Escalera del metro de la calle Colón. 20:30 horas.
Estoy de pie entre la marabunta de gente que sale, esperando a la chica que ganó lo que organizamos en Navidad. Tal vez recordéis que, hace un par de meses, hicimos un concurso en el que anunciamos que invitaríamos a la persona ganadora a cenar, y haríamos juntos la crítica de un local. Ganaba el que nos mandara la mejor respuesta a «¿Por qué deberíamos invitarte a cenar?». Una tremenda cachonda respondió lo siguiente:

Me gusta la gente que vive tan al límite. Veo a una mujer con un bebé al brazo, subiendo por las escaleras. Mascarilla negra, ojos azules, pinta de que le piden el DNI para beber en los bares.
— Hola.
— Hola.
— Sé que eres El Tipo que Nunca Cena en Casa. A nadie le queda tan bien un traje.
— Y tú debes ser Diabce. Encantado.
— Mira, este es tu hijo.
La mujer aparta la mantita que cubre al bebé.
— Oh, fantástico, le has puesto unas gafas de sol a una calabaza.
— Esperaba que no te dieras cuenta.
— Ja ja, oh, por favor, tranquila. Me encanta que estés puto loca.
Entonces ella señala al joven con abrigo que está a su lado.
— Este es mi novio, puedes llamarle Big Casino Breaker, es mi +1 esta noche.
— Encantado también.
— Hola, yo no sé de qué va esto. Me han dicho que se cenaba.
— Y te han dicho bien. Por favor, seguidme. Quiero saberlo todo sobre vosotros.
La noche refresca. Diabce, Big Casino Breaker y yo echamos a andar hacia el restaurante donde nos esperan mis colegas, conversando un poco de todo. Tal vez os suene.
Alenar es una bodega muy blanca y muy arreglada que está en la peatonal que lleva del Zara de Colón a los Lys. En la carta tienen cositas de picar, bocatas y unas cocas. Todo es aparentemente correcto y estiloso, desde los camareros con uniforme, hasta el banco de caballas azules que hay pintadas en la pared. Es otro proyecto de los Two Many Chefs, que son los mismos de El Carrer, en Campanar, y los Rollester Wraps, dato que le doy a la gente que sepa de qué va esto.


Escaneamos el QR, los platos van con foto.
Nos pedimos una botellita de tinto Monastrell (Tesoro del capitán), y empezamos con el atún ibérico, que es un atún ahumado, infusionado con aceite de jamón, para darle un poquito de rollo.

No está mal, realmente tiene una textura áspera que podría recordar algo al jamón, pero el sabor, más allá de lo salado, no tiene mucho que ver. Por debajo lleva tomate rallado y, por encima, lo que parecen unas huevas, pero que creo que son perlitas de aceite. No entiendo exactamente por qué un atún debería saber a jamón. Tal vez un poco escaso. Tomar preferiblemente con pan.
— Entonces, es así como funciona.
— Exfacto, fe queda en un fitio y fe comen cofas.
— Fascinante.
Vamos con el steak tartar. Lo sirven con unas tostaditas que llevan mantequilla de trufa. De nuevo, pelín escaso para casi 17 pavos que vale el plato. La ración tiene el tamaño de un posavasos pequeñito, y prácticamente el mismo grosor. La carne es buena, predomina un mostazaje potente, y un dulzor, que creo que es de los pepinillos. También lleva algo como de cebolla, pero no pica mucho, y no sabría decirte si lleva yema. Ya te digo, un poquito atracazzo, pero se puede seguir adelante.

Las «bravas» van entrecomilladas. Eso nos llama la atención, y el camarero nos dice que posiblemente es porque están hechas al horno. Mi teoría es otra, creo que lo han entrecomillado porque no hay absolutamente nada de bravío en ellas. No es que no piquen, es que van en contra del picor, son un SPA para la lengua. No son bravas, ni siquiera están un poco enfadadas, son unos daditos de patatas funcionarias relajadas, súper a gusto con la vida, con dos salsas, de las que una es mayonesa, y la otra, pues algo rojo.
— Guau, algo rojo. Me flipa la finura de tu paladar.
— Me sucede a menudo. La gente empatiza mucho con que no tenga puta idea de lo que estoy hablando. Se aplaudió mucho mi definición del último plato de Bernd Knöller en Gastrónoma como «una cosa con cosas».

