Hay dos cosas que debes saber sobre Ca’Miri, L’Afganès: una es que no debes confundirlo con Camiri el que está en abastos, es otra movida distinta. Y otra es que este lugar es a la comida afgana, lo que L’Olegari y La Finestra son a las pizzerías.
Con que sepas eso ya me conformo, pero si quieres saber más…
Es de noche, tengo hambre y me dirijo con mis colegas al interior del local. Cada mesa y cada silla son de su padre y de su madre, hay fotos de Kabul en las paredes, y una barra justo delante de la cocina, tipo mostrador.

Junto al tirador (Alhambra roja) hay cestos con servilletas, platos, cubiertos y saleros. Se pide en barra, ellos luego te lo llevan, pero no te atienden en mesa.
— Hola, ¿pido aquí? ¿Tenéis carta?
— La carta está escrita en la pared.
La chica me señala un trozo de pizarra en la pared del fondo, en la que hay escritos siete u ochp platos, de los cuales dos son “patatas fritas” y “ensalada”, pero también veo espada de kebab y falafel.

— Ah, ¿esto es tipo libanés? ¿Es el mismo tipo de comida?
— Bueno, esto es comida afgana. ¿La has probado alguna vez?
— No… Pero me muero de af-ganas de probarla, JAJAJAJA.
En ese momento suena mi teléfono.
—¿Sí?
— Señor, soy Meredith. Acaba de dispararse la alarma del indicador de subnormal profundo de la central. Como bien sabe, tiene usted un cupo de ese tipo de comentarios al año, y este último acaba de costarle todos los créditos que le quedaban. Me veo obligada a pedirle que se modere, o volverá a caernos otra multa del ministerio.
— Ay, la verdad que he estado bien ahí, sí. Qué risa. Ok, Gracias por el aviso, Meredith.
— De nada, señor.
— Bueno, pues dos espadas de kebab.
Al final volví a la mesa y había pedido prácticamente toda la carta. También pedimos una botella de vino, de la única que tienen, solo hay de un tipo, así que la elección es fácil.
Lo primero en llegar son las empanadas. Dos por ración, más grandes que una empanadilla, menos que una pizza doblada. Masa muy finita, no distingo muy bien si frita o al horno. El interior lleva patata y cebolla. Bastante sosina, no tiene mucho rollo. La sirven con una salsa picante, que lo sube un poco, pero no suenan campanas. Falta punch.

Después llegan las dos espadas a la vez, la de pollo y la de ternera.
Dos panes de pita, enrollados rollo fajita, con relleno de tomate, cebolla, lechuga, pepino y yogur. Las carnes vienen ensartadas en unos cuchillos planos, y tú los sacas y te los comes.
La verdad que esperaba la carne más especiada y más potente. Está bien, es funcional, pero no es un sabor que vayas a recordar. De nuevo es bastante plano.


Seguimos con los falafel. Tres por ración, con la misma ensalada que va dentro de los kebabs, unas gotitas de salsa de yogur por encima y unos triángulos de pan.
Yo creo que estos los he probado en otro sitio, pero no recuerdo dónde. ¿Tal vez en el Kaña Makan? Buah, qué recuerdos, menudos bocatas de carne picada me he hecho yo allí yendo de resacón.
Bueno, pues un falafel, ajo, harina de garbanzo, hierbas, si el del Kukla es un 10, estamos hablando de un 5 o un 6.

Vamos con el arroz. Un bol de arroz blanco con pasas, y creo que dátiles u orejones o algo así, con tres tipos de acompañamiento. Hay una cazuelita con espinacas, otra con patata guisada, y una tercera con granada, pepino y cebolla, que es la más fresquita.

Bueno, pues un arroz largo, tipo basmati. Cuando lo mezclas con lo demás tira que te va, pero es que a ver, es arroz blanco con patata y pasas. A mí no me… qué quieres que te diga. Pues eso, pues arroz con cosas, con frutica y pepino. A esto le falta un poquito de carisma como plato.
Por hacer el tour completo, pedimos la tabla degustación. Se trata del mismo combo del arroz, mismo bol, mismas cazuelitas, pero sumándole una albóndiga, unas judías, y un poco de pollo desmigado, que la verdad, era lo que estaba más rico de todo. La albóndiga también está muy guay, me pregunto por qué no tiene entidad de plato propio junto con el pollo. Yo me hubiera comido un bocata de estas cosas, tal vez con una pintadita de la salsa picante.

Estamos ya llenos, pero no tengo la sensación de haber comido nada nuevo ni nada por lo que volvería. Pedimos una tarta de queso (de postre tienen eso o tiramisú, no hay nada afgano) que vemos en un bote sobre la barra.

Pedimos la cuenta: No llega a 14 pavos por persona.

A ver, tiene sentido. El local funciona igual, y está en el mismo local en el que estaba L’Olegari. No me extrañaría que fuera de los mismos dueños.
Es un sitio de picar. Vas con tus colegas, te tomas 40 cervezas, y de paso pues cenas algo barato, que está bien. Si te pides un kebab para ti solo, y un arroz para compartir, pues ya has echado la noche.
Como dato a meditar, os diré que en los baños, en lugar de letreros, o fotos indicadoras, una puerta tiene la foto de un tranvía, y la otra de un espantapájaros. Ya verás tú dónde entras.
Me parece que por 14 pavos con vino, está bien, pero claro.
Okey si pasas por allí.
Goza de amplio aparcamiento.