Xics, hey, por aquí. Creo que tengo algo. Atisbo de magia.
Por una serie de locas carambolas de la vida, me llegó un soplo hace unos días. Estaba en mi despacho cuando…
— Señor, tiene una llamada de Herbert.
— ¿Herbert? No caigo ahora mismo…
— Herbert es su croqueta infiltrada en Tres Forques. Parece exaltado.
— ¿Tresf…? Pásamelo. Cancela mis reuniones de esta mañana. ¿Sí? ¿Herbert?
— ¿Hola? ¿Señor?
— ¿Qué sucede?
— Oh… Verá… Estoy muy nervioso. Creo… creo que he encontrado algo.
— ¿Dónde?
— En Archiduque Carlos.
— ¿En Arrrchiduque Carlos, nanno? ¿Estamos locos? Nos habrían saltado los avisos en la central. Archiduque es una zona yerma.
— Verá señor, de eso se trata. No está a la vista, sino que está como por detrás, en una paralela. En medio de la nada, y enfrente de un parque.
— Ajá.
— No tiene redes, no tiene web. Es un fantasma. La única prueba de que existe son 140 reseñas en Google. Pero tiene que ver las fotos. Mire, acabo de mandarle un correo.
— A ver.
Hostia puta.
Herbert tenía razón. Estas no son fotos de platos corrientes.
Hay mucho color, hay montaje bonito, hay arroces, hay brotes. Este tipo de platos me llevan a algo tipo el Camaleón, o El Aprendiz. Es extraño que esté tan oculto.
— ¿Las está viendo, señor?
— Las estoy viendo, Herbert. Ya lo creo que las estoy viendo. Tomate el resto de la semana libre, y dile a administración que te dupliquen la prima por descubrimiento. ¡Meredith!
— ¿Sí?
— Mesa para cuatro, esta noche en Munart.
Cuando llegamos son las nueve y poco. Desde lejos aún veo cómo terminan de subir las persianas.
Tiene una terraza, que seguramente será muy aprovechable en verano, pero hoy hace más frío que cuando el Yeti se fue a Baqueira, así que obviamente preferimos dentro.

El interior es curioso, es como que está a medio decorar.
Hay un asiento acolchado negro que va por toda la pared, pero hay pocas mesas, y son mesas de terraza de cerveza El Águila.
En el centro del salón hay una columna con hojas decorativas.

Me llama la atención el silencio, porque no hay hilo musical. Según vamos llegando, también va habiendo un goteo de gente, y el local se va llenando poco a poco.
Parece que solo hay dos personas llevándolo.
Un chico en cocina, que lleva una chaquetilla con el casco de un strormtrooper de Star Wars en el pecho, y una chica en la sala, con una trenza que denota tremendo pelazo.
Cuando la sala está casi llena, ambos salen un momento del local por la puerta.
No sé muy bien qué está pasando, pero a los dos minutos, ambos entran, y ella va escribiendo en un bloc. Creo que han estado acordando los fuera de carta.
El local está lleno como al 70 por cierto. ¿Solo dos personas van a poder con esto? Quiero verlo.
Él se mete en la cocina, que, por cierto, es abierta y permite ver lo que hace. Ella le da un trago a una lata de Monster que hay tras la barra, y de repente…
Go.
— Aquí os traigo las cartas. Hoy no tenemos croquetas ni tabla de jamón, pero fuera de carta tenemos pulpo a la brasa, que lo cocemos a baja temperatura, y viene con un parmentier, a dieciseis euros. Gamba roja, a nosecuanto la unidad, entrecot de nosedonde a tantos euros, un plato de setas de temporada con yema de nosequé…
La chica empezó a detallarnos al menos seis platos fuera de carta, cada uno con su precio y su elaboración. Súper profesional.
Las cartas son unos folios impresos dentro de unas fundas de plástico, lo que me indica que deben ser bastante cambiantes.
Fenomenal.
Empezamos con zamburiñas con lima y ají amarillo. Muy sencillas pero muy ricas.
Vienen 2 por 4,50.
La conchita, con la zamburiña braseada, el chorrete de lima, que al marisco siempre le pega, y la gotita de salsa de ají.
Mmm, qué guay. No tiene nada, pero es un aperitivo perfecto, como las gildas. Es picante, es ácido, y es marisco. Un bocadito para empezar.