Los canelones de pollo y boletus estaban muy de puta madre, eso lo tengo clarísimo. De hecho, intenté pelearles un Golden Okey que al final no salió, pero para mí, un poco se lo merecen. Llevan boletus, pero eso es lo menos interesante. El gratinado bien, levemente hiloso, la pasta okey, aunque tal vez un poco blanda para mi gusto, pero amigo, el rollo lo tiene el pollo. Es un pollo que sabe a hierbas de la vida, sabe a romero, o a tomillo o algo así, pero muy fuerte, y muy jugoso, muy sabroso. Oh, qué rico está, la madre que me parió, además a 7 pavos. Platazo de las grandes leyendas, esto es lo que te tienes que pedir. Rellenaría todo mi tracto digestivo de estos canelones como si fuera un oleoducto de la British Petronor.

Después pedimos dos cocas, una de pulpo seco y berenjena, y la otra de foie con manzana. La base es parecida al pan que te sacan en el Aprendiz, es como alargada y gruesita, más mollosa que crujiente.

La de pulpo sáltatela, porque me parto yo la polla muy fuertemente de los trozos de pulpo. Finos como un papelillo de fumar OCB y del diámetro de un euro. La berenjena asada, pues un abrazo, berenjena, y luego creo que lleva un poquito de salsa de algo o queso o algo así, pero que te va a dar igual. La de foie con manzana ni la probé porque olía a dulce de lejos que embafaba, y yo ya empiezo a estar lleno.

Vale, hay que ir terminando, nos pedimos un par de bocatas. Los bocatas eran uno de pollo asado con ali-oli de tomillo y el otro de figatells. Tamaño palmo. El mejor el de pollo, pero creo que era el mismo pollo de los canelones, o si no se le parecía mucho. Lleva unas patatitas asadas por dentro, que muy bien, y un ajoaceite suave, que muy bien también. Al mezclarse con el pollo desmigado, se crea como una cremosidad, parecida a una ensaladilla rusa, que con el ajo, y las hierbas del pollo, hacen que un guau, evolucione a yeah. Pan crujiente, seguramente lo hacen ellos, aunque no es la hostia de pan, es un pan correcto pataquetoso. El limón del ajoaceite no se lo pillé mucho, o a lo mejor pensé que era del pollo.

En cuanto al de figatells, pues nano, figatells con habitas baby, es que eso no puede fallar bajo ningún contexto, es un seguro de vida. Vienen cuatro por bocata, con un poquito de cebolla y creo que un chorrete de mayonesa. Espectaculares. Eso sí, casi 9 pavos por bocata, ojo con eso. Por sacarle algo, tal vez demasiado suave para lo que me parece a mí que debe ser un figatell, que debería estar más potente de hígado.

¿Postre? Wow
El camarero nos recomendó a todo recomendar un tiramisú. Textualmente nos dijo que «la gente suele comentar que debería tener premios». Okey, compramos. Te lo sirven en un tarrito. Lleva galleta de jengibre y gelatina de ron. El mascarpone va por encima en una especie de espumita y… oh, tiene un toque de naranja. Chocolate y café también presentes. La verdad es que está muy muy bueno, very dulce. ¿Para darle un premio? Pues no sé, depende qué premio, a lo mejor un Grammy no, pero también habría que ver quiénes son los otros nominados. Yo me quedo con que está bueno.

Pedimos la cuenta.
— Déjanos pagar nuestra parte.
— Oh, por favor, de ninguna manera, sois los ganadores del concurso y no…
Mirada a la cuenta. Todo pasa a blanco y negro. Cámara lenta. Pulsaciones deteniéndose. Sudor frío. Fuerte contracción anal.
135 pavos entre 5. A 27 por persona.

