Xics, todos sabéis de mi afición por descubrir sitios raros.
A eso súmale una cuenta pendiente con la comida africana, y entenderéis el hype de anoche. Lo único por debajo de Marruecos que he catado fue en el Pasarela, y digamos que la experiencia fue… alternativa, indie.
La comida era curiosa, pero el tremendo flow que llevaban sirviendo y los tiempos de espera, que eran prácticamente de gestación de mamífero, han hecho que no vuelva. Pero, claro, siempre te queda eso ahí de… Hostia, es que estaba bueno.
Pues el caso es que el otro día recibí una llamada de mi célula durmiente de Patraix.
Justo en la calle de El Observatorio, unos alegres senegaleses han pillado el traspaso de un bar y han abierto La Zeyna.

Llegamos sobre las 9. El sitio era claramente un bar hace poco. La decoración es escasa, hay como tres tipos de sillas, incluyendo una de gaming y varias mesas diferentes.
Sobre la barra hay un altavoz con luces, que está emitiendo tremendos bachatazos sin descanso, a volumen carpa del FIB.
Nos sentamos en la mesa.
Aún no tienen tirador, pero nos ofrecen tercios de Estrella, y aún no tienen carta pero el camarero nos la explica en directo.
Nos ofrece cuatro cosas: bravas senegalesas, un par de arroces con brochetas y pescado, y unos rollitos.
Pues tío, pues fenomenal. Es todo lo que necesito.
Al segundo de marcharse, aparece otro colega con olivas y cacaos, que se agradecen.
Yo iba muy mentalizado a pasar allí un rato largo, pero no.
Al poco, aparece el camarero con un plato de bravas. Lo que es la patata, es la brava de cualquier bar.
Cubitos amarillos fritos, ni bien ni mal, sin fantasía. Yo tenía más esperanzas puestas en la salsa.
¿Estará aquí el africanismo?
Al final es una mezcla de mostaza de grano y mayonesa. Tiene algo más, alguna especia, pero no basta para levantar unas patatas fritas. Sin más.

Después pedimos los rollitos. Curioso. La salsa es muy parecida a la anterior, pero en lugar de mostaza parece que lleva chili dulce.
Estéticamente son muy parecidos a cualquier rollito primavera de restaurante chino, y ese brillo, esa capita aceitosa de guiri que acaba de untarse Babaria de 50, delata que acaba de salir de una freidora.
Dentro llevan carne picada y verduras… y algo picante. De hecho, el sabor principal es picante con algo de ácido al fondo. No están muy allá.

Y entonces, ñas, llegan a la vez los dos arroces.
Uno blanco, mero acompañamiento, el otro con color y sustansia.
Me llama la atención que el grano es muy pequeño. ¿Será que el arroz africano, al contrario que sus nabos, es más pequeño? Seguro que alguien sabe la respuesta.
Bien, el plato 1 creo que se llama yassa.
Son cuatro brochetas con tacos de carne de cerdo, pimiento y cebolla, sobre una cama de verduras pochaditas.
Por partes:
La carne está tremendamente secarral, está que si frotas dos, haces fuego.
La verdurita de abajo, en cambio, se sale. Va sobrada de aceite, pero tiene un puntito curry muy guay, y la han cocinado hasta que prácticamente se deshace, podrías untártela en una tostada. Muy rica.

El plato con pescado, se llama algo así como chebuyón.
Hay un pescado, que te puedo decir que es blanco, pero no tengo ni puta idea de lo que era, rodeado por unas zanahorias y unas yucas cocidas. La yuca tiene esa textura arenosa, pero vamos, es que es yuca, es que son así. Están bien cocidas.
El pescado tiene espinas para siempre, para toda la vida, parece la cabeza del malo de Hellraiser, pero también está bien cocinado.
Lo que tiene rollito y saborcete guay es el arroz. Evidentemente lo han guisado con algo, que lo ha dejado cremosito y más oscuro. Tiene un puntito al arroz con frijoles cubano.

Cuando estamos terminando de comer, el camarero aparece con unos vasos y unos postres.
— Esto no lo hemos pedido.
— Postre invita la casa.
Pues qué te voy a decir. Penalty gol es gol. Estupendo. A ver qué es esto.
En los vasos hay dos tipos de bebida. Dos son de jengibre y dos son de fruta de baobab.
El de jengibre es completamente líquido, amarillo como una limonada.
El de baobab es más espeso, rosa y tiene textura como casi de baileys.
Son sabores potentes y poco comunes. El de jengibre pica bien, sabe mucho, tiene ese punto medicinal a Frenadol, pero la verdad que desengrasa de la hostia. El otro es más dulcecito, sabe a jazmín, hay un puntito cítrico al final, para catadores finos. Muy refrescantes.

Los postres son una especie de yogures… A ver, esto es una movida.
Lleva coco rallado, eso seguro, y lleva fruta deshidratada, eso también. La base es como si fuera açai, pero no es. Es algo lácteo con semillas. Sabe muy frutal. La comida ha sido copiosa, no podemos con ellos.

Pedimos la cuenta. Vemos que ambos camareros se retiran a la barra y empiezan a hablar entre ellos.
Pasan los minutos y nosotros seguimos a lo nuestro. Al cabo de un rato, uno de ellos aparece con esto:

¿Ves? Estos son los detalles que me enamoran. Un puto trozo de mantel de papel, que lleva escrito por detrás «TOTAL 60 E». ¿Qué más quieres?
Tras comprobar que en ese desglose tan detallado todo estaba correcto, salimos a 15 pavos por cabeza.
Muy barato, mucho, y además muy pendientes todo el rato, y muy majos los chicos. Digamos que es un sitio con un atractivo guarro, como la Mala Rodriguez. Se nota que están empezando, y de ahí los detalles y el interés y tal, pero bueno, a la comida hay que darle una vuelta, sin duda.
Cocinalmente hablando es un Okey si pasas por allí, pero démosles tiempo.
Sigo sin reconciliarme mucho con la cocina africana. Espero nuevas oportunidades.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (4)
Raquel
Estuvimos cenando ayer allí, la comida estaba riquísima. Base de arroz condimentada con carnes y salsas, el arroz es más pequeño que el nuestro, nos pusieron dos bebidas sin alcohol una con lima y jenjibre y otra que se llamaba bisap con frutos rojos y flor de hibisco, estaba muy rica, degustamos varios platos, recomiendo los rollitos con salsa un pelín picantes, un puntazo de sabores y el postre era una base de cuscús dulces, con helado, frutos secos con chocolate y fruta deshidratada tremendo. El cocinero se lla Alex, un senegalés auténtico, muy buena gente y estaba pendiente de que no nos faltara nada. Recomendable 100%.
Santiago
Hola, el Chebuyón, que comentas es en realidad, Thieboudienne, el plato nacional. El arroz no es mas pequeño, es arroz partido, un desecho que se aprovecha históricamente.
Irene Arnaiz Martínez
Es imposible que la Yassa lleve carne de cerdo, son musulmanes, es mi restaurante favorito, en tu vida vas a probar un bissap mejor preparado, si no tienes ni idea de apreciar el arte culinario de Senegal te recomiendo que sigas comiendo en tu casa.
BEGOÑA
Yo he ido varias veces, mi marido es de Senegal y la comida es auténtica. Si, el local es simple, como si comieras en un restaurante local en alguna población de Senegal, eso lo hace más auténtico!!!