Xics, vergonzoso ¿Cómo se me ha podido pasar esto por alto?
¿Conocéis La Casa Viva? Pues es un local que lleva en la Calle Cádiz, desde el puto 2019.
¿Cómo cojones ha estado este local, en la Calle Cádiz, que es una zona por la que yo paso igual ocho o diez veces cada mes, desde hace tres años, y yo no lo había visto?
No sé cómo explicar esta sensación. Es como si una nochebuena fuera a comer a casa de mi abuela, y de repente, me diera cuenta de que mi abuela es… no sé, una nutria. Una nutria de 1,70, puesta de pie con un moño canoso y unas gafas, y yo le dijera a todo el mundo… pero ¿la abuela siempre ha sido una nutria? ¿Esto lo sabíais? Y todo el mundo me dijera… ¿Estás loco? La abuela lleva siendo una nutria toda la vida. Y yo mirara las fotos de la comunión, y efectivamente, ahí estoy yo, con una nutria que lleva un broche en el blazer.
Pues eso, esa sensación, pero en restaurante.
La Casa Viva es un vegetariano, que además es bastante grande, y muy bonito por dentro. Macetas con plantas, madera, tonos beige, lámparas de colores, bombillitas de luz, estanterías con libros, y extrañamente, una trompeta colgando del techo. Todo para crear un ambiente como muy acogedor y muy zen, que funciona para casi cualquier tipo de cena que tengas.


Pero el tema no está ahí, el tema es que tienen una carta que no te la acabas.
Yo siempre tengo cierta empatía hacia los sitios de cocina vegetariana porque pienso que salen a pelear con una mano atada a la espalda. Tienen que llenar cada noche, sin carne ni pescado, y en algunos casos sin huevos ni leche, y encima sin resultar sosos ni repetitivos.
Veo que tienen Estrella Galicia de tirador. Empezamos con los falafeles de polenta con funghi porcini y de arroz integral y kale. Ración de 4, apariencia de mini croqueta. Vale, de calle están más buenos los de arroz. No sé por qué, recuerdan un poco al sabor de los arancini. Son mucho más sabrosos, más especiados, los de polenta parecen más sosainas. Salen con unas salsitas, una picante, una de tomate y otra veganesa. Por encima lleva lo que parecen hilos de puerro frito.

Después unas setas shiitake con ajo y perejil. No se puede ser más simple, pero mira, funcionan bastante. Además, las shiitake me parecen una alternativa de puta madre a los rebollones, que son más caros que la tinta de impresora. La verdad que muy bien, muy buena ración. Igual le cabría algún embutido vegano.

Vale, esto es interesante, corazones de masakos con salsa de dátiles madjoul. No tengo ni puta idea de lo que es nada de eso, así que pregunto, y resulta que los masakos son unos corazones hechos de una especie de harina de yuca. El plato me gusta… pero es un postre. No me cuadra en mitad de una cena.

El corazón es como una masa tierna que cocinan, de manera que queda crujiente por fuera y cremosa por dentro, y la salsa de dátiles sabe efectivamente dulce, y tiene algo también como de fruto seco, como de crema de avellana. No sé, la sensación es de que te estás comiendo algo de bollería, y efectivamente, está de puta madre, pero claro, lo estoy alternando con setas y la cabeza me hace pantallazo azul.
Un dato: cada vez que pedimos agua, nos rellenan la botella de una fuente mágica que tienen en la barra, y que entiendo que filtra el agua del grifo. Supongo que será una de esas máquinas que ionizan, liofilizan, descalcifican e hidrocarbonan el agua molécula a molécula, no lo sé, solo sé que sale fresquita y que sabe un poco a Solán de Cabras.
Mientras ceno, voy mirando alrededor y viendo los platos que les sacan a las otras mesas. Me llama mucho la atención el surtido de patés, que parece la aldea de los pitufos. Lo sacan en una tabla, y cada uno lleva brotes, ramitas, pétalos, hojas y mierdecitas de colores, que lo hacen súper visual y muy apetecible, aunque luego sea un plato de guacamole y hummus. Lo venden guay.
Las pizzas también son interesantes. Tienen varios tipos de bases, y todas son como raras. Realmente no sé por qué lo hacen, porque la base normal de harina ya es lo suficientemente vegana, pero no sé. Igual por ofrecer algo distinto.
El caso es que tienen (eso sí, con incrementos de precio) la posibilidad de que elijas una base rosa, una negra con carbón activo (¿?), una de yuca, o una de brócoli con harina de castañas. Yo creo que no voy a notar mucha diferencia, y arreo a por la masa clásica hojaldrada, y topping más clásico aún, de calabacín, champiñones, provolone, parmesano, pesto y aceitunas negras.

Está rica, es diferente. Sí que se nota que la base no es la clásica, la mezcla de quesos funciona mucho, y el pesto, obviamente va de coña para todo lo que sean quesos, pastas y verduras. Por ahora lo mejor de la noche.
Terminamos con una lasaña de calabaza, que realmente fue lo más normal, dentro de que estaba buena. Crema de calabaza, láminas de trigo, pisto casero de verduras, champiñones, queso provolone y parmesano. Sabor predominante de pimiento, pero como lleva parmesano y provolone, me recuerda un poco a la pizza. la calabaza, va en una cremita dulzona por toda la base.

¿Postre? Venga.
Me llaman muchas cosas, me apetece probar las nubes de chocolate, el pastel de kéfir o el brownie de algarroba, pero la negociación finalmente nos lleva hasta la mousse de chocolate. Un dato súper guapo que te ponen en la carta es que lleva arroz, cocido durante 12 horas en una olla de titanio. Me fascina que hagan hincapié en ese dato, por si en algún momento alguien creyera que la olla es de acero inoxidable y se negara a pedirlo.

Realmente es más un pudding, o unas natillas que una mousse, porque de hecho no tiene nada de aire. Dulcecito, chocolatoso y levemente avellánico. El dulzor creo que viene de la algarroba, con lo que es muy particular, es parecido a una stevia.
Venga, a ver el precio de La Casa Viva: Pedimos la cuenta. Creo que saldrá barato, porque no hemos pedido vino, solo una copa, pero…
Buah.
59,50. Entre 3.
Ni a 20 pavos por persona. Irrisorio.

Hay cositas guays, como que solo te cobran el agua una vez y luego, aunque te la vuelvan a rellenar, ya no.
La pizza cuesta 10 pavos, y volvería a por ella, aunque no sea un Golden Okey.
Otra es que cuando salí de la cena, parecía que me iba a poner de parto. Estaba lleno, y con una sensación de saciedad de asador donostiarra, pero a los pocos minutos, esa sensación desaparece y me quedo ligero like a pluma, y con todos los chakras resplandeciendo.
Así que una cosa te digo.
Ahora mismo, no se me ocurre un vegetariano que me guste más. Precio súper molón, cena buena, sitio chulo, carta variada y nada aburrida, teniendo en cuenta el handicap que supone no cocinar nada que pueda salir hablando en una película de Disney.
Cierto que no tiene un Golden, pero si no le puedo dar un Tope de Okey a esto, yo ya no sé qué hago aquí.
Ahí se queda.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (3)
Pauco Sigfredi
Nutriagobies, tía, nos puede pasar a todos.
Marie
Cenamos anoche en este lugar y todo estaba riquísimo,sobre todo la lasaña de espinacas….volveré😀
Cristina
Vivía enfrente cuando estaban con las obras de reforma. Todo lo hicieron ell@s con sus propias manos. La próxima prueba sus vinos, un poco caros, pero delicius.