Bueno.
Buenno bueno.
Anoche cené en un sitio al que pienso volver muy pronto, chavales. Posiblemente el último molón del año.
Pequeño, escondido, casero, cero burratas, cero mamoneo y tope sabrosura ¿Qué más quieres? Desarrollo.
Hace unos días, mi célula durmiente de Ruzafa, capitaneados por mi colega Thunder, me llevaron allí a tomar algo. Está en una de esas calles no obvias, sin mucho tránsito, cerca de Dulce de Leche. Se llama Shahla’s Bistro.

Al parecer, empezó siendo un bar-bar, con solo dos mesas y un billar en medio.
Poco a poco, se ve que fueron metiendo comida, y luego más comida, y a la gente le gustaba, e iba llenándose, y cada vez menos bar y más restaurante, y al final el billar a tomar por culo, y todo mesas.
Es un restaurante persa, como las alfombras.
Lo lleva una señora con un pelo rizado muy chulo, y la que está en la barra parece la hija.
Yo fui esperando algo tipo Bekaa Bistró, ¿sabes? Hummus, falafel, limón y perejil, esa onda, pero mira, tiene trasfondo.
Llegamos sobre las nueve. Ya está lleno, huele a especias, y hay barullo de gente charlando.
La decoración es muy total, hay neones, fotos del cowboy de Marlboro echándose un cigar, animales con traje, y unos cuadros de señoras antiguas tipo “los otros”. Todo inconexo.


La chica de la barra, más maja que un algarrobo persa, nos toma nota de las bebidas, y nos deja la carta, avisándonos de que se les han acabado al menos cuatro platos.
— Eso pasa mucho —me dice mi colega—. Suelen faltarles muchas cosas. Supongo que compran al día, o no sé. Son muy arreu.

Bueno, pedimos unas copas de vino, y una botella de agua. Son de litro, lo que me parece maravilloso, porque de litro ya no las sirven en ningún sitio. Vamos allá.
Lo primero, y menos relevante, fue la ensalada fattoush.
Pepino, lechuga, pimiento, tomate, rábanos y pan de pita tostado. Lleva también hierbabuena y bastante limón.
Está rica, y la combinación es como muy árabe, pero sabe a muchas cosas que ya has probado. Toda la verdura está cortada en trozos pequeños.

Tengo firmes dudas de que esto valga 12 pavos, porque eso, porque es verdura cruda troceada, pero bueno.
Dejémoslo en que es fresca, aromática, y vamos a sobrevolarla de momento, pooorque…
Llega el mizra ghasemi.
No has probado en tu puta vida un plato mejor hecho con berenjena.
Es una crema hecha con berenjena ahumada, ajo, tomates y un huevo frito por encima. Es como… guau.
Tiene un picante suave, el ahumado está muy muy presente, es cremosísimo.
La única pena es el pan que nos han puesto. Lo han sacado con un pan de pita muy fino y muy seco, que desmerece la hostia junto a este plato.
La camarera nos dice que normalmente lo sacan con uno más molloso, pero, la casualidad, se les ha acabado.
Te digo que esto, con un pan que valga la pena, es un Golden. El huevo se rompe y se mezcla. La yema está semicuajada, pero en un punto guay. Hay un sabor más allá del ahumado, que no distingo, pero que me pide guerra.
Un puntazo de plato.

Seguimos con el guiso de cordero. Gormez sabzi.
Lleva cordero, alubias rojas, hierbas y limas deshidratadas. Lo sirven con un buen montón de arroz blanco al lado.
Uuuh, sabe ácido, es cítrico y denso. Recuerda como a algún tajín, de esos con limón.
La carne se separa del hueso como Aitana se separó de Yatra. Está perfectamente hecha.
Tiene ese fondo amarguito, rasposo en la lengua, parecido a esos guisos de caza a los que les ponen chocolate.
No hay suficiente cosa de esta para que me vaya tranquilo. Podría comerme un Toyota Corolla de este guiso si tuviera suficiente arroz para empujarlo.
Empiezan a sucederse miradas y murmullos de olrait por la mesa.

Y ojo con esto también. Alitas marinadas picantes. Bale morgh.
Vienen con unas verduras asadas, cebolla y cilantro crudos, y un cuenquito de un polvo mágico parecido al pimentón, pero que es ácido, y que le va de locos.
Están brutales. No buenas, brutales.
¿Os acordáis del Asador Búfalo? Es ese concepto.
Las alitas vienen sobre una lámina de pan (que supongo que se llamará de otra manera, pero vamos, me entiendes, un Kleenex de pan de estos).
Entonces, tú te la deshuesas, le pones bien de cebolla y cilantro, y tienes un bocadito que flipas.
Nos avisaron de que iban a tardar unos 30 minutos, porque las hacen al momento, por eso salieron lo último, pero valen la pena.

A todo esto, y como dato interesante, la música acompaña mucho. Llevan desde que hemos entrado con una banda sonora realmente guapa.
Ahora por ejemplo, están con Another Saturday Night de Cat Stevens, pero ha sonado Horse With No Name, y he shazameado Brazil, de Declan Mckenna, que no la conocía, pero a la playlist directa.
Vale, vamos a pedir postre.
— Perdona, ¿de postre qué…?
— No sé si nos queda alguno, voy a ver.
— Vaaaaya por dios.
Al cabo de un momento, la chica viene a decirnos que solo le queda uno, y además es la última porción. Pues claro, no quedan más cojones, ese tendrá que ser.
Es una tarta de pistacho y rosas.
Es densa, mazapanesca, cuasi polvorónica. Sí que tiene el puntito a rosa, pero se lo tienes que buscar, no es lo que predomina.
Lleva una base de galleta y, al lado, una mermelada un poco agria, que pensamos que es de ciruela, pero resulta que es cereza iraní. Tralleramente dulce. No regrets.

¿Cuenta? 94,20 entre 4, a 23,5 por persona.

Vale. Me ha gustado mucho.
No solo el ambiente, que me ha parecido súper cálido, si no también la comida.
Sin ser nada locamente elaborado, aquí hay sabores que no son los típicos, y que me interesan bastante.
Es verdad que tienen que pulir lo de que les falten tantas cosas.
Por ejemplo, había un guiso de pescado picante que yo me hubiera pedido, y no lo tenían.
Supongo que son cosas que se corregirán con el tiempo, pero mira, como es Navidad, y yo esta semana vuelvo
Okey alto.
Shahla’s Bistro. No sé ni como se pronuncia. Verás qué guapo.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
Eveline
Aitana se separó de yatra ??
Escribes como un dios !! Te amo
Acheghetam (traducción en iraní)