Xics, ayer estuve en un sitio curioso.
Hace tiempo, había un sitio en calle Comedias, que se llamaba Cinnamon, y que era un local muy estrecho, con la barra y poco más. Tan pequeño era, que lo gestionaba todo una sola persona. La cocinera, tomaba nota, servía, cocinaba, recogía y se daba palmas. All in one.
Pues bueno, resulta que en ese mismo local (que cerró), han abierto un asiático. Se llama Haruto.

Ojo con la dislexia, este es Haruto, pero también hay un Hotaru en Ruzafa. Es peligrosamente parecido, lo digo porque no es lo mismo comerse a Beyonce que a Benzema.
Por dentro hay poco espacio, pero el que hay, está recargadísimo, que ahora es como la moda. Está lleno de farolillos, banderolas, dibujos en las paredes y demás.
Esto me hace pensar que el teorema Kahlo-Hoffmeyer, es aplicable también a la nueva ola de asiáticos que están abriendo, todos llenos de figuritas de manga y gatitos por las paredes. Su variante sería el teorema Pikachu-Hoffmeyer.

Hay 4 personas en la cocina, lo que me llama la atención, porque, uno, la cocina es enana, y dos, en total seremos unos doce comensales.
Nos sentamos en la barra, y al poco, una señora tipo Amparo Baró nos pasa las cartas.

Guau. Van como en unas carpetas muy gordas. Esto pesa demasiado para ser una carta, parece La sombra del viento. Todos los platos van con foto. Sashimis, domburis, rollitos, varias cosas con queso crema ( :__[ ), y finalmente, una página de comida tailandesa con currys, y varios platos más.

– Hola, sí, mira, queríamos dos currys…
– No me queda nada de comida tailandesa. Se ha acabado toda.
– ¿Toda? ¿Los 12 platos?
– Solo pad thai.
– Bueno, pues un pad thai.
Primera alerta. Un restaurante que se queda sin ONCE platos un viernes por la noche es sospechosísimo. O todos son el mismo, o no has preparado ninguno, o algo pasa ahí, pero once platos distintos no se te acaban. Dime suspicaz.
Pedimos el karaage de entrada. Nos llega esto.

Ya no es por la presentación, que es más triste que tomar la comunión en un Norauto, es que el rebozado no es karaage.
Normalmente, el karaage tiene un rebozado más grueso, blanquecino, cero aceite, con unos gurruñitos así como característicos…
Este, pues eso. Parece el pollo empanado que te metía tu madre en el bocata de la excursión, que llegaba como húmedo. No es muy molante, la verdad.
Seguimos con unos rolls, por probar el sushi.

Bien de cebolla frita de esta de bote por encima, buen chorretón de salsaza teriyaki, mayonesa, atún, aguacate y pepino. Encogida de hombros, boca ladeada a lo Jim en The Office. ¿Qué quieres que te diga?
Pues unos rolls. Clásico, funcional, corriente. Está sabroso, porque entre la soja, el teriyaki, el wasabi y tal, pues evidentemente eso levanta, pero es un plato que te comes en cualquier parte.

Probamos también un domburi, con carne de vaca, arroz, y un huevo pochadito. La carne está rica, tierna, te diría que el mejor plato de la noche, o por lo menos el único que repetiría. Al mezclar con el arroz, que es de estos glutinosos, se amalgama todo, y de verdad que queda guay, porque la salsa es muy potente, muy sabrosa, y la yema hace cremita y tal.
Después nos llega el pad thai.
Limón, en vez de lima, segunda alerta. Sin cilantro, el huevo y la soja están ya en la mezcla y… wow, realmente dulces.

Parece que la salsa de tamarindo es un siropazo, y los han bañado pero bien. Son casi un postre.
Esto no mola. Le faltan demasiadas cosas, y le sobran demasiadas otras. El dulce resulta agresivo, leva microgambitas congeladas… Te lo puedes saltar.
Terminamos con el ramen. Solo tienen una opción, un ramen picante con salmón y langostinos rebozados.
No hay por dónde cojones cogerlo. El salmón también va rebozado y frito, que me parece muy bien, que igual allí lo preparan así en todas partes, pero yo sigo sin verle el sentido a meter algo crujiente en un caldo, nano, es tontería. A los pocos minutos, se ha producido el efecto galleta maría sucada demasiado tiempo, y bueno, pues eso.

Fideos, cacahuetes enteros, otro huevete pochado…
Evidentemente no es uno de esos caldos de ramen casi blanquecinos, densos, que han estado hirviendo muchísimo tiempo. Es un caldo que está bien, que con unos fideítos en invierno, de puta madre, pero no es legendary, y no pica. Si estuviéramos en una ciudad sin ramen, te diría “ok”, pero ahora, que casi hay mas rámenes que Starbucks, es una sopita cualquiera.
Tío, a ver.
Yo lo siento, pero es que esto es batallero.
Como tailandés, es invalorable, porque solo tiene un plato, pero ese plato, además, es de mitad tabla para abajo.
Como japonés, completamente fuera de la pelea, o sea, es sushi de buffet.
Como sitio, pues es curioso, por eso, porque comes en la barra, y es pequeñito, y tal, pero…
Para mí es un No Okey.

Al margen, ya fuera de concurso, y por si te interesa, el precio es de 70.38, que entre tres, sale a 23 y pico. Me da igual.
Goza de amplio aparcamiento.