— Meredith, ¿qué tenemos para esta noche?
— Un segundo, señor, déjeme que repase su agenda. Aquí está. A las 8 le prometió a Elon Musk que iría a su cena benéfica para recaudar fondos, y le explicaría su secreto para el arroz al horno.
— Uf, que pereza. A Elon le canta la poza muchísimo, y te habla siempre de muy cerca. Le voy a pegar recorte. ¿Algún sitio interesante para cenar de entre las recomendaciones que nos llegan por Instagram?
— Veamos… últimamente le han recomendado algunos en Torrent, Ribarroja y Alaquás
— Por favor, ya sabes que solo trabajo en Valencia DF. ¿Qué más?
— Pulpo…
— Se pasa de 25 euros.
— Oganyo.
— Se pasa MUCHO de 25 euros.
— Tasca Ángel.
— Demasiado bar.
— Aquí hay algo… Cinnamon. 266 excelentes en TripAdvisor. Poco activo en redes.
— ¿Doscien…? Prepara el coche.
El Cinnamon está en la calle Comedias, justo al lado de una barbería de estas modernas con pirulo blanco, rojo y azul. Es pequeño, pero no pequeño rollo Pablo Motos, pequeño rollo Webster. Tiene tres mesas dentro, un par de sitios en barra y, si tienes suerte y no llueve, una mesa alta en la puerta. Seis mesas en el mejor de los casos, solo se me ocurre l’Alquimista con ese nivel de pequeñez, y ahora ni eso, porque tiene terraza.

La cocina está a la vista detrás de la barra, y aquí viene lo cañero: todo lo gestiona una sola persona.
Cuando llegamos veo a una chica con una chaqueta gris de cocinera, dándole caña a algo que chisporrotea sobre la plancha. Lo voltea, lo pone sobre un plato, le echa un chorrito de aceite y sale de detrás de la barra para servirlo en la mesa. Ella te lo guisa, ella te lo sirve y, mientras tanto, a veces te da conversación. Es la que lo domina todo, la maga de Oz, la Hannibal Smith, la Jorge Javier.

Pues nada, nos sentamos y le echamos un vistazo a la carta. Ni muy corta ni muy larga. Apetecible, pero tal vez da la sensación de ser un poco genérica. Hay tartares, hamburguesas, tatakis y entrecots. Es una carta un poco radiofórmula, aunque en la pared, escrito a tiza hay una sugerencia: gyozas de verduras con salsa picante.
Vale, empezamos con eso y con el hummus de alubias.
La presentación del hummus de alubias es muy chula, muy visual para lo que es un hummus, que siempre te viene con la típica clencha de pimentón y las tostadas a un lado. Este lleva un salteadito de setas por encima, y lo que parecen ajetes, o cebolla china cortada finita. También lleva piñones y unos brotecitos. La crema en sí, bastante suave.

Las gyozas de verduras estaban espectaculares, posiblemente de las mejores que he probado por ahí. Muy potentes de sabor, sobre todo para ser de verduras. El problema es que te vienen solo cuatro, es una ración cortita. Por encima, lleva una salsa de chiles torrados, y la masa no está frita, está hecha o al vapor o como mucho un poco de plancha. Buah, muy brutos, nano, me hubiera comido un establo de estas cosas. El picante es asumible.

Bien, seguimos con el salteado silvestre: boletus, ajetes y espárragos, con un huevo a baja temperatura. En el momento de servirlo, la cocinera nos ralla un poco de trufita negra por encima. La yema del huevo tiene textura como de pomada, hay que romper y mezclar. Las verduras recuerdan un poco demasiado a las que venían con el hummus, pero claro, huevo con trufa es siempre acierto. Bien.

Vamos con el steak tartar, aparentemente uno de los hits de la casa. Lo traen sin mezclar, con una yema de huevo en el centro y dos pintaditas de mostaza a los lados, una verde y una de Dijon. La de Dijon se mezcla por defecto, pero la verde la deja fuera porque cambia bastante el sabor del plato. Si te mola, ya se la metes pero por tu cuenta. Muy cremoso, muy sabroso, poco picante, tal vez. Lo acompañan con unas tostaditas y unas patatas tipo McCain. La carne está a buena temperatura y picada a tamaño correcto. ¿Detecto pepinillos? Los detecto, aquí están.

Terminamos con las costillas glaseadas al estilo asiático. Pena que estaban pelín secas, porque el sabor era una maravilla. Vienen sobre unas rodajitas de calabacín y de berenjena plancha. La salsa tiene algo dulzón, y algo de soja, y antes de que las sacaran, pudimos ver cómo se hacían en una parrilla, y cómo estaban directamente puestas sobre una llama. Sexy foodporn.

Pedimos copas de vino, agua… ¿La cuenta?
Al final el precio del Cinnamon sale a 72,80 entre tres, a 24 y pico por persona. Al límite.

¿Qué sacamos aquí en claro? Pues que creo que este sitio tiene dos pros y dos contras. Los contras son el precio y que la carta es bastante común. Todos los platos rondan los once, doce, catorce pavos, y las cantidades son cortitas. Además, echo en falta algún plato… no sé… un poco más loco. Parece que han ido como muy a amarrar.
Por otra parte, el sitio tiene algo de magia y todo está de que te cagas. Ver cómo la chica arrea ella sola cocinando y sirviendo, y cómo todo sale calentito, me reconcilia con el universo. Me encantan las cocinas enanas, como pasa en el Garatge o en La Negri, y esta es de esa escuela. Además, después de probar cada plato siempre soltábamos un “joder, que bueno”, y eso no pasa en todas partes.
No sé, como siempre, yo te dejo la info y tú te la gestionas. Creo que es fácil que vuelva. Igual traigo a Elon.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (2)
Jose Luis Tragaldabas
Oh! Tipoquenuncacenasencasayasabercomotieneslalínea por favor, ¿nos puedes decir qué sitio te han recomendado en Alaquas?
El Tipo Que Nunca Cena En Casa
Ye, nano, en el blog solo trabajo sitios en Valencia DF, y Alaquás es una frontera lejana. Y, por cierto, mi IMC no solo es normal, sino atlético! Gracias por el comentario