Saco mi móvil del bolsillo.
— ¿A quién estás llamando? Te has quedado pálido. ¿Hay algún problema?
— Tranquilos, esto no va con vosotros. Un momento. Cógelo, cógelo, cabrón…
Tuuut, tuuut
— ¿Sí?
— ¿Hans?
— Oh, no.
— Oh, SÍ. Hans, 27 pavos por persona. Necesito que desvíes activos y trofolles dividendos desde las cuentas de las Islas Caimán para pagar esta cuenta.
— ¿Qué ha sido esta vez?
— Nos hemos pasado pidiendo. Cuatro bocatas, dos botellas de vino, el steak tartar…
— Maldita sea, ¿cuántas veces tenemos que tener esta conversación?
— ¡No te pago para que converses! ¡¡Te pago para que muevas tu culo ario hasta la puerta del banco, llames al timbre…!!
Big Casino Breaker se acerca al oído de su chica.
— Cariño, ¿qué está haciendo?
— Está llamando a Hans, su contable suizo. Es el que se encarga de movilizar pasta y fundir el oro cuando hay que pagar una cuenta desorbitada. Me siento muy afortunada de estar presenciando esto, no pasa mucho. Mi amiga Reme se va a morir de envidia.
— ¿Pero esta persona es real?
— Ssshh, calla, ya ha colgado.
— Bueno, xics, lamento que hayáis tenido que ver esto. Nos encontramos ahora mismo ante un dilema moral de puta madre. Por una parte, la comida es de Okey Alto. Pero, por culpa exclusivamente nuestra, de haber pedido como si no hubiera un mañana, el precio se pasa y tenemos que ponerle un No Okey.
Han sido cuatro bocatas, dos cocas, unos canelones, unas bravas, el steak tartar, el atún, un postre, la luz, el agua y el gas para cinco. Eso es un abuso de poder. No son maneras, son alardes. Por eso, y tras mucho meditarlo, voy a crear una singularidad en el espacio-tiempo, un Okey de Schrödinger, y el Alenar es a la vez un Okey alto y un No Okey. Hay otros sitios (Goya, Apotheke, Sastería, Mo…) que se pasan de precio pero creo que esta es la única vez que siento que ha sido culpa mía. No puedo cargar en mi conciencia con eso.
Apuramos unos chupitos de Mistela que nos sacaron by the house, y echamos a andar hacia la noche.

— Bueno, pues así es como hacemos las críticas, espero que os haya gustado.
— Desde luego, la cena riquísima, y tú eres mucho más sexy en persona.
(Nota: puede que ese comentario no ocurriera)
— Pues llega el momento de despedirnos. Chicos, tomad, tengo esto para vosotros.
— ¿Qué…? ¿Unos dossieres?
— Son vuestras nuevas vidas. A partir de mañana seréis Sven y Hëlga Günnerson, una pareja de pescadores de Kirkenes, al Norte de Noruega. Tenéis una cabaña, un barco y dos perros. A Sven le gusta patinar sobre hielo, el rock de los 80 y coleccionar cupones de descuento. A ti, Hëlga, te gusta tejer jerseys y la danza contemporánea.
— Pero… no puedo irme a Noruega, tengo una plaza, soy funcionaria.
— Es por el tema de mi anonimato. Pero tranquila, te hemos mantenido la plaza, pescar salmón es del tipo B, no está nada mal. Tienes seguro dental.
Me di la vuelta hacia Colón, a tiempo de ver como dos croquetas con traje negro y gafas de sol aplicaban unos pañuelos con cloroformo y metían en una furgoneta a Diabce y su chico.
Bueno, a Hëlga y Sven.
Segundo año de vida del blog, segunda pareja de invitados a cenar, primera singularidad galáctica de Okey. Desde luego, ha sido una noche interesante.
Llevaré a esos chicos siempre en mi corazón, y les recordaré siempre que pida salmón noruego.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
juan luis
M e gusta la linea que llevas para describir la calidad de lo que comes y recomiendas.Felicidades