Chavales, vengo a hablaros de una pedazo de pizzería de barrio.
Parece que ahora la gente está muy empática con todos los restaurantes y los chefs súper potentes que han tenido que pasarse al delivery porque si no se iban a comer un ril, y eso está muy bien, pero… ¿Quién ha estado siempre ahí? ¿Quién nos hacía caso cuando éramos la chica nueva del insti con gafas y coleta? Exacto, las pizzerías de barrio.
Ellas nos han apoyado cuando íbamos fumados entre semana y nos comíamos un gitano por los pies, cuando no hemos tenido nada en la nevera, y cuando venían amigos a cenar y se nos quemaba el suflé.
Cierto que no tienen decoraciones glamurosas, ni cristaleras hasta el techo. Tienen suelos de terrazo de estos que parecen mortadela y señores mayores en camiseta imperio. Cada uno tiene la suya. Tengo un colega que reventaba Al tall en el Cabañal, otro que era más de la Forcola, y hasta conozco a un pedazo de cabrón que se dedicaba a pedir calzones abiertas en el Forli. Calzones abiertas, es que hay que ser hijo de puta.
Pues os voy a hablar de una que mola. La Campesina.
Está en Duque de Gaeta, si no sabes que está allí, no la encuentras. La llevan un matrimonio de bonicos, ambos italianos. Se ve que ella es capitán general de hacer pizzas, porque tiene un par de títulos enmarcados de esos de Pizzera Mayor del Reino y cosas así.
Hacen pasta y pizza. La pasta, según el plato que pidas, suelen hacerla ellos artesanalmente,
Bueno, pues nada, nosotros nos pedimos un par de raciones de albóndigas (unas de carne y otras de berenjena) y dos pizzas.
Cuando le echas un vistazo a los entrantes, ves claramente lo que hay que pedir. Lánzate a por lo que tenga nombre italiano.
— Ay, a mí es que me apetecen unas bravas.
— Pues no haber llamado a una pizzería, nano.
— Isqui yi quiri inis brivis intis di li pizzi.
— No es tu lugar, muchacho, vete a un bar de polígono, aquí estás a lo que estás. Beccafico, caccio e uova, no des por el culo.

Las albóndigas de berenjena son algo curioso y especial. Llegan navegando en una salsa de tomate casera. Prácticamente se deshacen en la boca. Vienen cinco, en apariencia son iguales que las de carne, con un poco de mozzarella fundida por en medio. Tiene todo el sabor y la melosidad de la berenjena, con un toquecito como ahumado, pero sin el amargor. Creo que es un entrante obligatorio.

Con las de carne patinaron un poco, porque llegaron secas, aunque vienen en la misma salsa de tomate. Estaban prietas en exceso, pero otras veces las he probado mucho más jugosas. El caso es que lo que yo me quería haber pedido son unas albóndigas que tienen de queso y huevo, que son también súper curiosas. Pero bueno, ese tren se me pasó. Eso te cuento a nivel entrantes.
Lo realmente interesante son las pastas y las pizzas, pedimos una capricciosa y tagliatelle boscaiola.
Los tagliatelle los hacen ellos. Llevan nata, guisantes, champiñones y llongana. Aprecia la textura de la pasta, que está lo dura que tiene que estar, y que además es más gruesa que la pasta industrial. En el local tienen un aceite de guindilla que prácticamente funde el aluminio. Yo siempre aconsejo un poquito de picante.

En cuanto a la pizza, lleva champiñones, alcachofas, huevo, jamón y olivas, la alcachofa de bote, el champiñón no. El jamón es serrano, que es como lo gastan en Italia, lo de las pizzas con jamón de York es una españolada gansa que nos hemos sacado de la manga, como la carbonara con nata, los macarrones con chorizo y el dueto del Sueño de Morfeo con Nek.

Otro aparte es el tema de la masa. La masa de esta pizza es tan buena como la de cualquiera de esas pizzerías flipadas del centro. Se cae, es blanda y fina, con los bordes llenos de burbujas de aire y olor a pan, no se aguanta en el aire, no cruje. A mí también me mola probar de vez en cuando pizzas de estas locas, ganadoras de concursos, que llevan krispis, tomates confitados y cordero con ras el hanout por encima. Pero, nano, yo necesito volver a casa de vez en cuando, necesito una margarita, una caprichosa y una 4 estaciones hechas guay.
No habíamos pedido postre, pero aún así nos llegó un tapercito con una porción de tiramisú, en la que ponía “obsequio tiramisú, muchas gracias :)”

Muy okey, muy cremoso, con su café y sin hostias. Si alguna vez te has echado un novio italiano estando de Erasmus, este es el tiramisú que hacía su madre.
El precio de La Campesina: Pues 37,90€, a 19 pavetes cada uno. Recuerda hacerte un café muy corto y muy denso cuando hayas acabado.

El sitio es un Okey, no hay filigranas con la comida, no hay innovaciones ni espumas, pero yo necesito tener sitios así cerca, que hagan las cosas bien, que me llenen y que sean majos.
Haced el favor de llamar a vuestra pizzería de barrio esta semana, con la frecuencia con la que llamáis a vuestra madre o vuestra abuela. Dadles amor, dadles bola, coño.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (2)
Restaurante Taberna Teca | Arrancapins, Valencia | ¿Mola o Qué, Nano?
[…] a la parte italiana de la carta, pedimos unas albóndigas caccio e uova. Solo las había visto en La Campesina. Aquí te las sirven con una salsa de tomate súper fina, muy pasadita. La albóndiga en sí es una […]
Celia
Hablo por todos mis amigos: Es una de nuestras pizzerias favoritas, no solo por su calidad de comida, si no por el precio. Nosotros que somos de mucho comer y también de mucho beber… Siempre salimos a unos 15/20€ pp con postres y cafés incluidos (precios ahora mismo imposibles)
Recom. Personal: Albondigas berenjena, pizza carbonara y tiramisú.
Si es verdad que no es el sitio más sofisticado del mundo, pero a nosotros eso nos da igual.
Además está muy cerca de la zona cedro en la que se pueden tomar luego unas copas.
Además el dueño es un encanto y lo hace todo casero delante tuyo, y en horno de leña.
Mi sitio de confianza 10/10.