Bueno, pues ya es tendencia, es inevitable.
Los ultramarinos van a propagarse como si fueran los nuevos Starbucks o el bulo de Ricky Martin, y finalmente dominarán el mundo.
Primero fue el Ultramarinos del Cabañal, luego el Ultramarinos Huerta en Cánovas, y La Chata Ultramarinos en Ruzafa, y cuando todo parecía tranquilo, llega a Valencia…
Ultramarinos Pope.
¿Qué es esto? ¿De qué va?
Donde antes estaba el Rokelin, en la esquina de la Alameda con Armado Palacio Valdés, han abierto another ultramarinos.

Siguiendo el rollete de los anteriores, tiene un mostrador con encurtido, salazón y chacinería, una oferta de laterío importante. Y, en este caso, espacio para aburrir.

El sitio es inmenso, techo alto, varios ambientes. Aún así, y reservando con antelación, solo he podido conseguir mesa para las putas 8 de la tarde, y mientras espero en la puerta a que me atiendan, veo a un par de personas que asoman la cabeza tímidamente para preguntar si hay sitio. Indudablemente, lo están petando muy fuerte.

Varios camareros tras el mostrador cortan jamón, abren latas, montan gildas y abren paquetes de papas, como si fueran un comando de élite de elfos de Santa Claus en el taller el día de antes de Navidad.
Nos sentamos en la parte del fondo, que está decorada como rural, con velas, lámparas con flecos y manteles a cuadros.
La carta necesita un repasito a nivel UX, porque tiene un montón de apartados, y cada vez que abres uno cierra el anterior, y es un poco incómodo leerlo desde un teléfono. Tienes una parte de de gildas, otra de cocas, tablas de queso y de ibéricos, conservas, salazones, mucha tralla, todo separado.
Decidimos empezar por la ensalada de perdiz escabechada.
Viene en montañita. Por debajo, veo hojas de rúcula, tomate natural, la perdiz, y unos cherrys secos. Al meter viaje con el tenedor, descubro que el núcleo es un picadillo de encurtidos, en el que aparecen también pimiento verde y pipas.
En general, ese es el sabor, a escabeche, a vinagre. Los cherry son muy curiosos, porque cuando los muerdes tienen textura de palomita de maíz.
Está guay, para ser una ensalada hecha de crudos y conservas, tiene cierto rollete.

Seguimos con las alcachofas confitadas.
Ñeh, son en conserva.
A pesar de que les han mantenido parte del tallo, tienen un sabor a limonazo que me las jode bastante. Llevan unas gotitas de salsa de ajo negro, que les dan un punto dulce, y virutitas de jamón, que la verdad está de puta madre. No soy fan de las alcachofas en conserva siendo plena temporada. Aún así, para ser una conserva, no están mal.

Hemos pedido dos carnes, la porchetta y el pastrami ahumado.
Ambas son tablas con lonchas muy finitas por encima y el pastrami es el claro winner por paliza.
La porchetta puede que te recuerde a un jamón de york un poco más seco, con mucho sabor a hierbas. Es un poco de esa familia, tal vez tiene algo de lacón, pero más aromático.

El pastrami te lo traen con unas rebanadas de pan de semillas tostadas, una mostaza y unos pepinillos, para que te montes el sandwich. Tiene un sabor muy cárnico, y los complementos le van al pelo. El rollete ese ahumado-picante-encurtido-mostazoso funciona solo. Muy interesante.

Vamos a meterle ahora a los pimientos del piquillo rellenos.
Nada. Sáltatelos. El relleno es una masa negra insípida y feculosa que no sabe a pescado ni a gamba ni a nada. Sabe a olvido y a derrota.
El caldito, por el contrario, es bastante sucable, pero yo diría que one more time, son de lata. No me dicen nada.
Bueno sí, me dicen “jódete”, y “pasa de nosotros”.

A nivel postre, el camarero nos guió como un sherpa hacia la tarta de calabaza. Es una tarta melosa, con un chorrete de miel y…
Mira, ¿sabes lo que es?
Es muy parecida a la que tienen en el Guisante Rojo, pero un poco peor. La del guisante sale más calentita y con Nutella. Esta está buena también, pero más dulzona.

Llega el momento de pedir la cuenta. En la puerta empieza a aglomerarse gente que está deseando sentarse para poder hablar del amarre de su barco, así que venga.
El precio del Ultramarinos Pope: 93,50 entre 4. A 23 y pico por persona.

A ver, este sitio tiene todas las de petarlo, por ubicación y por público objetivo.
No hay cosa que les guste más a los habitantes de la Alameda que un jamón y un vino, a la posible excepción de un chaleco acolchado y una gira de José Manuel Soto. Así que esto se puede convertir en un nuevo Albero fácilmente.
Tiene cosas que están bien, pero para mi gusto, al ser un lugar tan masivo, le falta magia. No va en la onda de La Chata o el Huerta, tiene muy poca cocina, es más de producto y conserva.
Así que mira, si un día te apetece esa onda, y tienes suerte de que hay sitio (cosa que intuyo que no va a pasar hasta dentro de un tiempo bien rico), échales un ojo.
Para mí es un Okey.
Un momento.
Estamos en la calle y son aproximadamente las 21:20. ¿Qué hacemos? Es pronto para ir a un bar o a casa, y tarde para llegar a ver los Lunnis. Ya estamos cenados y bebidos. Brainstorming.
En ese momento, alguien dice…
— Oye, he oído que hay una coctelería nueva en el Westin, donde hacen cócteles con algas y sabores marinos.
Y efectivamente, fuimos y tengo escrito algo sobre ese lugar, pero claro, no tiene nada que ver con el blog, así que a ver dónde lo publico, porque vaya tela.
En fin.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (3)
Francisco
El tipo que no para en casa. Y metes cocteleria, puestos de buñuelos, aquel almuerzo que te metiste en ese pueblo, la aldea donde hicieron una rave o el hotel burbuja donde duermes como las estrellas.
Teresa
A mi el sitio me encanta y los productos tieme mucho rollo
Eso si les falta rapidez en el servicio y eñ corte del jamon. Tiempo…
Jose
Sitio de batalla instagrameable. Producto regulero. Le pega diez vueltas el Patapuerca o incluso el Agustin Rico.