo una cerveza, se llevó las que estaban vacías, y dejando el tercio en la mesa, dijo: “Qué pena, una San Miguel”.
Fascinante.
Bien, seguimos con las paltas rellenas.
¿Y qué es una palta?
Si tu respuesta es ponerte la mano a la altura de la frente y decir “una mierda así de alta”, enhorabuena, éste es tu blog. Has encontrado tu sitio, y tu respuesta es correcta.
De todas formas, también es válido decir “aguacate”, porque así es como los llaman en muchas zonas de Sudamérica.
Está sonando la mismísima bilirrubina de Juan Luis Guerra, cuando nos llega el plato.
Es un aguacate relleno, con trozos de salmón en crudo, pero que van con una salsa acevichada, que debe ser con lima, aunque parece una especie de mayonesa clarita.
Le sobran un poco los brotes. Los han puesto por toda la base, como si fuera una moqueta o un nido.
Además, lleva unas rodajas de aceituna negra. Sabe mucho a cilantro, y a cebolla roja.
Es algo entre un tartar y un ceviche de salmón. Súper fresco.

Rematamos todo con el combo. Un plato que lleva ceviche, arroz chaufa y unos calamares fritos. Vamos por partes.
El ceviche bien, muy parecido al del Inka.
Dados de pescado gruesos, muy aromático, mucha lima, cilantro, cebolla roja, choclo, lo que viene siendo un ceviche.
De estos has probado muchos ya, llegaron hace tiempo para quedarse. Este se deja comer, aunque los trozos de pescado me parecen un poco agresivos.
El chaufa bastante sabroso. Arroz suelto, bien cocido.
No entiendo mucho todo el mejillonaje y las zamburiñas que le han puesto. Lleva como mucho marisco decorativo, que realmente no aporta demasiado, pero bueno, adelante.
Es un arroz que puede ser un acompañamiento con mucha personalidad, pero no lo veo como plato único.
Los calamares van rebozados en pan rallado. Están pelín sosos, les falta sal, o un chorrete de limón. Hay también un solitario trozo de yuca.

No quiero postre para nada, pero vengo con dos colegas de estos que no perdonan el dulce ni con un alto el fuego de la OTAN, y que se piden una cheesecake de maracuyá, que bueno, sin más.

Es de los fríos, de nevera, tiene textura de gelatina dura. Lo sirven en un vasito. Mucho sabor a mantequilla en las galletas de la base, el maracuyá bastante cítrico. Muy dulce en general.
Pedimos la cuenta.
69,50 entre 3. A 23 pavos y pico por persona.

Pues xics, qué queréis que os diga. Por ahora, mi peruano favorito de la ciudad.
Dalima está muy bien, pero es otro concepto.
Es más de plato mini, cóctel durante la comida, y precio más alto. Este tiene algo muy casero, algo de cocina contundente, más familiar, no sé explicarlo. Es más casa, menos restaurante.
Durante toda la comida, la camarera iba sirviendo mientras cantaba. La gente que comía estaba contenta, ella también. Todo bueno, todo barato. Me parece un golazo de sitio.
Okey Alto.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (7)
Alexandra
Te hace falta probar el pollo a la brasa de «Sabor Peruano» Carrer de Fray Pedro Ponce de León, 6 izquierdo, 46006, y si te gustaron los anticuchos de este, no sabes lo que son los de aquí. El sitio es nuevo, caleta pero esta muy bueno.
Manuel
Lo blanco del ceviche es la leche de tigre esa creo que le llaman
MIQUEL
La papa rellena está riquísima !!!
Luis
Los anticuchos de este sitio!! gloria bendita!!
Leovis
Es muy bueno y la atencion super especial
Comida delisiosa❤️❤️❤️
ROSA
Muy auténtico. Queriamos probar la comida peruana y a resultado una muy buena experiencia!!!
Ana
De rinconcito peruano tiene poco, calidad precio no es lo suyo, higiene puff ( los aseos búa)) y el utilizó de sumos de supermercados eso ya los supera todo