Xics, hace poco publiqué la reseña de un local nuevo de ramen en Blasco Ibáñez, y algo debió pasar. Ese debió ser el pistoletazo de salida, porque el encargado de avisar cuándo empieza la temporada de ramen, se subió al Miguelete con un cuerno de guerra y lo hizo sonar para que todo el mundo se enterara de que now is the time.
Y lo entiendo, entiendo que flipe. El ramen es barato, es democrático, sacia, contunde, es relativamente fácil de encontrar y calienta la barriguita. Cada uno tiene el suyo, y lo defiende a muerte. Yo he visto a hooligans del Kuma acuchillar a fans del Ryukishin por decir que su caldo tenía más horas de cocción.
El caso es que es un martes, y aún es pronto, pero desde la puerta veo que Damura ya está lleno de gente sorbiendo fideos. Es largo pero estrecho, y tiene una barra al fondo a la izquierda, en la que hay un chico asiático (que se da un aire a Errejón) revolviendo un perol, y otro a su lado, haciendo movidas con botes y cuchillos.

Mientras pedimos las cerves y repasamos la carta, nos traen un cuenquito con unos dados de berenjena muy negros, que saben dulces, tostados y avinagrados. Los habrán tenido macerando un buen rato en algo, porque están muy húmedos. Nada, dato anecdótico, por ir hablando de cosas.


Tienen también baos en la carta. Vamos a por ellos, uno de cangrejo, un par de panceta y otro de gambas.
Según los veo llegar, algo dentro de mí muere un poco. Es el pan, este pan me da tristeza. Seguro que el relleno está de puta madre porque además se ve, es de estas cosas que sabes que van a estar buenas en cuanto se las ves en la bandeja al camarero, pero el pan es industrial.
Es el pan bao típico, blando, chicloso, semidulce en forma de U que tan por el culo me da. En fin, no voy a cambiar el mundo yo ahora. Voy a probar un poco de cada.
Yeah, efectivamente, el relleno se sale. El de cangrejo sabe, por darte un punto de referencia, a calamares a la romana, pero con el rebozado más duro, y el relleno más tierno. Lleva una mayonesa con un puntito cítrico, que hace que en conjunto te lleve al clásico bocata de la plaza Mayor de Madrid.

El de gambas es un poco raro, porque las gambas van como en bloque, y rebozadas, es como un escalope de gambas. Está rico, pero sabe un poco a frito. Lleva cebolleta y una salsa como ¿tártara? Curioso.

Finalmente el de panceta es el claro winner, ahí no puedes fallar. Muy magra, con mucho mordisco. Lleva una salsa parecida a la del Big Mac, y un manojo abundante de lo que parece una rúcula motivadísima y ciclada, que le da un amargorcito guay. Baos muy bien, lástima de pan.

Pero estamos calentando aún, sabéis que lo gordo llega ahora.
Un wild camarero aparece con los boles de ramen, y me mira como diciendo «chaval, vas a ver lo que es canela».
Deja delante de mí un bol humeante con el caldo prácticamente blanco y un trozo de panceta circular, enorme y crujiente flotando en medio. Hosssstia puta, nano. No he visto caldo más trabado en mi vida, es completamente opaco, parecen unas natillas. Lleva algas, lo que parecen setas, y medio huevo duro. El otro es exactamente igual, pero en lugar de la panceta lleva dos albóndigas de pollo. Estos son los hakata tonkotsu. Probemos.
— Sluurp.
Buah.
Otra cosa, otro nivel. Es una salvajada de sabor, con un toque muy fuerte de jengibre, que le da un picor muy molante. Tiene umami, pero también ou mama. Sabe a todo. Catorce pavos y medio cada bol, también te lo digo, posiblemente el más caro que me he tomado hasta ahora. Lleva fideos, chashu tradicional de panceta, repollo, setas, cebolletas chinas, beni shoga, aceite de sésamo, algas,huevos y furitake. Es la navidad en un bol. La carne cruje por fuera, a pesar de estar metida en caldo, y las albóndigas saben a mezcla de pollo y pan rallado.


El otro se llama Shio, y lleva bambú asado, setas smeji, daikon, cebolletas chinas, huevos, algas y furitake. Lo que te interesa saber es que el sabor es más suave, y el caldo más líquido. Una gran sommelier de ramen que teníamos en la mesa dijo que «le recordaba a la sopa de miso del Mercadona». Yo te digo que están increíbles. También es cierto que es un plato difícil de compartir. Tres ramen entre cinco es una buena cantidad, pero la mesa siempre acaba como la zona del aquapark en la que salta la orca.

También pedimos unos yakisoba, un poco por tener la full experience. Fideo gordo, con lonchas de pato braseado por encima. Está muy bueno, de hecho, en cualquier otro sitio, podría ser el plato estrella, pero claro, es lo que tiene actuar detrás de Queen. Se nota todo muy casero, me gusta mucho.

Nos ofrecen dos o tres postres, pero ya estamos petaditos. Pedimos el donut mochi de té verde, solo para dar testimonio.

Como véis, es cuqui. El donut viene glaseado, y con una bola de helado de té por encima. La parte de fuera cruje y sabe a frito, pero la interior es elástica, como un mochi. Tiene algo de buñuelo de fallas, recuerda bastante. Dulce, funcional, una cucharadita guay, tres ya embafa.
Puesssss, nano, qué te cuento.
Me ha escalado a una posición que llevaba mucho tiempo inescalada. Ahora mismo, estaríamos hablando de Damura > Kuma > Ryukishin > resto del mundo.
¿Precio del Damura? Pues 105,20 pavos entre 5. A 21 por persona.

Genial. Pienso volver como dos o tres veces al mes, de octubre a marzo. Si vais dos, un ramen por persona y un entrante es más que suficiente.
Por cierto, en la entrada hay una pared con post its. Es posible que haya dejado algo por ahí.
Okey alto, muy alto para Damura. Dadle caña.
Goza de amplio aparcamiento.