Yo, al camarero:
— Perdona, ¿por qué este sitio se llama MO?
— Es por el nombre del dueño, que empieza por Mo.
— Ah, hubiera molado que fuera por el molibdeno de la tabla periódica.
Cuatro segundos de tensa mirada silenciosa.
— Ya sabes, molibdeno, número atómico 42.
— ¿Saben que van a tomar?
— Pues tiene un punto de fusión altísimo.
— ¿Perdón?
— Ponnos la sepia con japonesa.
Así es, muchachos. Estábamos en el MO Valencia Gastrobar.

Pegadito al Mestalla, encontramos este local. Interior cálido, mimbres, maderitas, tonos beige, y un gran «Gastrobar» escrito en el cristal de la puerta. Fuera hay terrazón y, por suerte para suerte nosotros, estufas, porque empieza a hacer más frío que en la comunión de Pingu. Tienen Ambar de barril y tercios de Ambar. Nos pedimos un vinate, un Vegamar Huella de Syrah (porque qué syrah, syraaah). Llegó casi a la vez que la sepia con japonesa.
Nanos, o yo no estaba muy fino, que puede ser, o a todo le faltaba un punchecito. El vino muy suave, suaaave, practicamente Bezoya colorá. Y la sepia, bien, sepialmente hablando, pero la salsa… meh. Se supone que es sepia de mercado con mayonesa de teriyaki y wasabi, y se le nota un puntiiito dulce al fondo, pero yo me esperaba más hostia. De todas formas, como sepia con mayonesa, funciona.

Fuera de carta, el camarero nos ofreció un par de cosas bastante sexys. La primera fueron unas cocas de rebollones con ajoblanco y miel. Interesante. Hablamos de tres coquitas tamaño más o menos galleta María, con la seta por encima y napadas en el ajoblanco. Como dato plus, las coquitas parecen caseras y las setas estaban carnositas. La miel llegaba a dar un contraste al final.

Ah, y tienen croquetas. Varían según el día, las nuestras eran de cocido marroquí. Al probarlas notas claramente que son unas croquetas alternativas que bailan el diábolo en un semáforo y hacen pulseras. Muy cremosas, saben a comino y a canela, a bechamel y a carne guisada. Fritura okey. Tamaño croqueta.

Uno de los platos que todos queríamos pedir, nada más verlo en la carta, era el huevo japo. Huevo roto con tartar de bonito picante. Nos avisaron de que bonito no tenían, porque no es temporada, y que iba a ser jurel. Me quería recordar a un plato que hizo Dabiz Muñoz (segundo en el ranking de cocineros flipados, never forget) en el canal de Pedrochef. Es una combinación muy molona, la patata está cortada gruesa, como si fuera brava, y el huevo (uno) frito y puesto encima. El tartar de pescado le da un punto salado. Umami potentón. Rompes, mezclas y comes. Echamos en falta más yema, más suque, porque al final, y sin quererlo, la protagonista es la patata.

Otra de las movaidas que nos ofrecieron fuera de carta fue el curry de sepia con alcachofas. Claramente, plato que hay que pedir, no solo por la alcachofa, que ya tal, sino por lo poco habitual que es un curry de sepia.

El plato que nos llegó, fue algo parecido a una sepia en su tinta, con alcachofas fritas y patatas fritas. Ahora cuando lo pruebe, la sepia me sabrá a curry -pensé yo- y todo tendrá sentido. Bueno, pues lo que encuentro en la sepia es picante, es tinta, pero no es curry. No hay leche de coco, no hay curry, no veo nada de lo que yo entiendo que tiene que llevar. Como plato de sepia, guay, pero como curry ya te lo miro. De todas formas, me sirvió para iniciar mi temporada de alcachofas, y por eso ya me vale la pena. Por cierto, si nunca has sonreído mientras te comías algo con tinta, solo para enseñarle los dientes negros al de delante, no has vivido.
Terminamos con una torrija de horchata, el nuevo brownie. Bien, está hecha con hogaza de pan, está tierna, está dulce, sabe a horchata, todo okey, lo único que ya se está abusando un poco de este plato. Lleva una bola de helado de leche merengada. Nada que objetar.

Bien. ¿Qué veo? Veo cocina, veo producto de mercado, local cuqui, y también veo alguna idea a la que hay que darle alguna vueltecita más.
Vamos a ver qué nos dice la cuenta.

Abrimos el cofrecito… 78,60€ pavos.
— Dios.
— Tenemos que llamar a Hans.
Para los que no lo sepáis, Hans es mi contable suizo. Cuando la cuenta se nos va de madre, Hans se encarga de transferir efectivo para que podamos pagar.
— No te lo va a coger.
— Tiene que cogérmelo, siempre lo hace.
— … ¿Dígame?
— ¿Hans? Hemos tenido un problema.
— Me tienes harto. ¿De cuánto estamos hablando esta vez?
— Casi 80 pavos 3 personas. Y hemos pedido la botella de vino más barata y solo 2 croquetas. Cada coca de rebollones 4 pavos y medio y 2 euros de pan.
— Maldita sea. ¿Tengo que volver a despertar al dueño del Credit Suisse para que me abra la cámara?
— No lo sé, ponte creativo, desvía activos de las acciones de Apple, o vende participaciones.
— Eso cubriría dos de las cocas y el vino.
— No tengo tiempo para esto, Hans. Haz lo que tengas que hacer.
— Estoy cambiando divisas, lo tendrás en un rato. Saluda a Meredith.
— De tu parte.
Y eso es lo que pasa. La comida bien, pero se nos va de los 25 pavos.
No tiene el Okey.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
TONI
Mo está bastante apañado. MOrtimer, MOisés o MOncho como quiera que se llame el dueño se lo curra a la hora de comer a mediodía si bien es cierto que si pides vino te pasas de los 25 pavos. He dicho.