Flashback.
Marzo 2023. Armando Palacio Valdés, noche.
— Oye, he oído que hay una coctelería nueva en el Westin, donde hacen cócteles con algas y sabores marinos.
Yeah, esa propuesta llega en el mejor de los momentos. Acabamos de terminar de cenar en Ultramarinos Pope, pero todavía es prontísimo. El cuerpo pide tomar algo.
Desde la puerta de Pope se ve el hotel a lo lejos. Es como una especie de Hogwarts, pero al que en vez de magos, van VIPS, empresarios, futbolistas y supervillanos. Todos a follar con todos.
Cruzamos el vestíbulo, a tope de mármol y de lujazo, como siempre, y con esa sensación de estar haciendo algo jíbiri, porque estás en un sitio al que obviamente no perteneces. Pasamos junto a un escaparate que tiene expuestos trajes de fallera, y ahí, frente al patio interior, está el SeaBar.

Parece uno de esos clubs de caballeros de las películas, en los que los ricos van a cerrar negocios y a beber whisky mientras planean su próxima cacería de gente pobre.
También tiene algo de detectivesco, sillones orejeros, luz tenue, mesas brillantísimas, esas cosas.
Cuando llegamos, la sala está completamente vacía, y solo hay un barman y un DJ, que está pinchando para el aire. Tiene su gracia ver a alguien pinchando para una sala vacía, porque están como bailando mientras lo hacen.
Cuando nos sentamos, el barman, vestido de barman antiguo, con delantal, y manguitos de estos que te sujetan las mangas de la camisa, nos deja unas cartas sobre la mesa. Todo muy ceremonial, “bienvenidos”, “ahora les explico nuestra filosofía”, muy correcto.
Veo que en la carta hay un apartado de tierra y otro de mar. Habrá unos 25 cócteles o por ahí.

Después de pedir, y de una breve introducción al mundo cóctel, el camarero se retira, y vemos como empieza a abrir botes tras la barra, como si fuera Panorámix haciendo la poción. Coge un chorrito de esto, lo mete al dosificador, mezcla, agita, sacude, chas chas, ahora te froto un limón de estos, ahora una cucharada de lo otro…
Hemos venido un poco a jugar, a ver qué tiene que ofrecer esta gente de nuevo, así que no me voy a pedir un mojito. Ya que estoy aquí quiero que rockeen mi mundo. Al cabo de unos minutos, llega a la mesa con nuestras copas.
La mía es un Dry Martini de crustáceos. Lleva ginebra de crustáceos y vermut seco. Se define como fuerte, salino y seco, como Charles Bronson cubierto de anchoas.
Viene en un vaso plano, al que le faltan dos dedos para llenarse, y con una oliva tremenda ensartada encima.
Parece escaso.

Le pego un sorbito tímido, un poco por curiosidad, y también porque si se lo pego largo me lo acabo.
Uf…es muy raro, está muy frío, y creo que voy a esperar al segundo trago para formarme una impresión, porque estoy muy descolocado.
Segundo sorbo.
A ver nano… Esto no está bueno. Yo entiendo lo exclusivo y lo innovador del tema, e incluso puedo entender que a alguien al que le flipen estos sabores le encuentre matices que yo no le encuentro, pero a mí me sabe como si después de comerte un arroz del senyoret, hubieras echado ginebra en la paella sucia y te la bebieras.
Es eso.
Es el sabor seco fuerte y alcohólico de una ginebra… y marisco.
Los sabores son muy limpios, y se distinguen los dos, y muy bien compensado y todo, pero… es que son sabores que no sé si quiero que convivan ¿Me entiendes?
O sea… Me flipa el jamón ibérico, me flipan las carrilleras, y me flipa la pizza margarita, pero no quiero que mi ginebra sepa a ninguna de esas cosas. Son sabores que no deberían copular nunca entre sí.
El camarero, muy amable, nos explica que infusionan cabezas de bogavante en ginebra durante un día, y luego las cuelan, y hacen las bebidas con eso. A todo esto, vamos a sumarle que la bebida llega muy fría, pero no lleva hielo, así que pasados cuatro minutos empieza a calentarse cosa mala, y se convierte en ginebra a temperatura ambiente que sabe a marisco.
El resto de cócteles eran el American Sin, el Tommys 3 y un Spicy Margarita.
El American Sin se presenta como “cítrico, dulce y afrutado”, y lleva Bourbon, Scotch ahumado, toffee salado y clara de huevo. Mi colega lo prueba, se queda mirándolo fijamente y dice… ”sabe a cenicero de bingo”.
Bien, no es exactamente así, pero entiendo por qué lo dice.
El sabor ahumado es muy potente, y efectivamente tiene un toque dulce y secarral. Tiene esa cremosidad que le da la clara de huevo, y consigue un «es diferente», pero no un «qué rico».

Junto con las bebidas han sacado dos snacks, unas bolitas de wasabi, y unos crujientes de alga.
Los otros dos cóctels fueron, sin duda, los ganadores de la noche. Tienen el sabor que más o menos esperas, dulce, cítrico, fresquito. Es más la idea de cóctel que tienes en la cabeza.
Sí que me llama la atención el tamaño de los hielos. El hielo es tan ancho y tan alto como el vaso, impidiendo así que entre mucho líquido, pero no que cada uno valga 14 pavos.


Si alguna vez vuelvo (no va a pasar) me pediría uno de estos (en serio, no va a pasar jamás).
Y espera, que viene el remate. Los precios de la carta son sin IVA. ¿Creías que tu dedo y medio de líquido valía 14 pavos? Pues no, son 14,54€.

El DJ hace rato que se ha ido, y estamos solos en la sala, a excepción de un tío en una mesa, que tiene que esconder algo la hostia de turbio, porque dime tú que hace un pavo bebiendo solo cócteles de marisco en el bar de un hotel a las 10 de la noche.
Qué quieres que te diga. Evidentemente, yo no soy su target. Para empezar, no entiendo mucho el mundo cóctel, siempre me han parecido tremendamente caros para la cantidad de producto que consumes.
No sé qué futuro le espera a este lugar, porque igual entre los huéspedes del hotel, y el pequeño grupo de selectos cóctel-lovers de la ciudad, pues va tirando, pero nano, si dependiera de mí, se iban a comer una torrija. Un sitio caro, que hace bebidas que saben a fumet, y que encima está escondido dentro de un hotel…
Hay una palabra que se repite mucho cuando oyes hablar de estos sitios, que es «exclusivo». Para mí, en esa palabra, siempre hay un puntito condescendiente que quiere decir «si no te gusta es que no lo entiendes».
No sé, igual para tomarte una cerveza marina te vale la pena. Yo ya lo he probado. Si te pica la curiosidad, ya sabes dónde está.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
Richal
Xe, nano, ni siquiera 14,54, que el IVA del 10% se lo clavan abajo. 16 euracos de la mar salà os costó la bromita. Esa cuenta es para montarles un pollastre a l’ast, que si la carta pone 14 y 12, no pueden convertirse de golpe en 14, 54 y 12,72. Yo que sé, igual os cobraron el canon diyéi o la tasa manguitos-de-la-camisa. A saber…
En tot cas, moltes gràcies, que en el rollo mercadeo de sanmiguel no, pero estas mandangas si que tengo tendencia a tropezar…