Xics, sigo en racha. Anoche volví a cenar en un sitio súper curioso, de esos que están ocultos a simple vista, en medio de una avenida de paso, pero en los que nadie parece reparar.
Es como cuando vas a coger setas, y después de buscar mogollón por debajo de las piedras y entre los arbustos, de repente, miras bajo un tronco, y pam, te encuentras a tu puta madre.
Lo mismo es.
Bueno, Avenida del Puerto. Neneng.

Me lo recomendaron como «el filipino al que van los filipinos». Me parece bien. No tengo ninguna referencia de la cocina filipina más allá de lo que hace Nanay en el Punk-o, pero todo lo que he probado allí me flipa, así que vamos a ver qué onda.
El local es claramente un bar traspasado, que en algún momento habrá tenido tragaperras y máquina de tabaco. Hay una carta gigante plastiquera, atornillada en la pared exterior para que pueda verse desde las mesas. Pasa lo mismo que en el Pasarela, o en muchos bares asiáticos. Tienen un apartado de comida de sus países, pero lo disimulan entre las bravas, puntillas y ensaladillas rusas, que ofrecen en un intento de no ahuyentar al cliente autóctono, temeroso de nuevas experiencias.
Una mujer sale a darnos la bienvenida, y nos ofrece probar la comida filipina. Dice que es todo casero y que lo hacen como si estuvieras comiendo en un pueblo de por allí. Me parece estupendo, me tenías con el hola.
Después empieza a explicarnos varios platos, haciendo especial hincapié en su deliciosidad. Cuando veo que ya lleva cinco o seis seguidos, y todos son de carne, le pregunto:
– ¿Tienes algo que no lleve carne?
Se queda pensando unos segundos.
– ¿Algo sin carne? Tengo pollo.
– …
– …
– Ya. No pero, en plan… Verdura, o pescado o algo…
– Ah, tengo… No sé, tengo una tortilla, pero es solo huevo, es para veganos.
Lo dice haciendo una mueca despreciativa, como diciendo «no vale la pena», y posiblemente no entendiendo mucho lo que es un vegano.
– Vale ¿Alguna ensalada?
– Tengo brochetas de carne.
Viendo que la conversación ha llegado a un punto muerto absoluto, me abrocho el cinturón, bajo la protección de la montaña rusa, y digo:
– Venga. Sácanos lo que quieras.
La mujer sonríe, asiente con actitud de olrait, y marcha hacia la cocina.
Poco tiempo después, más o menos media birra, salen los primeros tres platos a la vez.
El adobo, lumpias y una movida que se llama sisig.

Vamos por partes. El adobo está que flipas. Es salado, cítrico, graso, dulce, sabe a todo, mucho. He probado algo muy parecido en el Punk-o, y también me recuerda al cerdo Okinawa de la Taberna Tora, supongo que por la soja.
Es un guiso de costilla, que también lleva especias y creo que vinagre de piña. Lo traen con una cazuela metálica llena de arroz blanco, que al volcarse dentro, produce el efecto «wow» en mi cabeza. Sé que cada vez que vuelva voy a querer pedírmelo, y sé que voy a recomendarlo a cualquiera que me pregunte durante las próximas semanas, así que sí. Es un Golden. Está increíblemente bueno.

Los lumpia son unos rollitos finos y fritos de pasta filo, que van rellenos de carne picada. Tienen un puntito ácido, se parecen a muchas cosas. Son un poco un churro, un rollito primavera, un wanton, algo así, todo converge, todo se une.
Vienen con una salsa chili dulce, que evito porque nunca me dice nada. Están bien para picar.

El sisig es muy curioso. Es un plato hecho de careta, oreja y morro de cerdo picado. Lleva chile, pero no es un chile de esos asiáticos cabrones, es apenas un pimiento verde que le da un puntito de picor.
También lleva limón, pero siendo filipino, algo me dice que debería ser lima, y se han abaratado costes. En cualquier caso le va bien, porque rebaja mucho la grasa. El huevo le da cremosidad, y en general, también es bastante potente. Está bueno sin duda, pero debería picar más, llevar lima, y tal vez para mi gusto, estar un poco más churrusquito. Sí, definitivamente un aumento de churruscor lo levantaría.

Después nos llega un cuarto trasero de pollo que sin más. Está bueno, tal vez lo han marinado con algo, pero es un sabor bastante neutro. Al lado lleva un cuenquito de soja con vinagre en el que puedes sucar, y sí, entre eso y el arroz blanco lo elevan a otro sitio, pero… Podría pasar por cualquier pollo al horno que hayas probado.
Nos alimenta sin hacernos flipar.
Ahora pasa una cosa. Nos hemos quedado con hambre, y le pedimos a la señora un segundo round de lo que sea para rematar. Ella asiente de nuevo, y se marcha para adentro.
Las cervezas se acaban. Pasan diez, quince, veinte minutos, y cualquier tiempo de espera razonable para que un plato salga, queda atrás, y se convierte en un punto en el horizonte.
Estoy tentado de entrar para cancelar el pedido, porque ya tenemos el hambre en los pies, pero en ese momento, llegan las brochetas de barbacoa, y el pollo hecho con nata (nunca supimos el nombre del plato, solo eso, que estaba hecho con nata).

Una pequeña cazuela de alitas, con una salsa amarilla que sabe a leche de coco, cúrcuma, curry, algo de azafrán tal vez. Las alitas parecen cocidas en la salsa, no están doradas.

Las brochetas son algo que también he probado en el Punk-o. Es carne macerada, embrochetada y planchada. Lleva un cuenco con vinagre, que le da un plus, pero realmente pide unas patatuelas o algo así. Es una lástima, peor este segundo round ha quedado muy por debajo del primero.
Pedimos la cuenta. 63,20 entre 5. ¿¿¿Ni a 13 pavos????
A ver, recapitulemos.
Comida rica sí, pero poca variedad. 99% cárnica.
Servicio agradable, pero muy lento en ocasiones. Está muy bien que la cocinera quiera pararse a charrar un rato con cada mesa, de verdad, es encomiable, pero si eso supone que entre que pido la cuenta y me la traen, pasan 15 minutos… Habría que encontrar una solución.
Tienen un Golden, es sabroso, es distinto, y por ahora muy poco trillado. El precio es un espectáculo. Ya es prácticamente imposible cenar así por este precio en esta ciudad.

Mira, Okey Alto. Es un sitio que creo que la gente que esté harta de torreznos, burratas y baos tiene que tener en el radar. Echadle un ojo, pero id con paciencia. Yo volveré aunque solo sea por el adobo y dos birras.
Goza de amplio aparcamiento.