Mediodía. Un helicóptero sobrevuela el Amazonas.
— ¿Seguro que es aquí? No se ve nada, solo hay selva.
— Tiene que ser por aquí. Los satélites han triangulado su posición al norte del río Jatapu. ¡Mire, allí! ¡En aquel claro!
Abajo, en mitad del espesor, se adivina lo que parece ser una pequeña aldea de chozas hechas con juncos. Algunas personas diminutas salen de ellas y señalan hacia el cielo.
El helicóptero aterriza, levantando una enorme nube de polvo. Las flechas de los nativos rebotan en los rotores, mientras un montón de indígenas en taparrabos y con las caras pintadas de rojo se agolpan temerosos alrededor, con sus lanzas en alto, e intercambiando frases en guaraní.
— ¡Na-pekororõ-i!
— ¡Upevá! ¡Upevá!
La puerta del helicóptero se abre y una croqueta con gafas, moño y FP2 de administrativo desciende sujetándose el pelo.
Se hace el silencio.
— Buenas tardes, caballeros. Disculpen la molestia, supongo que no estarán acostumbrados a recibir visitas por aquí… Verán, tenemos razones para pensar que alguien a quien estamos buscando se encuentra en esta aldea. Es como así de alto…
De una de las chozas del fondo asoma un hombre con un vaso de Martini. La tribu se gira hacia él.
— ¡Meredith, que exageración! ¿Es necesario este escándalo? Casi se me cae el vermut.
— Señor… Oh, por dios, vístase, póngase algo encima.
— Bah, esto es una tribu, aquí todo el mundo va desnudo. ¿Quieres capibara con mango? Es como un roedor, pero del tamaño de un cerdo. Está delicioso, ya verás. ¿Podéis darle a probar un poco de capibara?
— Llevamos días buscándole. Es hora de que termine sus vacaciones, vuelva a casa y retome las reseñas de restaurantes. El consejo de accionistas está muy nervioso, el presidente no para de llamar, y la gente no sabe qué sitios son los más okey.
— ¿Ya ha pasado un mes? Vaya, el tiempo vuela cuando vas con los huevos colganderos. ¿Me has traído el traje?
— Está en su avión, esperándole en el aeropuerto.
— Bueno… el deber me llama. Muchachos, os dejo la cuenta de Netflix y lo que queda del minibar en la cabaña. Ha sido un placer. Os echaré de menos.
— ¿Piko Nde?
— A ti el que más, Henry, maquinón. Meredith, mis gafas.
Fundido a negro. Varias horas después, en Valencia DF…
En fin, todo lo bueno se acaba.
He tenido el tiempo justo de pasar por casa, darme una ducha y ponerme mis mejores bermudas, porque mis colegas ya deben estar esperándome en la Taberna Teca.

Muy cerca de la calle Cuenca, la Teca es un restaurante que además es vino-teca o eno-teca. Tiene algo de tapería clásica, algo de italiano, algo de lo que esté de moda en ese momento, y una carta de vinos a la que me arrepiento de no haberle prestado más atención. Hay botellas con nombres tan cachondos como “¿Y tú de quién eres?”, “You fuck my wine”, o “La rumbera”, pero maldita sea, tenía sed, hacía calor y tuve que rendirme ante los dobles de Turia, que es la bebida oficial del comer en terraza.
Le echamos un vistazo a la carta. Todo guay, clasicote. También hay un apartado de conservas y latas por si te apetece algo más rápido.
Que el camarero nos hiciera caso nos costó más que cagar un Ford Fiesta. Lo intentamos levantando la mano, con combinaciones de los clásicos “por favor”, “perdona” y “cuando puedas”, e incluso creo que le hice la señal de “corre a la tercera base”, hasta que finalmente nos tomó nota, y pedimos para empezar, el baba ganoush y el atún picante, ambos conservas.
Pues a ver, os puedo decir que el baba ganoush no tiene nada. Viene en un tarro, tiene textura de potito muy líquido, un sabor bastante neutro… meh. Un abrazo al señor que lo envasa. Te lo puedes saltar.

El atún picante en cambio está bastante okey para ser una lata. Un bocata de esto con pimientos tiene que estar que lo flipas. En la lata viene flotando una guindilla, cuidado con eso. Lo sirven con unas patatas fritas que se ven de buena familia. Como dato guay, si pides pan te sacan uno bastante rico, con tomate por encima, un poco focaccia, que da bastante juego para reventar el aceite picante.


