Xics, hoy hablamos de La Diez.
Pero la historia empieza un poco antes, en La Peluda.
Es un sitio que no me flipa demasiado, porque solo tienen una marca de cerveza, un baño en el que casi siempre hay cola, palomas porculeras, y en general no es mi lugar en el mundo. Pero, según dónde cenes, está estratégicamente bien situado.
Pues un poco eso, como íbamos a cenar lado, paramos allí a tomar algo y cuando veo que el camarero se acerca:
— Hola, ¿Nos puedes poner un…?
— No. Yo no tomo nota.
— Ah, ok. ¿Y nos puedes conseguir otra mesa? Van a venir tres amigos más, y…
— No. No consigo mesas.
Vale, rudo, pero sin problema.
La persona indicada para ello nos toma nota y nos consigue la otra mesa. Al cabo de un rato, pedimos la cuenta, y aparece de nuevo el primer camarero.
— Perdón. ¿Cuánto son dos dobles y un agua?
— No lo sé. Que alguien me pague la cuenta entera, y ya os apañáis luego entre vosotros.
— ¿Y si te quiero pagar solo mi parte?
— Pues mira la cuenta y divídelo tú.
— Guau, realmente eres el peor camarero que he visto en mucho tiempo. ¿Es por algo?
— Sí, me estoy preparando para el certamen de camarero mas sieso del mundo. Es este verano en Praga, y estoy entrenando ya.
— Ah, joder, haberlo dicho antes. ¿Podemos ayudarte en algo?
— Pues… ¿Podría sacarme los huevos y restregároslos por la cara a todos antes de iros?
No faltaba más. Procede.
RASSRASRASFRASFRAS.
Y tras eso, La Diez.
Sitio nuevo completamente enfocado a las milanesas, puerta con puerta con el Ultramarinos Pope.

Primera impresión: Limpio, modernete, amplio pero no enorme. Con un 10 brillando en la pared, en la espalda de un joven Maradona. La decoración es bastante minimal, pero se basa en eso, fotos de Maradona haciendo cosas con gente.

Un camarero, esta vez súper agradable, con acento venezolano, nos toma nota de las bebidas. Vino y agua. Nosotros mientras vamos mirando la carta.
Cuatro entrantes, 13 milanesas, tres postres. Eso es todo. Una opción vegetariana, que es la parmigiana de berenjena.
Cero pescado, cero verdura.

No pasa nada, sabemos a lo que hemos venido, están centrados en una cosa, y van a muerte con eso.
Vemos salir algún plato hacia las mesas de la terraza y, por tamaño, vemos que son compartibles, así que vamos a pedir cuatro.
Pero antes, los entrantes.
— La picada de embutido, por favor, y unas empanadas.
— No nos queda picada de embutido.
Oh, fuck. Solo tenemos dos opciones más. Un bikini, que al ser siete no podremos compartir, con lo que habría que pedir al menos tres, o bien…
— ¿Queréis una burrata?
…
Hello darkness my old frieeend…
— Sí, una burrata, va (dice alguien de la mesa).
I’ve come to talk with you agaaain.
A los pocos minutos llegan la burrata y las empanadas.
Algún día me extenderé en esto. No tengo nada contra las burratas como ingrediente. Tengo algo en contra de que todo el mundo las prepare igual, en una ensalada con tomate y pesto.
Es aburridísimo y repetitivo.
Por suerte, esta vez, para variar, llega en una ensalada con pesto y tomate.
Se supone que es tomate corazón de buey, cosa que dudo ampliamente por tamaño y forma del tomate.
¿Qué te voy a decir, nano? Has probado 500 de éstas en el último mes. Pues eso. Es otra.

Nada, paso, voy a por las empanadas.
Vale, aquí tenemos algo. Horno, crujiente por fuera, tierno por dentro. Calientes para siempre.
La masa recuerda a empanadilla de panadería, con ese tostado y esa textura un poco hojaldre-pero-no.
Sin duda, setas y trufa es la winner.
La de ternera a cuchillo tiene bastante presencia de pimiento…
A ver, están buenas las tres, sin duda, pero ya te digo. La de setas.

De todas formas todo esto es baladí (qué palabra tan guapa, ¿eh? Baladí, cómo la he clavado ahí, como quien no quiere la cosa) frente a las milanesas.
¿Qué pasa con ellas? Hemos pedido cuatro, y las veo aparecer por el horizonte, como a Gandalf con la luz del tercer día.
Grandes, majestuosas, en bandeja de metal. Hemos pedido la clásica (como para tener una base, para saber de dónde partimos), la especial del mes, la andaluza, y una porteña, con dos de patatas fritas.
Vamos cortando trozos de todas, y probando un poco de cada una. Quiero hacerme una idea general, y después ir concretando. Hay dos de ternera y dos de cerdo.
En un primer viaje, están todas ricas.
Muy finitas, rebozado crujiente, pero nada aceitoso.
Una lleva lonchas de jamón con pimiento verde, la otra trufa, parmesano en polvo y un huevete pochado, y la otra, brie y cebolla caramelizada.
La básica solo lleva una rodajita de limón para que exprimas.




