Rione 11, restaurante italiano con dueño italiano, lleno de italianor.
Está por Plaza España, pero en una de esas callejuelas que no vienen muy de paso, por detrás de la ONCE. Al lado tienes el Muff & Co, a dos minutos la finca roja, a treinta segundos el Bar Royal, y a un salto en pértiga, la sala Jerusalem.

El día que fuimos estaba solo el dueño, cocinando y atendiendo. Es un tipo hablador, te pregunta mucho, se interesa mucho.

Nos ofrece unas cervezas, unos cacahuetes y, mientras, vamos mirando la carta. Física, plastificada, no hacen pizzas, es un lugar de pastas y bocatas.

Junto a la puerta tienen un altavoz por el que están sonando todos los éxitos de 883, un grupo italiano de los 90. Okey, todo fluye.
El hombre nos cuenta que no tiene nada con salmón, porque no le ha gustado el que ha visto en el mercado y no lo ha comprado. También nos dice que las albóndigas de berenjena las ha cambiado por unas albóndigas de calabacín y ricotta. Vale, eso parece un fuera de carta, lo pedimos.
Salen bastante rápido, cuatro croquetillas rebozadas, de tamaño bien. Saben a calabacín saladito, a nuez moscada y podría ser que haya un toque de ralladura de limón. Por encima llevan un gurruñín de salsa de ajo negro.

Bastante sabrosas, teniendo en cuenta que el calabacín, hortalizalmente hablando, no sabe a nada, es la medusa de los vegetales. Aquí se me queda un perfumito en la nariz muy agradable. Molan, se notan caseras.
Probamos también el vitello tonnato. La carne pelín seca, la salsa bien. Ternera, tipo roast beef, con alcaparras, tomate cherry y unas hojitas verdes testimoniales.

Es correcto, no le vi tampoco una loca fantasía, y un poco en esa onda va la caponata.
Son verduras, es como un pisto. Lo he probado también en el Mimmo y en Entreblat. A veces le ponen hierbabuena, a veces almendras enteras. Esta llevaba almendra picada, aceituna negra, y según nos explicó nuestro colega, azúcar y vinagre, que tradicionalmente se le ponía al final por la conservación. Es un plato antiguo, se ve. Estos dos platos, bastante canónicos.

Llega la pasta, una carbonara. Tiene buena pinta, pero me extraña que traiga macarrones, cuando lo normal para este tipo de salsa siempre son pastas largas.
Con las pastas a veces me pasa como con las ciudades de Estados Unidos, me salen seguidas, Los Angeles / California, Houston / Texas, Boston / Massachussets, spaghetti / carbonara.
El hombre nos explica que a él le gusta más así, porque se ve que las rayas del macarrón absorben el huevo, y la salsa desliza, y… yo qué sé, nano, si quieres te lo crees, si no, no. Igual tiene toda la razón, igual es vendida de moto. Yo, mira, pa’ dentro.

El caso es que estaba buena, con la pimienta muy presente, y el guanciale saladito. La pasta hecha al punto, y el queso fundiéndose con el huevo. ¿Sabéis lo que no tenía? NATA DE MIERRRDA.
En general, una buena pasta. Tienes la posibilidad de que te la hagan con pasta fresca por 3 euros más. Si no has probado una carbonara de verdad, ésta te sirve.
Como postre vamos a por el canolo, que ya os sonará, porque es como muy típico italiano. Es un rulo de masa crujiente, relleno de una pasta de ricotta, que a veces es ricotta, a veces es lo que te quieran meter, porque yo los he probado hasta de chocolate con nata. Nos ofrece varias posibilidades, y al final elegimos pistacho y almendra. Parece de pastelería. Seguramente se compra hecho. Igual teníamos que haber pedido otra cosa.

El camarero nos saca tres limoncellos por nuestra cara bonita. No piloto yo mucho de trastos de estos, pero estaban menos dulces que los habituales y más orujosos, por lo que a mí, me gustaron más. Prefiero los licores que rascan.
No saca cuenta (se me olvidó hacer foto), y nos pide que pasemos a pagar dentro, porque el datáfono tiene agorafobia.
52,35€ entre tres, 17,45 a testa. Regalado para los tiempos que corren, aunque cierto es que no pedimos vino, ni mucha pasta porque la pasta de noche es canalla.
A ver. Bien.
Tiene una carta cortita, pero hecha con mimo, y las pastas frescas yo creo que molarán. Es un sitio bastante correcto, y el siguiente italiano interesante está, como cerca, en Ruzafa. Más mérito aún por la calle en la que está, y porque sea un tío solo el que tira del carro. Si vives por allí, es tu italiano de confianza.
Yo creo que es Okey.
Goza de amplio aparcamiento.