Exterior, día.
Un hombre está sentado en la cornisa de la planta 12 de un gigantesco edificio acristalado en forma de alcachofa. Debajo, varias patrullas de policía han cortado la calle, y la gente está agolpándose tras las cintas amarillas que delimitan la zona. Hay mucho ruido de sirenas y walkies. Un agente veterano en gabardina con un café en la mano se acerca a otro en uniforme.
— ¿Quién está al mando aquí?
— De momento yo.
— Sargento Gallaghan, de atestados.
Se estrechan la mano.
— ¿Gallaghan? Es un nombre muy extraño para estar en Valencia capital.
— Sí, mi padre era gangoso. ¿Qué sucede?
— No lo sabemos. Ese tipo lleva ahí un rato amenazando con saltar.
— ¿Ha pedido algo?
— Bueno… Eso es lo extraño. No se le entiende mucho, pero al parecer quiere algo así como «una tarta de queso que le motive» y algo relacionado con los panes bao.
— …
— …
— ¿Panes bao?
— Eso parece.
— ¿Pero quién cojones…?
Es ese momento, un coche negro con las ventanillas tintadas entra a toda velocidad por la calle y derrapa 180º, frenando a escasos metros de la cinta policial. La puerta trasera se abre, y una croqueta con moño y gafas sale de golpe y empieza a caminar hacia los policías visiblemente irritada.
— «Es una buena oportunidad», me decían. «Trabaja para él», me decían. Ahora podría tener mi propio despacho en Deloitte. Podría estar dirigiendo una sucursal de banco, pero noooo, no, no. ¿Quién tiene un megáfono? ¡Denme un megáfono!
Los policías la miran incrédulos.
— Pero bueno, ¿Están sordos? ¡¿Hay alguien funcional aquí?!
Un policía más joven aparece corriendo y le alcanza un megáfono a la croqueta.
— ¿Cómo va esto? ¿Hola? TOC TOC.
— Disculpe… ¿Quién es usted?
El megáfono cruje y emite un pitido
— ¿SEÑOR? ¿ME OYE? BÁJESE DE AHÍ INMEDIATAMENTE. ES USTED UN NUMERERO Y UN DRAMAS. ¿NO PUEDO DEJARLE SOLO NI UN MOMENTO? ¡¡HE ESTADO FUERA EXACTAMENTE 20 MINUTOS Y LA POLICÍA HA CORTADO DOS MANZANAS!! ¡¡ME TIENE USTED HASTA EL CROQUETOÑO!!
— ¿Le conoce?
— ¿Que si le conozco? Vaya que si le conozco.
La croqueta tira el megáfono al suelo y comienza a caminar con los puños apretados hacia la entrada del edificio, mientras sigue murmurando.
— Mmnnñía que haberle hecho caso a mi madremmm. Veinte minutos, por dios santo. Mmúltima mmvez…
Mientras, en la cornisa del piso 12, el hombre sigue sentado con los pies colgando. Está mirando al vacío, con cara de indiferencia. La ventana a su lado se abre de golpe.
— ¡Señor! ¿Usted cree que esto es normal?
— Hola, Meredith.
— ¿Se puede saber qué le pasa?
— Estoy… estoy aburrido.
— ¿Que está aburrido? ¿Que está aburrido? ¡Pues haga crucigramas, una persona aburrida no amenaza con saltar desde una cornisa!
— Todo es lo mismo, Meredith… Todos los sitios son iguales.
— Ay, Dios.
— Los últimos diez… No, los últimos quince sitios a los que he ido, todos tienen la misma carta. Me aburro muchísimo. Es el día de la marmota. Entro en un sitio, escaneo el QR, y… en todas partes ensaladilla, tataki de atún, tomate con ventresca, las putas burgers, y oh, dios mío… la burrata, la maldita burrata —el hombre se tapa la cara con las manos—. Esto ya no tiene sentido. No encuentro magia, la gente no cocina, no se inventa las cartas, no crean platos. Le ponen mayokimchi a unas bravas y tienen los cojonazos de llamarlas «a nuestro estilo». Voy a dejármelo, he hecho tope. No puedo aportar más.
— Señor, tal vez debería plantearse las cosas de una manera menos extrema. ¿Ha considerado un cambio de dirección?
— ¿A qué te refieres?
— Creo que necesita desahogarse. Es cierto que la falta de variedad y la ausencia de cocinas especiales le afectan mucho. Tal vez sería buena idea hacer algo distinto.
— ¿Distinto como qué?
— Si le cuesta encontrar magia dentro de su zona de confort, búsquela fuera.
— No. No, qué va, yo me debo a esta ciudad. La gente…
— Sí, lo sé, pero sería solo en ocasiones puntuales. Sitios extremos, o muy buenos, o muy malos. Tal vez alguno más caro, tal vez alguno fuera de los límites de Valencia DF. Tal vez ni siquiera restaurantes. Tal vez un artículo sobre lo que cenaría Miguel Bosé. Todo outside the box.
— …Continúa.
— Mire, lo primero levántese de ahí con cuidado y deme la mano. Después hablaremos con las croquetas del departamento informático, para que creen un apartado de movaidas en la web, y ahí usted podrá escribir lo que quiera.
— ¿Pero eso no confundirá a la gente?
— Señor… míreme. Se supone que tiene usted un blog de gastronomía y está hablando con una croqueta en una cornisa. Ya ha metido usted a Marc Anthony vestido de lunares, prolapsos anales con explosiones de confetti, ha secuestrado la alpaca con la que le hacen los pelucones al presidente, y tiene un contable suizo, al que llama cuando la cuenta se pasa de 25 euros. ¿De verdad está preocupado por CONFUNDIR a la gente? ¿Ese es el problema? ¿CONFUNDIR a la gente que viene buscando restaurantes? ¿Teme llevarles a CONFUSIÓN?
— Bueno, a ver.. jo. Eso ha sido un poco cruel. Tampoco es cuestión de…
— ¡¡¡DEME LA PUTA MANO Y ENTRE EN EL EDIFICIO!!!
— Vale, vale. Menudo carácter.
El hombre se incorpora y camina despacio por la cornisa, con la espalda pegada al edificio, hasta que la croqueta le coge por el cuello de la camisa y tira de él hacia dentro. Ambos ruedan por el suelo. Tal vez en una película, sería un momento con cierta tensión sexual, pero claro, es que al final, es una croqueta, entonces la verdad que no. El tipo se queda sentado sobre la alfombra y se sacude los pantalones.
— Veinte minutos. He salido veinte minutos para entregar un Goya en su nombre y mire la que ha liado.
— Lo siento, me he dejado llevar.
— Bien, señor, ahora quiero que piense en un sitio especial del que no haya hablado nunca, por el motivo que sea. Uno que de verdad le guste. Aunque no cumpla todas las premisas. Enséñeselo al mundo. Encuéntrese de nuevo.
— Uf… Creo que puede funcionar, Meredith. Sí. Ya estoy más motivado. Avisa a los informáticos.
— Un momento.
— ¿Sí?
— Hablemos de mi aumento.
Este artículo continúa en Movaidas Vol. 2. Xulada.
Comments (3)
Santi
Es cruel dejarnos así.
Encar
Hasta el croquetoño!!!😂😂👌👌
leandro
Está usted «sembrado». Fantástico y divertido.
.