Después la clásica ensaladilla rusa.
Es muy cremosa. Viene con unos hilillos de wakame por encima, que le dan un toquecito guapo.
La parte de abajo, el grueso, parece puré de patata con mayonesa, es como muy untable, y de vez en cuando, aparecen trocitos de zanahoria.
Hay también lascas de bonito, cebolla encurtida, y unos cherries que son más por decoración que otra cosa.
Bastante sabrosa. Echo en falta tal vez el elemento crujiente para hacer barquita, pero siendo yo una persona bastante harta de ensaladillas, esta me entró fácil. Es de las buenas.

Venga, plato fuera de carta. Setas de temporada con jugo de carne.
Buah, esto está que flipas. La seta sabe a brasa, a ahumado.
El jugo de carne es una salsa muy densa que tiene algo como romero, o tomillo, algo de ese palo.
Las patatas son pequeñas bolitas amarillas, como minions, que están por alrededor, y creo…
¿Es posible…?
Me da la impresión de que la yema del huevo está completamente líquida, mientras que la clara lleva puntilla. O son de huevos distintos, y han hecho un empalme, o hay cierta maestría en el freír.
Bueno, la combinación funciona a topor. Es una vuelta extra al clásico huevo poché con puré de patatas y trufa. La seta sabe a seta, que no es algo tan fácil de encontrar. Está muy bueno.

Más. Gambones con teriyaki y mayonesa de lima.
Hostia puta, qué cosa.
Es un gambón que parece la pierna de un bebé. Un buen tronchaco, de los que crujen cuando los muerdes, muy carnosos. Rebozados en panko.
Las salsas le vienen muy bien, el teriyaki le da dulce, y la mayonesa, un poco de cítrico, y suaviza el rebozado.
Creo que ha aparecido una mujer para echar un cable en cocina, pero la verdad es que hasta ahora, todo ha salido a tiempo. Todas las mesas tienen algo.
El cocinero no para de montar, saltear, y domar llamaradas que salen de una sartén, y la camarera, a pesar de estar sola, sigue sonriente y bonica.

Brioche de steak tartar.
Viene con un huevete de codorniz por encima.
La yema tiene mucho protagonismo en el bocado, así como la mantequilla del brioche. Suave. Creo que la carne te hubiera permitido un aliño un poco más potente.
Es un bocadito goloso, casi dulce. La carne está cortada en daditos muy pequeños.

Pollo crujiente.
Esto fue realmente lo menos interesante.
Está bien, porque al final, pues es un pollo marinado, rebozado en el mismo panko que los langostinos, y con una salsa picante por encima, que lleva algo de kimchi.
Es muy salado, muy crujiente, y el picante recuerda un poco a la sriracha. A esto le falta una vuelta.

Nos terminamos el vino, y sucamos el pan en los restos. Nos ofrecen dos postres.
Uno es una crema de mascarpone con frutos rojos liofilizados, y la otra, la classic tarta de queso. Vamos con esa.
Desde la mesa, veo cómo la chica de la trenza mayestática corta el primer pedazo de una tarta que está sin estrenar, con una precisión cirujana, y os juro que casi pude escuchar el sonido de la liquidez desparramándose.
Ebafff.
Cuando la tarta llega a la mesa, el pico de la porción ya está rendido, vencido sobre el plato.

