La Gilda bar ha abierto hace nada, justo entre la BP de Aragón y la Birra de Brian.
Es un sitio esquinero y minimalista. Un día me acerqué a ver si podía cenar sin reserva, pero me comí una mierda, así que tuve que volver a la semana siguiente, pero ya sabes, con ese pinchacito de hype que se te queda cuando no encuentras sitio la primera vez.

Tienen dos cartas, una de tapas, y otra de gildas. Son cortitas, lo que no es necesariamente malo, el problema es que las veo tremendamente tradicionales.
Lo más interesante es la flor de calabacín, pero por tema de temporada no les queda. El resto, sepia con mayonesa, croquetas de jamón, bravas, carnes a la brasa… El clásico 4-4-2.

No decaigamos. La diferencia puede estar en las gildas, porque además, esto se llama Gilda bar, y van a tener unas gildas de auténticos locardos. Claro que sí, ya verás.
Pues no.
Pedimos una rondita con varias, que llegan en seguida en una bandeja. No están mal, pero son completamente normales, yo qué sé. No pican, no hay I+D.
Una parte de mí, esperaba algo tipo la gilda de Travieso, o la de Los Madriles, un poco de aventura, alguna variación, un tirabuzón, un guiño a que ese es su bar y la gilda lo sabe… Pero son gildas que te haces tú tranquilamente en casa. Yo me pedí la de alcachofa braseada (cómo no), y luego una de boquerón triple. Piparra dulce, aceituna, y boquerón. Nada. Gildas de fondo de armario.

Después la ensaladilla rusa. Es curiosa, sabe mejor de lo que parece. La mayonesa está un poco líquida, y el conjunto tiene un poco pinta de gachas, pero de verdad que está buena.
Lleva huevo duro, atún, zanahoria y patata. Está a temperatura ambiente. Por encima, sustituyendo al clásico saladito, hay unas finas láminas de pan crujiente, que sirven para hacer barquita.
Deja un saborcete curioso al fondo que no le pillo. Te la puedes pedir, y hasta untar si quieres. Mola.

Buñuelos de bacalao. Bien conseguidos, crujientes y abundantes. Por dentro, sentiditos de sal, con grumo de patata. Pasa rápido por el aceite, y lleva un gurruñín de ajoaceite negro, al que llamaremos blackjoaceite, que, bueno, le da un toque. Clásicos.

Llega la oreja con salsa romesco. Aquí luces y sombras. La oreja está hecha a la brasa, cruje, sabe a carboncito, y la parte grasa está fundiéndose, y de puta madre todo, pero el romesco no es romesco.
Es algo infinitamente más liquido, que parece casi una salsita de tomate con especias. Esto pide juego, pide unas piparras picadas, algo picante, travesura. Necesita un poquito de punch, que levante todo lo guay que es la carne churrascadita.

Después, por seguir tirando de brasa, nos permitimos el lagarto y el pollo. Y aquí es donde llega el game changer.
Las carnes, bueno, son carnes a la brasa, bien hechas, sabrosas, en su punto, raciones la verdad que un poco cortas… pero ¿Las patatas, nano?
¿Qué locura es esta?
Estuve a punto de no pedirlas, porque van a parte y son 5’5 pavos, y … Buah, cómo me jode lo de pedir los acompañamientos a parte en las hamburgueserías y los sitios de brasa. Tío, ponme un puñadito en el plato, y súbeme el precio si quieres.
Da igual, esa es mi guerra y no lo aceptaré jamás, como Rafa Nadal no acepta ser calvo.

A lo que voy. Las patatas son las mejores que me he comido en mucho tiempo. Hasta ahora, mis patatas fritas favoritas eran las del Punk-o Punk-o, pero toda la mesa tuvo un momento de claridad, de esos de mirarte en plan… ¿Qué está pasando?
Las patatas, por favor, no las dejes pasar. Crujientes, con piel, tono envidiable, textura perfecta, nivel de sal de los dioses, No se me ocurren mejores.
La cena tampoco ha sido una loca abundancia, así que pedimos los tres postres, la tarta coulant, la de queso, y el hojaldre de crema.

La tarta coulant es un fraude, ahí tienes la foto. Para empezar, conceptualmente es raro, porque supongo que la gracia estaría en fusionar dos postres, y sería como una tarta-torrija, pero vale, compro. El coulant es ese pastelito con el centro fundido y caliente, que al meter la cuchara hace ebluff, y se desparrama y tal, eso lo sabemos todos. La idea es llevar eso a tarta, y yo me esperaba, no sé, una tarta, con el centro, ya no fundido y caliente, pero tal vez algo más liquidito, como en algunas tartas de queso. En cambio, me sale una tarta de chocolate, cuajada a todo cuajar. Has jugado con mis sentimientos.

El hojaldre tampoco es un hojaldre como tal. Son dos crackers hojaldrados, sandwicheando crema, con unos arándanos por encima, y la tarta de queso no está nada mal, pero no juega en las grandes ligas. Anyway.
Llega la cuenta. 110,80 entre 5. A 22,5 por persona.

A ver.
La comida está bien hecha. Es clásica, un poco Kiss FM, puede que roce lo aburrido, pero está bien hecha.
La gilda te la puedes saltar, como si fuera un charco, el romesco no es romesco, pero… Éticamente, no puedo suspender a un sitio con semejantes patatas y que además me entra en precio.
Todo esto, nos lleva al Okey si pasas por allí. Ya sabéis dónde está.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (2)
Eldelacarpeta
Los buñuelos de bacalao están entrando fuerte en el Olimpo de «en todas las putas cartas»
Tremolantepenacho
Que sepas que eres un fucking fraude. Dijiste que no entrarías en el tema del ajoaceite/alioli y ahora vas y me sueltas la gracia del blackjoaceite.
Te has posicionado claramente y auqneu lo has hecho del lado de la fuerza me has defraudado más que todos los vídeos de madrastras cachondas de la red.