Buf.
No sé realmente cómo enfocar esto.
El sitio de anoche me pegó una descolocada tremenda. No tengo ni idea de cómo contarlo ni de cómo puntuarlo. ¿Por dónde empiezo?
Pues a ver, hace unos días estoy con unos amigos en una terraza, porque como cosa excepcional, estaría por ahí tomándome una cerveza. Entonces uno de ellos saca el móvil y me dice:
— Eh, tío, tienes que ver esto. Me han recomendado un restaurante camerunés por la zona de Benicalap.
— ¿Camerunés?
— Sí, mi colega ha vivido en África y dice que el sabor de la comida es el mismo que el de allí. Es un bar al que prácticamente sólo van africanos, y que está especializado en pescado a la brasa. ¿Vamos?
¿Que si vamos? ¿Cómo se puede rechazar eso? Un sitio nuevo, raro, con sabores que no he probado. Además… ¿Camerún? ¿Qué cojones se come en Camerún? Claro que vamos.
Dato número uno: No reservan.

Total, que pasan un par de días y nos plantamos allí. El local es trallita buena. La parte de la fachada está cubierta estilo «horror vacui» con fotos de stock de bocatas, bravas, calamares, ofertas de quintos, desayuno popular… a priori parece un bar normal. De hecho, el interior tiene pinta de bareto cutre traspasado, pero, oh sí, ahí está.
En pequeñito, en medio de un collage de fotos, pone «Deguste nuestra comida africana». Bingo.

Nos sentamos y una mujer viene a preguntarnos que qué queremos. Pedimos bebida y parece extrañada cuando le decimos que vamos a cenar. Nos decidimos por la oferta del cubo de quintos de Amstel, porque hoy nos sentimos con clase.
Al rato, aparece con el cubo y la carta.


La carta déjala correr también. Gráficamente es como de bar de carretera de los 90. Colores, fotos de platos, textos enormes, todo bastante ibérico, en plan bravas y ensalada mixta y tal, pero ahí en el corner de abajo está el apartado de comida africana. Vamos a tope.
— Hola, mira queríamos probar estos platos.
La mujer pone cara de circunstancias.
— Ya… Pues es que de eso no tengo.
— ¿De eso de qué?
— De nada de eso.
— ¿Nada? ¿No tienes nada de comida africana? ¿Ni un plato?
— No.
— ¿Ninguno de la ningunidad?
— No, es que tenía que haber ido a hacer la compra, pero hemos abierto tarde, excusa random, rezongue.
— Ah… ¿Y estas sopas de aquí?
— Eso lo hacemos solo en invierno.
— Ya. Hostia, pues no sé. No estaba preparado para que no hubiera NADA. ¿Pescado a la brasa?
— Sí, de eso tengo.
— Pues va, sácanos un par.
La mujer se va y mis colegas y yo nos miramos como diciendo… pinchazo. Estamos en un callejón de Benicalap, y nos vamos a ir a casa con un cubo de quintos, pescado y puede que unas bravas o algo así. La noche tiene poca pinta de remontar. Empezamos con los quintos.
Al rato empezamos a notar que el tiempo de espera es exagerado. En serio. Es como si empezaran cada plato de cero, pero de cero en plan vamos a ir encendiendo la plancha. Igual pasaron 40 minutos desde que pedimos el pescado hasta que salió. Durante un momento tuve miedo de que el pescado evolucionara, aprendiera a andar y se escapara.
Dato número dos: Cada plato tarda una oposición en salir.
Pero eso no es todo. En un momento dado, la calle empezó a llenarse de humo.
— Joder, ¿oléis eso?
— Como para no olerlo
— Estamos debajo de la salida de humos.
— Esperad… ¿no será…?
— ¡¡Olor a Fritanga!! ¿Eres tú?
— Aquí estoy, nannnos.
Dato número tres: Somos los únicos blancos en la terraza y en el restaurante. Entiendo que la comida sí que debe ser auténtica y tengo un brillo de esperanza.
Al final aparece un hombre con dos cuencos, uno rojo y uno blanco. Tras preguntarle, nos indica que son «mayonesa» y «picante». Poco después trae dos platos con dos pescados enteros.