Te diría que a priori, mi favorita es la del huevo. Todo va bien, pero hay un problema que se nos va haciendo muy presente a todos. Según vas comiendo, el rebozado te gana.
Es así. Las milanesas, es cierto que las aplastan y tal para que queden finitas, y que tienen que ser así, pero estas son demasiado finitas.
Cada capa de rebozado es tan gruesa como la carne, que es prácticamente del grosor de una moneda de cinco céntimos. La carne no tiene protagonismo, se pierde.
Llega un momento en el que te da igual que sea ternera que cerdo, que la caja de un DVD porque solo sabe a rebozado.
Las patatas bien, eso sí. Son caseras, o lo parecen. Nos molaron a todos.
No quisimos postre, estábamos bien petaditos, y preferimos acabarnos la segunda botella de vino.
¿Vamos con la cuenta? Venga ahí.
139 entre 7. En la cuenta pone 8, pero éramos 7. A 23 pavos.

Bueno. ¿Qué le veo yo a este sitio?
Veo que obviamente, al haberse centrado mucho en un producto, la carta se queda cortita.
Veo que ese producto es correcto, pero le falta chicha.
Los toppings guay, pero yo necesito más carne, más mordisco, más jugoseo.
Veo también que puede ser un sitio que puede funcionar de locos para cenas masivas, en plan de 15 o 20 personas, porque las milanesas son para dos, y muy compartibles en general.
Entonces, empanadas buenas, patatas buenas, milanesas hay que meterles carne, postre no lo probé, no lo sé, culpa mía, y camarero muy majo = Sitio Okey.
Eso sí, enfócate, ten claro a lo que vas, es mayormente carne rebozada. No es para todos los gustos. Así que como dijo el mismísimo Maradona: «¿Cómo que milanesas? Píntate una ahí ahora mismo».
Ja ja ja, grande, tremendo Diego.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (2)
Otis
Muchas cosas mal. Las empanadas 2 quemadas, y la otra reventada (vean el «repulgue», o cierrre). A ese precio, excesivo si calculamos escandallo y multiplicamos por x3.3 o x4 que suele ser lo normal, no tendría que haber esos errores. No estamos pagando la experimentación tampoco, son el abc de la comida de pobres. O los ingredientes son carísimos y lleva mucha trufa de la mejor, etc, pero tampoco son admisibles esos fallos clamorosos.
El tomate no es corazón de buey, sino de los chungos que sabe a porexpan, esa rúcula nació en una bolsa, y la burrata, moderno invento italiano, no se comió jamás en Argentina, ha llegado cuando aquí, como lucrativa moda de restauradores perezosos. Mi consultora argentina que me ha asesorado (horrorizada) para este comentario ni sabe lo que es.
Y lo imperdonable que me hace escribir aquí: las milanesas especiales (o «a la pizza»), en parte útiles para reciclar carnes de ayer, o muy secas, llevan los ingredientes, abundantes como todo en la cocina popular argentina, extendidos por TODA LA SUPERFICIE DE LA MILANESA. Como una pizza, que en Argentina apenas tienen borde y más cantidad de queso e ingredientes que en Italia.
Mire, aquí cuentan la historia de su invención, para camuflar una milanesa quemada: http://ysigoenlacocina.blogspot.com/2010/04/milanesa-la-napolitanamilanesa-la-pizza.html. En un buscador de imágenes o en el excelente blog antigourmet (o en su bodegón) puede ver muchos ejemplos de milanesas a la pizza. Lo de este restaurante es una broma, con los 3 pedacitos de queso.
Mi asesora argentina sigue indignada. Como yo si llaman paella a un arroz con una gamba y un mejillón en el centro, «para compartir». Más con un sobreprecio parecido a las empanadas, injustificable. Y encima la carne, finita y que ni se nota según esta crónica. No hombre no.
Si lo hicieran bien, que pongan los precios que quieran, pero es que encima lo hacen mal, cosas que son el abc de la comida popular y barata allí. Acá un vídeo cortito de un bodegón de un excompañero de equipo de El Diego, de su mismo barrio. https://www.youtube.com/watch?v=ZMYe6at3f94, por ver comida argentina de verdad. El pan de carne hace pintaza.
Yo creo que la afición que une a los dueños con el Diego es otra que todos sabemos, que no la comida, y por eso quedaría un poco fuera de lugar en este blog. O no, que pa eso es suyo y se lo fxxxx como quiere, pero no dilapide su prestigio, xic.
Tipo, está vd. blandeando con lo que dijo hace mes y medio de no regalar los okeis, vuelva al buen camino.
Saludos.
El Tipo Que Nunca Cena En Casa
¿Pero q prestigio, kabesa?