Hey ¿Qué pasa?
Anoche estuve en un sitio que es interesante de puro distinto. Está en uno de esos locales malditos de la zona Cedro, en los que han abierto 40 restaurantes y ninguno ha chutado.
¿No os mola que os tumben prejuicios? Yo por ejemplo tengo uno bastante arraigado, que es que no es posible hacer dos tipos de comida étnicamente distintos que estén bien en un mismo restaurante. Siempre que he visto un local de sushi-paella, o un kebab-pizzería, normalmente son una mierda las dos.
Bueno, pues aquí resulta que hacen comida africana, (concretamente de Eritrea), y pizzas.
Pero empecemos por el principio.

Hace unos años, había un local de comidas para llevar en la plaza Xúquer. Lo llevaba un italiano, y según Diabce, hacían la mejor lasaña y las mejores pastas del universo. Aquel local cerró, pero el alegre milanés que lo llevaba, todavía tenía ganas de mambo, y decidió montarse este nuevo local con su mujer y su hijo. ¿Y de dónde es su mujer?
Exacto.
Massawina hace referencia a alguien que ha nacido en Massawa, ciudad de Eritrea. Este es un dato que por supuesto, yo tenía clarísimo al ser un gran conocedor de todo lo que es la geografía de aquella zona, que está súper guapa y en la que recientemente han puesto columpios.

La decoración es claramente africana. He de decir que me supone un profundo ejercicio de autocontrol no contestar «qué fortuna la mía» cada vez que alguien dice «Eritrea». Puede que lo haya dicho un par de veces, pero por lo bajini.
Llegamos pronto. El hombre nos deja las dos cartas encima de la mesa, y se ofrece a explicarnos un poco de qué va el tema, pero preferimos descubrirlo por nosotros mismos, porque aquí hemos venido a jugar.

La verdad que las pizzas, a pesar de ser de horno eléctrico, tienen una pinta de la hostia. De todas formas, creo que vamos a pasar, porque lo eritreo nos despierta mucha más curiosidad.
Empezamos por unas sambusas.
Es una especie de samosa, rellena de carne y verduras.

Oye, súper sabrosa, muy rica. Tiene un puntito aceitoso de más, pero la verdad que no me molesta. Lo veo todo tan tan casero, que de alguna manera, es como que me encaja. Lleva una salsita para sucar que me recuerda un poco a una romesco, pero sin serlo. Tiene un sabor que me lleva a muchos lugares comunes, es un poco empanada argentina, wanton, hojaldre de carne… Al final es eso, carne picada con verduritas y muchas especias. Mola, pídetelo.
Después nos llega un… Espera que allá voy…

Alicja nai begghe … Creo.
Es un guiso de cordero en salsa. Llegados a este punto, me doy cuenta de que en la mesa no hay cubiertos, pero que junto al guiso, el camarero nos trae un plato con una especie de crepes gruesos. Esa movida se llama injera, y es como el pan típico de allí. Es esponjoso y blandito, pero sin miga, ya te digo que parece casi una tortita de estas de desayuno americanas.
Al parecer, tienes que romper un trozo con la mano, y luego usarlo para coger lo que haya en el plato. Durante un rato lo intentamos, pero se nos cae, nos pringamos, el pan se deshace, metemos los dedos en el guiso (imprescindible ir a cenar con gente higiénica y con la que te lleves bien), y al final es un empastre.
Tras pedir cubiertos, todo empieza a fluir un poco más.
Está cojonudo. Tiene un fondo ácido, pero no cítrico, es como el ácido de una salsa de tomate. La carne está magra y bien guisada. Es goloso y masticable, de nuevo muy especiado.

Luego nos llegan a la vez el adisalem, y la massawa con carne. Ambos platos están montados iguales, con cuatro tortitas y montoncitos de guisos repartidos alrededor. El adisalem es un plato completamente vegetariano. Tres de los montoncitos son de lentejas, pero lentejas diferentes, con diferente Pantone. Otro es de espinacas, y luego hay uno como de repollo, o col con zanahoria que sabe a encurtido.
Me sorprende que las legumbres están al dente, tienen un puntito casi casi crocante, lo que quiere decir que no son de bote. Todo muy potente, las servilletas se han quedado de un amarillo cúrcuma bastante delator.
Mientras estamos comiendo, el restaurante ha ido llenándose. De hecho, la parte del fondo y la terraza, están hasta arriba de chavales con pinta de estudiantes, que han pedido pizzas para llevar.

La massawa repite pan, y montoncito de repollo, pero el centro es un guiso de ternera con un picante cañero, pero adictivo. Tiene el puntito ácido del cordero, y según vas comiendo ese picante crece y se va haciendo fuerte. Calóricamente es cañero, porque al final, pues tú me dirás, lentejas con carne guisada y pan. Es un plato que en invierno tiene que molar mucho, y preveo hostias para cenar aquí en cuanto haga un poquito de frío.

De postre, un tarrito de tiramisú, que la verdad se parece a otros 400 que has probado. Es dulce, no le noto amaretto, tampoco demasiado café, y lo voy a obviar porque no me dice nada, y porque para mí, la comida ha acabado con la massawa.
¿Cuenta? 78,50 entre 4. A 20 con propina.
Guau, pues pues… ¿Qué te digo? A mí me ha gustado y voy a volver con toda seguridad.

Me mola mucho que empiece a haber cocina africana en la ciudad. Es barato, es sabroso, pero sobre todo es DISTINTO. No sabéis el gozo que da poder cenar sin tener que ver en la carta otra ensaladilla rusa, u otro brioche con steak tartar de los cojones. Si le tengo que poner un pero, es verdad que la carta tiene muchos elementos repetidos, no hay pescado, solo una ensalada, pero claro, no me puedo quejar de falta de variedad si luego me ponen otra carta entera con pizzas y embutido italiano.
¿Sabes qué? Okey Alto, a tomar por culo. No me quiero ilusionar, pero en el Cedro ya está este, Patapuerca, Mil Grullas y Sardo… ¿Y si estamos ante un renacer de la zona?
Massawina chavales. De Eritrea.
Goza de amplio aparcamiento.
Comment (1)
Marc
Tienes que probar las pizzas. Es un sitio que frecuento mucho y el pizzero, Luigi, antes tenía otro local. Ahora las pizzas las hace su hijo bajo su atenta mirada y consejo y la verdad es que no han perdido calidad. Y encima son baratas.