Tenía pendiente el Zalamero desde hace tiempo. De hecho, creo que lo hice al revés, porque primero fui a Baldomero, que es de los mismos dueños, pero abrió después. Así es el loco y anárquico caos en el que me muevo.
Zalamero es el referente coquero de Ruzafa (con permiso de S’alat y del Nylon). Lo que tienen, principalmente son cocas, con esto, con lo otro, vegetarianas, sin vegetariar, para todos los gustos.


Anoche estábamos sentados en la terraza, porque en mi mente ya es verano, cuando la camarera se acerca con un par de cartas físicas.
— Bueno, ¿cómo están los máquinas? Lo primero de todo.
— Bien, bien, gracias.
— ¿Bien? Pues os echo unas cartillas, venga claro que sí.

Mmm, guay, todo bastante mediterráneo. Aparte de las cocas, hay un apartado de entrantes, y tienen también fartons abiertos a modo de pseudo perrito caliente. Vamos a por un vinate, y la ensaladilla marina, que parece que apetece.
Tarda relativamente poco en llegar. Daditos de patata, con huevo y mayonesa, todo fresco.
La marinosidad se la dan unos trozos de merluza y de gamba que lleva mezclados. Yo juraría que lleva trozos de sepia, pero igual la mayonesa me confundió, vete tú a saber.
También lleva fenoll marí, que es una planta que sabe a mar que flipas, pero que no es un alga. Tiene textura de judía verde de hervido.
En general, todo el plato tira a salado. Sí que tiene el puntito ese marino yodado guay, pero se pasa de potente para mi gusto. Mucha sal.

Después llegaron las croquetas de setas. Cuatro unidades, no son redondas del todo, son croquetiformes.
Crujientes en el exterior, quemando como su puta madre en el interior, pero nada que me haga flaquear, ambos sabemos quien va a ganar esta batalla.
Por debajo llevan una pintadita de salsa de trufa, lo que hace que me recuerden un poco a las del Dando Leña, pero menos.

Les hago poco caso, porque mientras me la como llega el esmorzaret roll, y me da mucha más curiosidad.
Son como unos rollitos de primavera, de pasta filo, rellenos de embutido y habas.
Perfecto. No tiene pegas.
Van por unidades, y los sacan con una salsa agridulce de naranja, que realmente sabe un poquito a naranja amarga, y le da tremendo puntazo. Está bueno sucado y sin sucar.
La combinación embutido-habas siempre es gol. Este plato es como si coges las 11 de la mañana de un sábado y las fríes. No se puede freír una hora, porque es un concepto abstracto, pero ya me entiendes. Por dentro lleva llongana, y la verdad, me arrepiento de no haber pedido más, porque me lo ventilo en dos bocaos.

Terminamos la ronda de entrantes con el fartón abriochado de carrillera.
Vale, para mí, tiene pros y contras. La carne y el fartón están ricos. El fartón funciona como el típico pan brioche un poco dulcecito, un poco hojaldroso, y la carne, pues guisadita, bien.
Echo en falta salsa, y el parmesano está espolvoreado por encima, lo que le da una textura arenosa y rara. Además, las patatas son de bolsa, muy crujientes, pero sin alma y sin sabor.
Creo que el problema principal es el queso. Si realmente crees que tiene que llevar parmesano, móntatelo para que sea una salsa. O ponle una salsa, y el parmesano en lascas, pero en polvo no.
Y que nadie ponga nunca más patatas paja de bolsa en ningún plato, de verdad. No molan.

Vale, momento de la verdad, vamos a por las cocas. Una de foie, dos vedella, y otra de Ontinyent.
También había en carta una de alcachofa, y la mano me tembló sobre el pulsador, pero eran en conserva y para mí, las alcachofas en conserva son solo metadona para cuando me entra el mono. Por suerte aún creo que tiro un par de semanas más con las que he almacenado este invierno.
Esto acaba de ser horneado. Sale calentito, crujiente, y oliendo a pan. Recuerda un poco a las pizzitas del Olegari y La Finestra.
La mía lleva ternera mechada, queso fundido y alioli de aguacate. El conjunto es jugosote y sabroso. La ternera está tierna, y realmente no noto el aguacate por ningún lado, pero sí el queso.
Creo que al final, lo que le da todo el rollo, es la coca en sí. La coca está tremebound. Yo me ahorraba el aguacate y le ponía ajoaceite normal. No obstante, un win.

La Ontinyent, lleva embutido y salsa de pimiento del piquillo. Yeah, lleva morcillaca, y sabe a bocata de obrero molón, a almuerzo de ciclista travieso.
Muy en la onda del roll. El pimiento participa, pero no compite, vas a notar el saborcito, pero gana la morcilla.

La tercera lleva foie y cebolla caramelizada. Es lo que promete, como si te haces un montadito de foie mi cuit calentito, y le pones vinagre balsámico. A funcionar.

Estábamos dudosos con el postre, pero finalmente, ninguno de los que había nos llamó mucho la atención. Así que decidimos claudicar esta vez.
87 entre 4, a 22 pavetes por persona. Si hubiéramos pedido, habría salido a 24, o un poco menos.

Bien, todo guay. Es algo propio, es interesante. Todo juega bastante con ingredientes autóctonos ,¿no?
Mucho esmorzar, embutidos, fartons, fritos y rebozados… Tal vez hace falta un poco más de oferta ligera, pero bueno, tampoco lo eché en falta.
Yo diría que es un sitio chulo, dentro de lo sencillo, y bastante funcional. Puedes arrimarte sin miedo. Igual si vais dos, con una botellita de vino blanco frío y tres cocas tenéis la noche hecha.
Okey para Zalamero.
Goza de amplio aparcamiento.