Por cierto, esta noche en la mesa, tenemos a la chica que susurraba a las tartas de queso. Una auténtica believer del Philadelphia que va a proceder a la cata.
Pega un cucharazo. Se hace el silencio. Sus ojos se humedecen.
— En esta vida he tenido varios momentos de felicidad. Uno fue cuando vi un iceberg, otro en la boda de mi hermana, y otro, cuando Rosalía cantó en los Goya. Desde ahora, esta tarta es otro de esos momentos.
— Wow. Probemos.
Está calentita, nano.
La sensación que tengo, es como la que tuve la primera vez que probé la tarta de queso de Nanay en el Garatge, hace un porrón de años.
Sabe a limón y a mantequilla. Es dulce, no tiene ese puntito salado que a mí me catapulta el nabo fuera de los pantalones, pero la textura es cuasi perfecta.
Este año va a haber un premio a la mejor tarta de queso, eso te lo digo yo.
El restaurante poco a poco se vacía, algunos clientes salen fuera a fumar. La camarera nos ofrece chupitos, y nosotros pedimos la cuenta.
87 entre 4 personas, a 22 pavos por persona, con botella de vino, tres aguas, una cerve, postre, etcétera, etcétera.

Vale. ¿Qué pasa aquí?
Este sitio me ha flipado.
Creo que es una barbaridad. La pareja que lo lleva es un encanto. La comida está buenísima, los precios son una maravilla.
¿Qué le falla? ¿Porqué no está reclamando su lugar en el Olimpo de los dioses?
Pues porque creo que la carta va a amarrar.
El tío que está en cocina pilota. Ese cabrón sabe lo que hace, pero en cambio, en la carta hay tablas de queso, hay carne trinchada, hay bravas, hay ensaladilla…
Que sí, que no son bravas normales, que todo tiene su twist, pero en Petraher tienen ensalada de calabaza asada con lentejas al curry, en Giramón el pan indio con titaina y nata agria, en Ninda los gambones marinados con naranja y picante…
Quiero decir, que seguramente por ser un local nuevo, y por la zona, han querido hacer una carta un poco para todos los públicos, y yo creo que hay potencial para un poco más.
Creo que hay demasiados platos que son zonas comunes y poca inventiva.
No obstante, creo que en algún momento la habrá.
Está en un sitio que es prácticamente una venganza, es muy difìcil de encontrar si no vas adrede. Creo que eso le juega a favor, porque lo convierte en un oasis, y en contra, porque sin duda le resta afluencia.
Bueno nano, yo te dejo esto aquí. Creo que es un sitio con potencial.
Si le metes un poquito de rollo a la decoración, y un plus de inventiva a los platos, esto va a ser algo tipo La Negri. Pásate, en serio.
Okey alto, con proyección.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (5)
Eva
Hemos ido varias veces y es espectacular la comida la atención y los precios ,lugar muy recomendado por todo, trato amable rapidez y lo mejor el sabor y la presentacion de los platos está de 5 estrellas y para arriba si hace falta .no tardamos en volver 🤩🤩🤩
ALICIA
Hemos ido ya varias veces y todas de 10, aunque de normal somos de sota, caballo y rey, aquí siempre hemos probado nuevos platos y todos nos han sorprendido gratamente y el trato perfecto, Carlos y Melany son una pareja encantadora y súper profesional.
Muy muyy recomendable!!!!
Isabel
Buenas , pues cené una noche y lo que traían eran bastante pobres lo que ponían la verdad.
Merche
Espectacular
Comida deliciosa
Presentación inmejorable
Trato exquisito
Ambiente tranquilo
Relación calidad y precio muy buena
Sencillamente, MUY RECOMENDABLE
Susana
Ayer descubrí este local, al lado de mi casa y aun así, desconocido para mí.
Maravilloso, una experiencia fantástica. Fuimos 7 y todos salimos sorprendidos y encantados. Cenamos de maravilla, fuimos tratados de forma exquisita y descubrimos como se disfruta de la comida cuando quién la elabora sabe lo que hace y disfruta haciéndolo.
El menú degustación que ofrecen, está pensado y elaborado con mimo, muy equilibrado para que salgas del local con una sensación muy agradable y positiva y sobre todo con la necesidad de volver pronto para seguir probando platos sorprendentes.
Gracias por la agradable velada