—Meredith, ¿tenemos los resultados de la encuesta de Instagram? ¿Dónde quiere la gente que pidamos hoy?
— Señor, hay un empate entre el Rollester Wraps y el Toshi. También han quedado muy bien Manaw, Bonarda y Okay Lah. Una serie de desubicados han votado por sitios que, obviamente, se salen de los parámetros de precio, y tiene dos propuestas sexuales y tres amenazas de muerte.
— Bien, clásico martes. Vamos a por el Rollester Wraps, pues. Tráeme mi sombrero de pedir online, por favor. Y pon “Roll with it” de Oasis en el equipo.
— Enseguida, señor.
Vamos a ver de qué va esto. El nombre ya te da una pista: son wraps. En la web tienen el menú, una pequeña declaración de intenciones y una foto del cocinero haciendo un olrait. Por lo visto no tienen local físico, han empezado directamente con el delivery.
Las propuestas son bastante originales, todas tienen muchos ingredientes, muchas salsas, y ninguno se parece a un wrap clásico. No te esperes la cassic fajita o el classic kebab. De hecho, hay uno de hamburguesa y uno de sushi, por poner ejemplos. Muy colorido todo.
— Vale, vamos a ver qué lleva éste… carne de cerdo, mango… ¿¿Mermelada de bacon??
Tenías mi atención, ahora tienes mi interés. Atrevido y a la vez guarro.
Tienen cuatro entrantes, dos son movidas de pollo, unos nachos y unas patatas. Me decido por las alitas y los nachos.
Hago el pedido. Al cabo de un rato, el repartidor llega con dos bolsas grandes de papel.
— Hola, pedido para El tipo que. ¿Sabes? Es curio…
— Gracias, hasta luego.
Todo el packaging está bastante cuidado, la mascota es una rana que hace wrap. Hay una bella coherencia en los envases.


Empezamos con las alitas de pollo al horno, bañadas en salsa oriental BBQ de origen cantonés. Vienen seis, la salsa tiene un punto muy importante a hoisin. Sabe como a la salsa que se le pone al pato Pekín, pero más dulce y un poco más suave. Textura melosa, pringue poderoso, aconsejable el acopio de servilletas.

Luego fuimos a por los nachos, con una salsa que consiste en una mezcla de aguacate y edamame, servido con una pizca de especias asiáticas. El resultado es una suerte de puré, más denso que el guacamole, menos que el cemento, con una especie de polvito de cayena por encima. Los nachos son caseros, se nota, se siente. Algunos de hecho están muy marrones porque están más fritos. Todo okey, altamente apetecible. Contundente.

Y llegamos a los wraps. Vienen en unas cajas alargadas, y envueltos en un papel atado con una cuerdecita. Alguien le está poniendo mimo a la presentación. Mola.
¿Qué lleva el wrap Jamming? Pues cerdo cocinado al estilo jamaicano con mermelada de bacon, combinado con lechuga, pepino, mango adobado con salsa Chamoy, mayonesa de sésamo, cebolla crunchy y unas gotas de salsa sriracha. Mucha tralla, probemos pues.

Oh, está de puta madre, tiene un puntito predominantemente dulce, afrutado. El sabor es muy interesante, poco común. El problema que yo le veo es que hay demasiado de todo como para que nada destaque. Osea, tú le pegas bocao, y está bueno, pero creo que hay mil millones de sutilezas que no terminas de pillar, porque son demasiadas. A no ser que seas cinturón negro de sommelier, o un perro del aeropuerto, dudo que encuentres las notas de sésamo, que seguro que están ahí, pero que pasan desapercibidas, enterradas debajo de otros tantos sabores mucho más potentes. Es como alguien con los ojos muy bonitos en una mascletá.
No obstante, sigue estando rico. También es complicado probarlo todo a la vez, a no ser que estés acostumbrado a meterte cosas cilíndricas muy grandes en la boca pero, como decían los curas de mi colegio, todo es ponerle voluntad.
Siguiente wrap, Gospel. Cordero al pastor aderezado con piña y chiles, combinado con salsa Nuoc Cham, yogur con tamarindo y hierbabuena, salsa kimchi, mix de verduras (col china, pepino y cebolla morada), y coronado con cacahuetes fritos, cebolla crunchy y una pizca de cilantro. Lo mismo te digo, muy rico, pero avalancha. A ver si tienes cojones a encontrarle el toque de hierbabuena. También sabe afrutado, pero se nota el cambio de carne. Muy okey.

Tienen dos postres, una tarta de queso y un brownie. Pedimos el brownie.
El brownie es de chocolate negro ahumado, con una pizca de chipotle y trocitos de pistacho. No le pillé ni el ahumado ni el chipotle. Sí que tiene un sabor muy rico a cacao, oscuro, amarguito. La sopa de chocolate pega un poquito más en dulce. Creo que habría que potenciar un poco más el ahumado y el picante, para que fuera realmente distinto. La textura es cremosona, de estas que pegas la lengua al paladar y ahí se ha quedado.

El precio del Rollester Wraps: 35,75€ entre dos, unos 18 por persona.

Está muy bien de precio, y la propuesta es muy original. La próxima vez me pediré uno que lleve menos cosas y que sea menos dulce, porque igual entre las alitas, las frutas y el brownie me pasé un poquito de sugar.
Echadle un ojo, porque no hay muchas cosas parecidas.
Okey alto, sigamos la evolución de esta gente.
Goza de amplio aparcamiento.