Xics, Les Maduixes es uno de los secretos mejor guardados por los vegetarianos de la ciudad. Le pasa un poco como a Mil Grullas, o al Giramon, que está en un sitio bastante poco mainstream. Si no te lo recomienda alguien, es difícil que pases por delante.
El otro día, un colega vegetariano me dio el soplo.
— Hey, Tipo, por fin he ascendido al rango cuatro de Vegetariano Astral. El consejo de ancianos me ha revelado los secretos.
— ¿Rango…? ¿Cómo? ¿Cómo se consigue eso?
— He tenido que consumir ásperos boniatos de formas de las que no me siento orgulloso. No hablemos de eso. El caso es que ahora ya sé todo lo que un vegetariano debe saber y siempre se me había ocultado. ¿Sabías que el calabacín en realidad está hecho de vacas verdes muy pequeñas? Sacamos de ahí la proteína.
— Sorprendente.
— Ah, y otra. Hay un lugar, en una perpendicular de Blasco Ibáñez, un restaurante. Les Maduixes.
Páralo todo. Meredith, reserva.
Efectivamente, Daoiz y Velarde, una calle por la que no pasa ni el Google Maps. Qué extraño.

Solo dan cenas los jueves, viernes y sábados, el resto de días funcionan con un menú de mediodía variadito y bastante chachi.
Vas a notar enseguida que no es un sitio al uso. No es un restaurante que encaje en Ruzafa o en Cánovas, el interior es casi como si fuera el restaurante de un hotel. Es cálido, pero tiene un puntito aséptico, diáfano. ¿Te meto otra esdrújula? Albugíneo. Ahí lo llevas.
Quiero decir que es todo blanco y sin decoraciones a la moda. Solo hay varios libros de cocina vegetariana, alguna planta, y un marco con un dibujo de Frankenstein (se pronuncia Fronkonstin) que no tiene nada que ver con nada.

La carta es más clásica que en otros vegetarianos. No hay langostinos hechos de soja, ni burgers Beyond, ni ceviches locos. Tienen tres ensaladas, hummus, croquetas, milhojas y cosas así.
Empezamos con el hummus, que es como cuando Raphael empieza el concierto de Nochebuena con el Tamborilero.
Es de tomate seco y berenjena ahumada.
Yeah, sabe a albahaca. Lo sirven con una bolsa de micro regañás, y es de estos grumosos, no es una crema fina. Funciona bien como entrante, es como si cogieras el típico trío de patés que sirven en muchos vegetarianos y los mezclaras todos en uno.
No va a rockear tu mundo, pero entra fácil.

Después los buñuelos de berenjena.
Curiosos, no son buñuelos crujientes y fritos como tal, son como una especie de albondiguilla tierna, con una salsa de pimiento rojo por debajo. Tiene un puntito picante y otro ahumado.
Son ligeros, llevan un poquito de parmesano y albahaca. Por ahora llevamos dos de dos con albahaca y berenjena. Me molan más que el hummus.

Habrá que pedir una ensalada. Vamos con la de garbanzos con escalivada.
Lleva pan crujiente de garbanzos, queso feta y vinagreta de ajos confitados con cominos. Bien, muy completa. De vez en cuando te encuentras con una oliva negra de estas blanditas de Teruel.
Ensaladalmente hablando, es contundente. Mucho sabor, mucha mezcla. El ajo confitado no se nota demasiado, puedes pedirla sin temor.

Al tercer tenedorazo creo encontrar en la escalivada algo de berenjena, cuando, de repente…
¡Zas!, llega atacando por el flanco derecho el milhojas de berenjena. Con tomate, albahaca y queso de cabra francés.
Recuerda un poco a una lasaña. ¿Albahaca y berenjena? Claro que sí.
Definitivamente hay un agricultor de berenjena mandando a sus hijos a Harvard en yate volador gracias a Les Maduixes. Las acciones de Berenjenapsa disparadas en el Ibex. Tiene intercaladas como unas láminas de pasta verde muy suaves.

¿Una moussakita para tu cuerpo? Venga, como ésta.
Claro, el hecho de no llevar carne, y llevar berenjena (ya cada uno que saque conclusiones), hace que se me parezca un poco al milhojas. Mismo calabacín, misma salsita, misma rúcula decorativa… Sin ser lo mismo, tiene demasiados elementos comunes.
Lleva una boloñesa vegetal, pero claro, ahí falta un poco de jander. Todo está bueno, pero me sabe parecido.

Terminamos con el hojaldre de setas. El hojaldre recién horneadito está de locos. Lleva queso de cabra, que yo intento eludir con slalom de tenedor, y setillas troceadas, dentro de lo que parece una bechamel oscura, probablemente por efecto de las setas, o de salsa de soja o algo así. Un poco complicado de compartir, las raciones son todas como muy individuales.

De postre, nos jodimos un crumble de manzana, y un mini trocito de tarta de zanahoria con crema de pistacho, que les quedaba del menú de mediodía.

Aquí pasa lo siguiente, el crumble es un crumble. Sabe a manzana y limón, está dulcecito y cumple su cometido, pero… ¿la tarta?
La tarta es otra cosa. Esa tarta le caga en el pecho al resto de tartas de zanahoria del mundo. Les caga en el pecho, y luego les apaga un cigarro.
Es salvaje y seductora, lleva una cremita de pistacho que sabe a lo que deben saber los sueños, intercalada a capas por en medio.
El bizcocho está melindroso sin ser dulce. Pffff, siento algo parecido a lo que sentí la primera vez que probé el Knafeh del Kukla, pero claro, no es un postre oficial.
No sé muy bien cómo reaccionar. Es el mejor postre que he probado tal vez en lo que va de año y no está en carta.
¿Por qué? ¿Con quién tengo que hablar? ¿Es cosa del consejo de ancianos?

Del precio os tenéis que fiar, porque no hubo foto de la cuenta. 88,5 pavetes entre 4 personas. El vino 14, el agua es de esas de grifo mágico y botella rellenable. Salimos a un poco más de 22, ponle 23 por persona.
A ver, yo creo que muy guay. Sí que es verdad que tal vez abusan un poco de determinadas cosas, como el pesto, o la berenjena. Pero todo es casero, está rico, y yo salí más contento de lo que había entrado, aunque creo que tiene que molar más ir a mediodía. Me da que es más variadito.
Tampoco sé por qué no está la tarta de zanahoria en carta, porque eso es una barbaridad de postre. Vamos a hacer un change.org o alguna movida así, porque estamos desperdiciando un Golden Okey tontamente, y esas no son maneras de hacer las cosas.
Ah, por cierto, tienen el baño más limpio del universo. tranquilamente me habría dejado operar de algo sobre el suelo de ese baño.
Okey Alto para Les Maduixes.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
Verónica
Es mi restaurante vegetariano favorito,siempre que puedo me deleitó con los platos de la mano de Nuria,la propietaria del local,junto con las chicas que le acompañan en la cocina y de servir las mesas…