Xics, hace unas semanas, alguien me habló del Asador Búfalo.
Suena rudo, ¿no? Búfalo. Resoplante, salvaje, con una piel que nos protegerá durante el invierno.
Parece ser que es un restaurante de comida armenia, especializado en brasas y tremenda carnaza.
Este año ya he catado un uzbeko y un georgiano, así que no voy a dejar escapar éste. A mí si es raro y no lo he probado, me tienen con el hola.
Un primer vistazo a las fotos de Google me revela unas bandejas de carne bastante yeah. Grandes, apetecibles, coloridas, hierba fresca, mucha cosa. Reservamos.
Está justo delante del Nuevo Oslo, en una paralela a Ángel Guimerá.

Efectivamente, el sitio huele mucho a carne. Mañana me va a oler la camisa como si me hubiera follado a un ternero, pero tengo mucha hambre, así que no es un problema.

La carta tiene una primera parte de tapas tipo bravas, croquetas y sepionet, que voy a ignorar muy duro porque he venido a lo que he venido.
¿Dónde está lo armenio? Aquí.
Vamos a ver.
Vale, es todo carne. En general son brochetas de varios tipos de carne hechas a la brasa, y veo algo que se repite. Hay varias combinaciones que incluyen hígado y corazón.

Parda (hígado y corazón de cordero asado), Tzhvzhik, compro vocal, (hígado y corazón de toro frito), asado de corazón de toro.
Mi intención es pedir alguna de estas, pero hay un par de caritas reticentes, y además, la camarera nos dice que nos estamos pasando, y de hecho nos invita a dejar el queso salado con cilantro, porque llena mucho.
Nunca ignores a un camarero que te dice que pidas menos. Recuerda esto. Transmíteselo a tus hijos, que no se pierda.
Bien, nos avisan de que todo se hace al momento y de que va a tardar unos 25 minutos-media hora, y nos sacan unas olivas y una botellita de Les Alcusses.
Todo transcurre con normalidad, mientras charramos y yo, por el rabillo del ojo voy viendo las barbaridades que están sacando para las otras mesas.
En las paredes hay algunos cuadros de toros que me llaman la atención. Esta gente son como los dothraki con los caballos, pero con los toros.
Todo sale puntual y a la vez.
Entre varias personas traen a la mesa unas tablas con unos espadones tremendos, ensartados en trozos de carne.
Con la ayuda del pan armenio, que son como unas servilletas de pan, sacan las espadas y te dejan el mogollón ahí para que tu lo bailes, para que te enamores.
Hemos pedido cordero, pollo, cerdo y algo que no recuerdo cómo se llama pero que la camarera nos dice que es como el kebab armenio.
Por si nos quedábamos con hambre, sacan también una bandeja de patatas a la brasa, con cuatro patatas que parecen cuatro meteoritos, cubiertas en sal carbonizada.


Con un hábil movimiento samurai, les hacen un corte por la mitad, y empiezan a rellenarlas de mantequilla, para que se funda.
De loooocos.
Empezamos, va.
Todo está acojonante. Me saturo un poco porque quiero probarlo todo a la vez.
El pollo, el cerdo y el cordero están perfectos. Hechos al punto, jugosos, sabrosísimos.
No hay un punto crudo ni carbonizado. Saben a especia, a brasa. Son trozos magros y grandes. Cometo el error de probarlos solos, hasta que una camarera dice:
— En mi país, cogemos la carne, y hacemos un rollo junto con cebolla, cilantro, y esta salsa.
Y nos saca, nano, un cuenquito, con una movida como de tomate con cebolla y hirbabuena, fría, picante, y yo decido hacerle caso, y ahí, amigos, llega el game changer.
Cojo un trozo del kebab. Es una carne picada especiada. Como longaniza, pero de ternera.
Arranco un trozo de servilleta de pan, le meto pintadita de esta salsa, cebolla cruda, cilantro y carne, enrollo…
Ya está, ya lo tenemos.
Esta movida no tiene nada que envidiar al mejor taco mexicano que te hayas comido por ahí. Es una follada de cabeza. Es un boom de sabor y de todo.
La carne caliente, la salsa fría, la cebolla y el cilantro frescos, con la costilla grasa, picante, dulce, salado, yeah, vamos, venga, toma, dale, punch, flow, dance.
Porque me lo he montado yo, pero este rollito que tengo en la mano… es un Golden Okey. Si existiera como plato individual, sería leyenda. Es algo que te podría servir Dabiz Muñoz.
Flipadamente feliz, repito la operación hasta que el pan y la salsa se acaban. En alguno de los rulos, se me cuelan incluso unos granitos de granada que se han esparcido por el plato. Es salvaje.

Con esto y la patata, yo ya estaría.
Los postres son un poco más genéricos. Nos ofrecen tarta napoleón, tarta de queso y tal, pero vamos con el baklava, que dicen que es casero.
En lugar de los clásicos cuadraditos, nos llega una especie de punta de croissant, bañado en almíbar.
Guau, es potente. Muy dulce, cada bocado exprime el trasto este y me llena la boca de almíbar. Lleva nueces, y el exterior, no es un hojaldre, es más… recuerda a un croissant seco, empapado. Es curioso, pero no desagradable.

Total, que pedimos la cuenta. Somos cinco, a casi 25 por cabeza. No me parece ninguna locura con botella de vino, cordero, patatas gigantes y demás.

Oye, me interesa.
Me interesa porque es una manera de comer buena carne sin necesidad de ir a un asador y pedir cortes caros.
Me parece un sitio sin mucha pretensión, pero que hace las cosas guay. Si alguna vez váis por allí, acordaros: kebab, rollito de pan, cebolla, cilantro, salsa. No necesitáis más en la vida.
Okey Alto.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (2)
Cristina
Fuimos ayer con mucha ilusión después de leer tu reseña, pero el caso es que no había chuletas ni patatas al carbón y el rollito de ternera asada sabía sospechosamente a cerdo, en concreto, butifarra de cerdo. 45€/2pax con agua i sin postre.
Es restaurante estaba vacio.
Jose
Te sale a 25 euros porque sois cinco. En proporción de cantidades para dos personas sale fijo a 50 por cabeza. No lo veo.