El Baret de Miquel es mi segundo sitio favorito del universo para cenar.
Recuerdo la primera vez que escuché “la leyenda”. Me la contó Vicent, del Amor Amargo, allá cuando aún estaba en El Garatge.
Yo estaba apoyado en la ventanita esa que daba a la cocina y estábamos charrando sobre sitios cenables, mientras él le echaba sal a unas patatas.
— ¿Nunca has oído hablar de El Baret? El tipo era un cocinero Michelin. Le habían dado una estrella a un restaurante que tenía en Moraira, y con razón, porque el tío hacía unos arroces y unas cocas que flipas. Entonces, se ve que por estrés o por lo que sea, un día hizo katakroker, lo mandó todo a tomar por culo, y se montó un barecito, en una calle de Denia. El sitio mola todo, porque claro, él sigue cocinando a nivel top, pero los precios y el trato son mucho más de calle. Está petado siempre, cuesta la vida reservar, pero si un día consigues mesa, ya me contarás.
Aquella historia me llamó mucho la atención. Un renegado, como Rambo, como el equipo A, un outsider del sistema.
Pocos días después intenté reservar y, efectivamente, me dijeron que pa’ mi culo un futbolín.
Hay un día del mes en el que las reservas se abren, y tienes que estar a las 12 de la noche, ahí dándole a F5 a ver si tienes suerte, y consigues sitio para tres o cuatro meses después.
De esto hace bastantes años, y en este tiempo he conseguido rascar tres reservas. Anoche volví, con gente que nunca había estado. Mola verles la cara, porque es como llevar a un niño a Eurodisney.
El sitio tiene pinta de restaurante hippy cabañalero. Va un poco en la onda de La Peseta.

Hay azulejos, está pintado de colores dispares, mucho turquesa, cientos de sifones por las estanterías, velas, y mil detallitos manuales caseros que ya te indican que ahí van completamente a su bola a nivel decorativo.

¿Quieres cifras?
13 platos en carta, 12 fuera de carta. Precios que van desde unos pocos euros por los bocados individuales, tipo ostra, o buñuelo de bacalao, hasta los casi 30 en los platos más caros. La media ronda en torno a los 20.

Todos apetecen, leo combinaciones bastante locas. Decidimos empezar con unas cerves y un vino, para que vaya enfriando.

El camarero aparece con unos platitos individuales de papas, con crema de mejillón. Bueno, un aperitivo curioso. Las papas con mejillones, revisitadas. Saben a lima y a pimienta.

Veo que Miquel entra y sale de la cocina. La que está en la barra es su mujer, y uno de los camareros que nos atienden es su hijo. Todo el mundo sonríe y charra mucho con los clientes.
Empezamos con los makis de figatell de sepia. Tal vez lo menos especial de la cena, y ellos lo saben y lo sacan primero.
El centro es arroz, y está envuelto en una fina capa de lo que tiene que ser el figatell. Lleva un aceitito como con pimentón, que recuerda un poco al que lleva el figatell de Ultramarinos Huerta. Demasiado arroz para poca mezcla. La piparra salva un poco el tema, pero claramente fue el plato loser.

Ensaladilla de guisantes, aguacate y katsuobushi de mojama.
¿Qué es el katsobushi, me preguntas mientras clavas tu pupila en mi pupila azul? ¿Y tú me lo preguntas?
Katsuobushi es el atún este que parece papel de fumar, que se pone por encima de algunos platos japoneses.
Me caguen la puta, nano. Cómo se nota cuando está cocinando una persona que sabe cocinar.
No es una ensaladilla real, recuerda casi más a una causa limeña. Imagínate una base cremosa de guisante y aguacate, con lo cual verde, vegetal, y con un saborazo fuerte a lima. Por encima, cebolla encurtida, láminas de pan crujiente, y las chispitas saladas de la mojama.
Muy fresco, muy aromático, lleno de ácidos distintos. Yeah.

Taco de atún con romescu blanco y vinagreta de algas mediterráneas.
Aquí lo salvaje es la textura del atún. No te vas a encontrar un hilo o un velito, este atún es mantequillita pura.
Te va a recordar un poco al clásico tartar de atún, pero sin serlo. El prota es el atún con las algas, eso sin duda, con lo que te vas a encontrar un plato marino.
El romescu blanco es una salsita en la que mojas circunstancialmente, pero que podría hasta no estar. Es el Robin de Batman. Lleva también unas perlitas, que saben como a encurtido.