Vamos con las croquetas de chipirón en su tinta. Wow, que cremosas. Negras como el soul, tienen una textura muy particular, como de pasta de dientes, pero con tropezones de chipirón. Sabrosonas, además puedes hacer lo de comértelas y enseñarle los dientes al de delante, que eso da mucha risa siempre.

Pedimos, por aquello de probar algo distinto, la sepia con mayonesa de curry. Tiene un puntito dulce y especiado. La sirven sobre una especie de onda expansiva de polvo de curry, y algo morado que podría ser… ¿remolacha? Eso explicaría lo dulce. Le falta un punchecito, sal, ralladura de lima, no sé, algo que le aporte power. Por lo demás, bien de tierna.

Unos huevos con patatas y jamón siempre van a entrar. En este caso, el jamón estaba planchado, pero no llegaba a crujiente, así que se quedaba en un tieso medio camino. Pelín seco. No obstante, la patata no era congelada de mierda, había cierto mimo en esa sartén. Funcional. Seguimos.

Salteado de setas con unas habitas y algo de ajillo. Si te gustan las setas, es un plato muy molón. Parece un megamix de boletus, cardo y los manojos estos de minisetas largas y delgadas. La verdad es que mucho sabor para ser un plato de setas.

Por darle más bola a la parte italiana de la carta, pedimos unas albóndigas caccio e uova. Solo las había visto en La Campesina. Aquí te las sirven con una salsa de tomate súper fina, muy pasadita. La albóndiga en sí es una pelota que hacen con queso y huevo, y tiene un sabor y una textura particulares. Tiene ese ácido muy presente, pero rebajadito por el huevo, y algo de ese agrio guay que tienen los quesos tipo feta.

Terminamos con dos pedazo de figatells. Buah, lo mejor de la comida, yo creo. Tamaño casi hamburguesa, les ponen un poco de cebolla caramelizada por encima, que le da el dulcecito. Tremendos, potentones, cárnicos, buenos trastos. Highly recommended.

Postre no, porque no hubo nada que nos motivara especialmente. Cafés y tal, puede que alguna copa de vino suelta, esto, lo otro, al final 124 entre 6… a 21 pavetes más o menos por persona. Guay ¿no?.

La Taberna Teca es un sitio correcto, sin mucha fantasía y aventura, más Doctor Jones que Indiana, más Felipe que Froilán. Te puedes llevar a tus suegros a comer, o ir a celebrar que te has sacado la plaza en la oposición o algo así. La comida está buena, y la oferta de vinos sin duda es abundante. Además de precio me entra bastante.
No se hable mas, un Okey para el Teca.
Oh, cómo mola estar de vuelta.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (5)
Pauco Sigfredi
Lo mejor del Teca es que está en la esquina donde más y más fresco corre el aire en esta ciudad, nano. Por lo demás, guay, a mí siempre me funciona.
Cote
Hola, normalmente coincidimos con tus reseñas, pero Teca es uno de mis preferidos y creo que se merece algo más de valoración. Probablemente la diferencia de opinión, venga por los platos que habéis probado. Os habéis dejado, para mí, varios de los platos «estrella», como son el vitelo tonnato, la caponata, el magret de pato, la sepia y el calamar plancha, y alguno que otro más.
Saludos y enhorabuena por las recomendaciones!
Laura Villanueva
Completamente de acuerdo con Cote. TECA es un sitio que tiene mucho juego, y platos bien originales y sabrosos. LA Caponata de berenjena está deliciosa, sin duda mucho mejor elección que una conserva de Baba-ganoush.
La relación calidad-cantidad-precio está muy bien.
Quizás puedas darle una segunda oportunidad y nos lo cuentas 😉
MARIBEL
Nosotros vamos con frecuencia, por proximidad, y creo que os habéis dejado por probar comida muy interesante. Tenéis que volver, aprovechar la brisa que hay en la terraza y repetir la publicación del nuevo criterio que vais a tener. Por cierto, probar la cecina y el ajoarriero, o el Carpaccio de calabacin (por recomendar cosas sencillas).
Francisco Moya
Buena comida, raciones escasas, excesivo precio. No invitan ni a un chupito. No volveré.