«Tengo que venir, tengo que cenar aquí un día».
Cada vez que he pasado por delante del Amor Amargo, en Ruzafa (que es muy frecuentemente), me viene eso a la cabeza. Pero nano, lo voy dejando, voy probando otros, y al final pasan los meses y entre que no me coincide, que no hay sitio, y que la abuela fuma, se queda en el olvido. Lágrimas en la lluvia.

El caso es que le tengo ganas. Puede que sea porque está SIEMPRE lleno, porque uno de los cocineros del Garatge está metido en el proyecto, o porque corre la leyenda de que tienen a la mejor camarera de España. Por lo que sea.
Anoche, mi amiga Violeta McPitis consiguió reservar. Quedamos en la puerta.
— Ey, hola. Perdona el retraso. No podía aparcar el Corvette, así que le he pegado fuego a dos manzanas de aquí y he venido andando.
— Tranquilo, estaba aquí, fumando la mierda esta que calienta el cigarro pero no lo quema que fumo ahora. ¿Entramos?
— Venga. Qué lleno está.
No tiene sentido: es un martes y hay como 60 personas dentro. ¿Regalan droga? Entiendo que se llene el Anyora, que caben treinta, pero es que esto es… un puto hangar, es inmenso.

Fuera hay una terraza, luego entras y está la sala número uno, con la barra y una cocina completamente abierta. Con esa sala ya podría bastar, ya tendrías un restaurante grande, pero es que al fondo hay una puerta sobre la que pone «Bodega», y que lleva a otra sala igual de grande.
Han mantenido los azulejos del suelo y el grifo del águila en la barra. Es una bodega como de Cuéntame, pero en moderno, con cuadros de marcas de vermuts en las paredes y… oh, qué guapo, hay un mural en la pared del fondo con dos mujeres en túnica, que podría perfectamente ser el tatuaje de un marinero.

Vale, la carta es física, es de papel, echemos un vistazo. Para empezar, compartir, terminar y repetir. Veo buñuelos de tigre, jamón, croquetas, pulpo, figatell, berberechos… ajám, van por ahí. Llevan el rollete bar, y no veo tatakis, ni tacos, ni baos, ni pokés, así que entiendo que les mola lo patrio.

Me pido un doble de Amstel Oro y una ensaladilla para empezar.
Parece amarillita, eso indica olive oil. Atún, patata, huevo, zanahoria, unos saladitos extra large, y un trocito de lo que podría ser el verde de una cebolla tierna por encima. Muy cremosa, tiene algo. Va claramente en la onda de las ensaladillas de nueva generación, rollo Guitxán y Kabanyal. El atún son dos lascas que van por encima, todo lo demás está amalgamado atopor.

Pedimos una ensalada con ricotta, tomate cherry y cebolla asada. Os cuento que esa cebolla a mí me supo a puerro, pero claro, podría también ser un calçot. Bueno, que sabe un poco a eso, para que te lo imagines. Lleva una vinagreta de mostaza y unas nueces por encima. Los tomates cherry están pelados, que no sé si has pelado tú cherries alguna vez en esta vida, pero es un currazo. La ricotta me dio mas igual, no tenía mucho sabor, yo le habría metido otra cosa. La base eran hojitas de espinaca. Todo okey, todo fresco, seguimos funcionando.

Alcachofas con colitas de gamba fritas. ¿Qué hacemos? Las dejamos pasar, ¿no?
Venga, no te lo crees ni hasta arriba de Pentotal, apártate de mi camino.
Llegan en una bandejita de metal. Es curioso, por cómo está redactado en la carta, me había imaginado las alcachofas plancha, y la gamba frita, pero vienen ambas con un rebozado harinoso ligero. Las gambas llevan piel, pero se come igual, eso frito entra todo. Ni gota de aceite, la alcachofa tiene las hojas un poco duras, pero eso las convierte en chicles de alcachofa, que puedo masticar durante más tiempo. Plato sencillo. Alcachofástico.

¿Las croquets de puchero? Mmmsii, pero no. Muy suaves. Tamaño bien, fritura guay, pero me falta una hostia más tremenda. El sabor es sutil, son cremositas, pero ya te digo, demasiado LM Light. ¿Faltará sal? ¿Será culpa de la noche? ¿Será culpa de la playa? ¿Será que no me amas? Por lo que sea.

Vamos a rematar con la costilla. ¿A ver? Me caguen dios, qué buena.
Cocinada a baja temperatura un porrón de horas con soja y miel. Tenemos ganador de la noche, pero de calle. La carne se separa totalmente del hueso y tiene un toquecito como ahumado barbacooso que no sé de dónde sale. Viene sobre una cama de patatas fritas largas caseras, y con unos cacahuetes por encima. Lo verde creo que es la cebolleta de antes, one more time. Está tierno, dulce, salado, cerdo, pero del cerdo ese que es bien, con su pegajosito por encima. Mi mano tiembla sobre el pulsador del Golden Okey, pero cierro el puño y la recojo. No obstante, están de coglioni.

Postre no, porque no estábamos en ese mood, pero la cuenta cuando puedas.
El precio del Amor Amargo: 63,90 pavetes entre 3. Estamos hablando de que no llega a 22 por persona.

Chavales, estamos ante un Okey Alto de manual. La carta está a medio camino entre un bar y un restaurante, es un barstaurante, creo que en la liga del Bar Mistela, El Carrer y el Bar Cremaet. Han dado con una fórmula que desde luego funciona, porque ya te digo que pillar sitio en fin de semana es más difícil que cagar desde un avión y acertar en un vaso de chupito. A mí me moló, pero quiero más carta, más guiso, menos frito. Volveré y probaré vinazos, o me camuflaré entre la masa e iré una mañana de vermuts.
Larga vida a los bares molones.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (4)
Amanda Joe
Oh y eso que te faltaron los figatels de sepia!! De los mejores que he saboreado. Mmmmm
Olga
Cené allí el jueves y desde luego no es un sitio que recomendaría. El local es muy bonito , el personal atento pero la comida no estaba nada buena. Lo mejor la ensaladilla y era muy mediocre. Los figatells,el pulpo y la costilla para olvidar.
Mari Carmen
Ayer cenamos mi marido y yo en la barra, no llevábamos idea de cenar en un sitio concreto, acertamos totalmente, muy atentos todos los camarer@s, sabores muy ricos, cerveza bien puesta y Gonzalo nos hizo pasar un rato muy muy agradable con su arte. Recomendable totalmente
Francisco
Cené anoche en Amor amargo y ha sido el peor restaurante en el que he cenado últimamente, la croqueta no tenía sabor, buena fritura, pero sabía a bechamel, las costillas estaban chiclosas y pasadisimas de sal. Quizás tuvieron un mal día en cocina pero me arruinaron la cena. No me dejo comida en el plato ni por saber morir y ayer dejé medio plato de costillas encima de la mesa.