Ceviche valenciano de gamba. Lo pedimos por recomendación del camarero. Es muy muy curioso. Hay trozos de gamba fresca y de mini mazorquitas tostadas, flotando en una salsa, melosa, dulce y cítrica.
La follada de cabeza son una especie de trozos de algo, que tiene textura de chocolate blanco, y que sabe a gamba.

¿Lo ves en la foto? Por el plato, hay como unos trozos de algo roto, como si fuera un crujiente, un cristal rosa.
Cada cucharada es un hostiazo de sabor. Sabe mucho a marisco, y sí, tiene algo de ceviche, pero va por otra parte. La salsa es casi casi un sirope salado y picante, muy suave.
Bocadillo de calamar sin pan. Vale, esto es una locura.
¿Sabes cuando le pegas un bocao a algo, y empiezas a mirar a la gente de la mesa a ver si es verdad, y ellos te miran también, y todos os quedáis locos?
Pues con esta mierda pasa. Es una salvajada de plato.
La parte inferior es una base de pasta de rebozado frita, como si fuera buñuelo, pero que realmente es la pasta que se usa para rebozar el calamar.
Por dentro están los calamares, cortados en tiras planas, como tagliatelle, alternados con golpes estratégicos de allioli. Tiene también un puntito de lima, y buf. Bauf. Ebaff.

Claramente, un Golden Okey.
Patatas a lo pobre. Venga.
Si por un momento, tu mente consigue desconectar y disociarse de la cantidad de frito que estás comiendo, está increíble.
¿Qué puede fallar? ¿El huevo? ¿Demasiado jamón bueno? ¿Patatas fritas?
Hay una yema crudita en el centro. Mucho jamón. Bajo esa capa, te encuentras como puntilla de huevo, las patatas y aquí viene el twist, cebolla frita.
Un buen solomillo de cebolla, frita perdida, que se mezcla con todo creando un orgasmo graso de cosas que el universo ha creado para que convivan en armonía.
Es un plato que si se lo come un puma solo, igual se muere, pero repartido entre varios es gloria.

De postre nos ofrecen torrija, una tarta de manzana, una de queso y una de limón.
Vamos con la de queso y la de limón.
Ambas muy brutas. La de queso merece un apartado propio en el erectómetro.
Lo de encima, que parece una croqueta, es una bola de helado rebozada en polvo de galleta. Debajo está la mandanga, la tarta en sí, fresquita, no muy dulce, cremosísima, pero el rollo viene por otra parte.
Está cubierta de finísimas láminas de queso, como si fueran papel de fumar, y además lleva cubitos de queso con sésamo.
Cada bocado es una locura. Tienes el agrio salado seco del queso crudo, con el dulce de la crema del centro, con todas las texturas… joder, pasan un montón de cosas en ese plato.
En el mundo real, esto sería otro Golden pero de cabeza, vamos.

La de limón, también bien, claro, pero otro rollo. Esta juega más a texturas.
Lleva como un merengue, un helado, y una tartita de limón, con el rulazo loco este de galleta que ves por encima, que te puedes poner a hacer volteretas con el skate. La galleta es de mantequilla.

Bueno, si esto fuera un tebeo, ahora estaría con un palillo en la boca, y los pies sobre la mesa.
Sabes que has cenado espectacular cuando te encuentras a ti mismo comentando los mejores momentos de la cena antes de la cuenta.
Como cuando sales de una peli y rememoras tus partes favoritas con la gente con la que la has visto. ¿Te acuerdas de esto? ¿Y esto no te ha molado? Buah, yo he flipado con tal.
Nuestra porra de precios iba de entre los 50 a los 60 pavos. Seis platos, dos postres, botella de vino, cerves… Y ojo que lo vale, ¿eh? A nadie le habría parecido mal. Pero entonces…
171 pavos entre 4.
A 43 por cabeza.

Auténtica locura.
He pagado lo mismo en arrocerías pretenciosas por unos calamares, una ensalada y un plato de paella mierder. He pagado más en muchos sitios por infinitamente menos.
Esto es mágico. Again, me parece el (segundo) mejor sitio del planeta, para comer. Por tipo de comida, por imaginación, por calidad-precio, por todo. Me flipa. Me flipa mucho.
En mi corazón siempre será un Tope de Okey. Si no lo conocías, déjate de mierdas de plantar un árbol y tener un hijo, y revisa tus prioridades en la vida, porque lo que tienes que hacer antes de morir es comer aquí.
El año que viene vuelvo, o si puedo, antes. Vivan los outsiders.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (2)
Richi
Dices que es tu segundo sitio del mundo mundial, pero….cual es el primero ?
El Tipo Que Nunca Cena En Casa
Pura Tasca, en Triana, Sevilla.