Guau. Parecen doradas. Llevan por encima cebolla y tomate crudo, y al lado, a modo de acompañamiento, plátano frito. El pescado va cubierto como en una especie de salsa, que es casi un majado. Tengo un montón de cosas que decir sobre esto.
Mira, para empezar, el picante pica de la gran puta. Cuidadito con eso, diría que en la escala del picante challenge hablamos de un 6-7. Solo para gente con aguante, es picante pro. Después, los plátanos, bastante aceitosos y blandurrios. Dan más o menos igual.
¿Pero el pescado, nano?
¿El pescado? Eso es una puta maravilla.
Está buenísimo. Está muy de la hostia. Es como si te lo hubiera hecho un colega con mucha mano en la terraza de su apartamento de playa. Estuvimos un rato intentando averiguar qué llevaba la salsita. Lleva comino, eso seguro, luego cebolla, apio y ajo. ¿Yo diría que orégano? No lo sé, pero da igual. Es mi salsa para pescado más favorita de todos los tiempos.
El pescado está a buen punto. La verdad que no me lo esperaba.
Entonces pasó una cosa que nos folló bastante la cabeza. El colega que nos había recomendado el local llega en bici. Aparca, nos saluda, se sienta y empieza a charrar con nosotros. Un tío majo. Nosotros estábamos echando otro vistazo a la carta a ver si pedíamos un sandwich mixto o qué, y en esto que se acerca el camarero a saludarlo, cruzan dos palabras, le pide comida africana, y el camarero dice que marchando y se pira.
Silencio total en la mesa.
Miradas incrédulas.
¿Cómo?
Le contamos que hace un rato la otra camarera nos ha dicho LITERALMENTE que no tenían nada. Él se encoge de hombros, sonríe y dice: «Es que África es así, nano, no le busques sentido».
Dato número cuatro: Igual te dicen que no tienen y tienen. Si vas, vas a jugar.
Al cabo de otro rato, digamos, bastante laxo, de espera, llega el camarero con dos platos de fufú.
¿Qué es el fufú? Pues es raíz de tapioca, machacada y mezclada con agua, hasta que se convierte en una especie de flan blanco cargadito de hidratos. Es bastante insípido, aunque recuerda un poco al puré de patata, pero sin sal ni nada. Tenía también un fondo picante, y la textura es… no sé… ¿gomosa? Es como masa de pan sin hacer. Se ve que allí es un acompañamiento bastante común.

El hombre nos saca entonces unos platos que se llaman ocro y ndolé. Vale, ambos son guisos de ternera, pero ninguno es al uso. Todos llevan movidas guineanas que por lo visto no se encuentran por aquí y esta gente trae adrede. Voy a intentar explicaros de qué va.
El ndolé es el más verde. Lleva una especie de majado a base de especias y cacahuete blanco. El camarero nos contó que la base del plato es una verdura tan amarga, que si la tocas antes de cocinarla, te puede estar sabiendo la mano amarga una semana. Después de cocinada, solo deja un puntito agradable al final.

El ocro es otro rollo. Lleva como una acelga, o una espinaca, y es mucho más picante. Ah, y lleva pescado, nano, pescado seco, y camarones. Me estoy comiendo un guiso con dados de ternera y pescado seco. Joder, el caso es que está todo buenísimo, y es súper distinto. Me comería media barra de pan sucando, pero claro, tengo el fufú este que es como porexpan y motiva mucho menos.

Postre no pedimos porque se hubiera hecho de día.
Así que vamos con la cuenta. 43 pavos con 50, a 11 euros por cabeza.

¿Qué hago con esto?
O sea, ¿lo recomiendo? ¿Te digo que vayas?
Por un lado, la comida está cojonuda, es barata, y no has probado nada parecido.
Por otro, tardan como si estuvieran filmando Boyhood, no reservan, y lo mismo te sacan comida que no.
Pues nano, no sé qué decirte.
Te doy toda esta información y tú te la gestionas como quieras. Mi experiencia fue completamente in crescendo, llegué sin esperar nada, y poco a poco, pum pum, se me ganaron.
Para mí con esta comida y este precio, sería un okey alto, pero lo voy a bajar a okey, por precaución.
Haced lo que consideréis. A mí sí que me gustó y pienso volver. Con tiempo.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (3)
Ojos
Tenías que haber pedido las altas, espectaculares nano.
Tereza Puskova
Waoo madre mía que desastre tenías que haber ido a un restaurante de Ghana porque los nigerianos normalmente cuando cocinan fufu no echan la sal y te recomiendo probar paella de Ghana (África) la gastronomía de Ghana es espectacular te lo digo por experiencia porque llevo con mi esposo 6 años es de Ghana
Cecilia
Hola, el restaurante no es Camerunés sino de Guinea Ecuatorial ya que la mayoría de platos son cocinados al estilo tradicional de Guinea.
Cuando la camarera os dice que no hay es porque se estará cocinando ya que el tiempo de cocción de la comida África a comparación de la Europea tarda el triple o más ya que añadimos muchos ingredientes de diferente cocciones, yo es recomiendo si queréis comer allí un pescado y no esperar mucho llamar antes de ir para que os lo vayan preparando y a mi parecer os ha faltado probar las alitas que están de muerte con las cervezas.