Benimaclet, uno de mis barrios favoritos. Cuna de estudiantes y diábolo dancers, lugar de huertos urbanos y rectos flequillos. Hacía tiempo que no me pasaba por l’Olegari, de hecho lo han cambiado de lugar en favor de una terraza más grande y un interior más espacioso.

No sé si conocéis el local, pero tiene un concepto muy concreto. Es una pizzería libre, tú vas, te sientas y dices… cuatro pizzas, y ellos te las sacan de lo que quieren. Son minipizzitas más o menos del tamaño de una mano, así que puedes hacer varias rondas. Hay un local exactamente igual en Ruzafa, que se llama la Finestra, y había otro más en Xúquer que fue traspasado durante la megacompra masiva de locales de hostelería que hizo Marina d’Or cuando para nada estaban intentando blanquear pasta.
Total, que estamos en la terraza. Tras la primera ronda de cervezas, entro a ver un poco qué onda. El local está lleno de pizarritas con precios, y cosas que te puedes comer. La camarera me comenta un poco, que hoy tienen tres tipos de hummus, y que se les ha acabado la burrata. Me pido tres pizzas, el hummus de remolacha y una cazuelita de embutido.


Hay una cosa que siempre me ha molado de este sitio y es que, para mí, es muy honesto. O sea, las pizzas valen dos pavos, la cazuela de embutido, cinco. Creo que la comida cuesta lo que vale.
Los embutidos, por ejemplo, con sus rebanadas de pan. Pues un poco de chorizo, un poco de lomo y un poco de salchichón. Calidad rozando lo batallero, pero nano, cinco pavos. Con las pizzas lo mismo, tengo la convicción de que son las mejores pizzas de dos pavos que te puedes comer por ahí. Están hechas al momento y con ingredientes bastante guays. Bueno, breve comentario para el pan del embutido, que una vez fueron bollitos de pan que te sacaban recién hechos del horno, y ahora es un pan como de molde y sin alma.

Llegan las primeras tres, en este caso hay una margarita, una con patata y pimiento, y otra con lo que parece ser… ¿berenjena? Bueno, caen veloces, están calentitas y te las comes en dos bocaos. Uf, me quemo, absorbo aire mientras mastico, bebo cerveza.

El hummus de remolacha viene en un tarro, con bastones de zanahoria y pepino para que untes. Bien, se nota casero.
Mientras comemos, miro a mi derecha y veo a un pavo haciendo malabares con una puta bicicleta. No ENCIMA de la bicicleta, nada de trucos de trial, el cabrón estaba lanzando la bici al aire y recogiéndola. Tenía cara también de haber consumido un poquito de producto.

Para la segunda ronda de pizzas nos pedimos una botella de vino. Solo tienen uno, así que aquí no cabe postureo. Un dato guay es que para el vino, te sacan unos vasos pequeños de señor mayor que juega al dominó. Estábamos dándole al vinate y llegaron otras tres pizzas. Curiosamente, berenjena y margarita se repitieron, la otra era de tomate natural y aceitunas negras. Es raro repetir pizza por estadística, pero bueno, vienes a jugar. Aquí me he llegado a comer pizzas de cosas loquísimas, en plan… brócoli, setas con salsa de soja, cosas así, van fluyendo. El caso es que fueron para adentro.

Preguntamos por los postres, y nos decidimos por el tiramisú. Viene en un vasito de chato. Bizcocho abajo, chocolate espolvoreado arriba, tiramisú normativo. Correcto.

En esto que pedimos la cuenta, nos llega y… Oh, qué barato, ¿no? Eran como 25 euros, algo no cuadra. Efectivamente, de puro hippies se habían olvidado de cobrarnos el vino y la mitad de las pizzas, un desfalco de 13 pavos.
Podríamos habernos marchado y haber perpetrado la Gürtel de Benimaclet, pero a la gente de buen corazón no se le tanga. Por otra parte, te digo que esto me llega a pasar por ejemplo en Rausell o en el Ricardo y ya me has visto, pero aquí entramos y avisamos. La new cuenta asciende a 38. Éramos 3, 13 euros por cabeza.

Bueno, xics, yo tengo buenos recuerdos de este local. He tenido cenas muy memorables, he conocido a amigos, he visto cómo ponían chupitos de limoncello desde un bidón de plástico, muchas cosas. El sitio es lo que es y, como ya os digo, la comida está buena y el ambiente es acogedor. Si lo que buscas es un rollo más gastronómico, pues chico, a otra parte.
Por cierto, no tienen datáfono, y la Caixa más cercana está exáctamente a seis minutos a pie, tenedlo en cuenta.
Okey si pasas por allí, pero ojalá hubiera un Olegari en cada barrio.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
Maria
Por suerte para todos, actualmente ya se puede pagar con tarjeta