Me fascinan los sitios donde la gente hace lo que le sale del coño.
En serio, me atraen como la luz a una polilla, como un partido que se hunde a Toni Cantó, es algo por demás.
Ca Morera, Lo de Ponxe, Atzucac, Barbaric… Ese puntito punkarra de “yo voy a hacer lo que quiera, y si eso tú ya vendrás” me parece super molón. Bueno… Siempre y cuando detrás haya gente que cocine, claro, porque igual lo que te mola es hacer croquetas congeladas, y entonces a mí también me va a dar igual muy fuerte.
El caso es que tenía un ojo puesto hace tiempo en casa Capicúa.
¿Conocéis la leyenda? Dos hermanas gemelas, que van para juezas, de repente dicen… ¿Y si en vez de aspirar al supremo, hacemos supremas y nos montamos un catering?
Y al cabo de un tiempo petándolo, abren al lado de la Fnac, cerca de la Gran Vía, Casa Capicúa. ¿Y qué hacen? Ese es el tema.

Por la mañana almuerzos, brunches con aguacate, pasteles, café bueno y tal, y a mediodía, comida, pero solo UN primero y UN segundo. Menú único. Hoy tengo esto ¿Te hace? Guay ¿No? Prueba suerte mañana.
El único día en el que puedes encontrar lo mismo siempre, son los jueves por la noche, que es noche de tacos. Y adivina qué día es hoy.
Tienen un menú que cabe en un Telesketch, unos nachos, y cuatro tacos. Por supuesto da para pedirlo todo.
Empezamos con los nachos.
No están mal, son nachos con guacamole. Me hace torcer el morro un poco que salen fríos.

Por lo demás, todo es llamativamente casero, los trozos de tomate y cebolla, los grumos de aguacate…
Lo que no tengo claro es que esta ración valga 10 pavos, porque es chiquitica. Fresca, manufacturada, sí, pero normalmente, por 10 euros, tienes nachos con carne, frijoles y fantasía. A esta le falta o bien cantidad, o fiesta. Bueno. Le echo lima, le doy un trago al vino. Sigo a lo mío. Crujen a todo crujir.
Llega la primera ronda, costilla. No te lo ves venir, porque tiene como trocitos de torrezno crujiente por encima, y piña. Llevan cilantrito, y la carne está muy sabrosa. Es un bocado muy completo y muy potente. Tiene dulce, cruje, tiene ácido, tiene mucha chicha, y no se han cortado con las especias. Está de coglioni.

Después el de carnitas, y aquí es donde empecé a ver un poco de qué va el rollo.
El taco lleva un montón de aceite muy sabroso. La han cocinado con Coca-cola, y chorrea como si tuviera incontinencia de sabor. La cebolla encurtida es un clásico, un must, pero la carne es una de las más ricas que he probado. Pena que son dos bocados y desaparece justo cuando estaba empezando a cogerle cariño.
Luego el de frijoles, la opción vegetariana. Es sencillo, pero con gracia.
Trozos de mazorca de maíz, cebolla y frijoles negros, de estos mexicanos densos. Siempre cebolla, siempre cilantro. A este le metí un dedal de salsa picante que también tienen, que sabe como a ahumado chipotlero. Es casi ofensivo que un taco de verdura esté tan bueno. Me chulea, me vacila, me mira y me dice «¿No te esperabas este dedito por el culo, eh?»
— No, la verdad es que no.
Buenísimo.
Por cierto, el ambiente es guay, parece que las camareras conocen a todo el mundo. Se detienen un rato a hablar con todas las mesas, y a veces una de ellas habla muy alto y suena a Gracita Morales.

Terminamos con el de cochinita. Muy parecido al carnitas, pero con otro rollo. Tienen un poco ese parecido que tienen Mark Whalberg y Matt Damon. Es una esencia similar, pero distinguible. Cochinita es menos dulce, y sabe mucho a clavo, y puede que a canela. Lleva mucho más aceite, es jugosérrimo. Realmente no sé cuál de los cuatro elegir.
De postre, un brownie, que imagino que ha sobrevivido de los de esta mañana.

La verdad que está rico, pero se ha quedado un poco sequete. Al meter la cuchara, se deshace terrosamente.
Por encima tiene unos cristales de sal, que es una cosa que con el chocolate me mola bastante. No sé qué decirte, sabe a hornito, es un buen brownie, pero le falta mullidez.
¿La cuenta? Estupendo. 77,50€ entre 4.

Vale, pues me gusta. Me parece un sitio agradable, y una cocina interesante, sin desmerecer que nos hemos puesto hasta arriba por menos de 20 pavos.
Es verdad que el taco no es como el de La Llorona, pero es que NINGÚN taco es así. Estos, desde luego, están en la pelea. Son tacos que sin ser de un restaurante mexicano, y siendo una coas que se hace así los jueves un poco por variar, están muy de puta madre. De hecho, no quiero dar nombres (La Chingada) pero están mucho mejores que otros teóricamente con más denominación. Un par de veces que he ido a comer, también he salido muy contento. Me tocaron unos noodles thai la mar de bien.
Yo te diría que les echaras un ojo. Evidentemente no es un sitio al que puedas ir como vas a Kasta o al Aprendiz, o algo así, porque no es un restaurante al uso, no ese rollo. Aquí tienen poquito, pero bueno.
Un Okey Alto, porque yo también hago bastante lo que quiero.
Goza de amplio aparcamiento.