¿Sabéis lo primero que escuché de Boucan?
Que era el sitio al que iban a cenar los cocineros de otros restaurantes cuando tenían la noche libre.
Posiblemente no lo conozcas. Y eso es porque —no os voy a engañar— no es fácil encontrar sitio.
Si vas sin reserva, te comes un mojón 100%. Si llamas por teléfono… Bueno, digamos que estadísticamente, lo cogen pocas veces.
A mí eso no me importa porque tengo una croqueta entrenada por los marines a la que recurro en estos casos. Laurence es capaz de llamar al mismo sitio 1.800 veces aguantando la respiración bajo el agua, a temperaturas extremas, o bajo situaciones de mucha presión. Es quien me ayuda cuando quiero mesa en Cremaet o Trinchera, o cuando quiero darme de baja en Vodafone.
Bueno, eso, que Boucan.

Al lado de l’Atzucac, Calle Baja.
Tiene una barra de metal enorme, lo que me indica que, en el pasado, este local fue un bar.
El cotarro claramente lo mueven una mujer y un hombre que entran y salen de cocina sin parar. El hombre igual no lo sabe, pero se da un aire al bajista de Los Zigarros.
No tienen ni QR ni carta, tienen una pizarra escrita en la pared que, por lo que veo, va cambiando a lo largo de los días. También tienen el expositor de la barra, en el que hay ensaladilla y quesos y tal, pero que ahora mismo no me apetecen, porque tengo el cuerpo más de plancha.

Todo es cocina de mercado, y por lo visto tienen una vinoteca potente. Yo de momento voy con un doble de Águila. Empezamos con los buñuelos de bacalao.
Muy caseros, tienen trozos de patata y lascas de bacalao enteras por dentro. El rebozado es blandito, no es de esos tipo tempura que se han puesto tan de moda.
Son terrosos, llevan una gotita de ajoaceite por encima, sutil, como una brisa tropical de ajo. Bastante okey, pero claro, la combinación buñuelo de bacalao-cerveza fría, pocas veces falla. Buena arrancada.

Seguimos con el calamar con jamón y manzanilla.
Esto sería un calamar plancha, con trocitos de jamón, cortados en daditos prácticamente subatómicos, tipo picadillo. La manzanilla no se la noto mucho, entiendo que todo ha sido salteado con vinete oloroso, pero ese matiz se me escapa.
¿Sabes lo que le vendría genial? Una salsita un poco picante. Tal vez algún tipo de mojo así un poco alegre, tipo canario. El calamar está tierno, sabe a fresco. Por ahora dos de dos.

Venga, lleteroles con ajetes.
Buah, esto sabe a brasita que flipas. Es sencillo, pide bocata a gritos. Por ponerle un pero, a mí me gustan las mollejas un poco churruscas, tipo la grasa de las chuletas, ¿sabes?
El ajete tampoco tiene mucho protagonismo, no son exactamente una guarnición, son más un saborizante, como el perejil. Está bueno, porque el producto es bueno y está bien hecho. No tiene más.

Vamos a rematar con las albóndigas con curry rojo.
Bueno, bueno, aquí ya veo jaleíto. Menuda barbaridad, están de puta madre.
Súper tiernas, pequeñitas, como canicas de las gordas. A esta salsa le pasa de todo, noto algo de cilantro, tiene un picor de fondo que hace que quiera salir a quemar contenedores, está potente de sal, sin pasarse, es un yeah con toque de guau.
Lleva unos trocitos de zanahoria por ahí, un poco por cambiar de textura, un poco testimoniales.
Según sigo comiendo, el picante sube. Me parecen acojonantes, lo mejor de la noche. Podrían ser algo que hubieras probado en el Baat, o tal vez en el Bouet, pero claro, con un precio lógico.

De postre, nos sugieren una tarta de queso mágica, de la que queda solamente UN pedazo. El resto del mundo tendrá que joderse, porque la hemos pillado al vuelo.
Ajá, bastante correcta. Más grumosa que líquida, dulcecita, sin ese punto salado que me mola.
Las bases de galleta y la mermelada de arándanos quedaron atrás en la historia, y ahora el poder lo tienen las tartas de horno sin base. Lleva espolvoreada por encima un poco de galleta de cacao. Está buena, pero esperaba otra cosa.

Venga esa cuenta. 71,75 entre 3, a 24 pavetes por persona.

Oye, muy bien, la verdad es que hay muchas cosas que me han molado. Es muy guay lo de la carta nómada cambiante, todo está bueno, todo entra bien.
Cierto que si vais solo dos, y pedís un vino el precio os va a hacer un Mortadelo, pero entre tres y cuatro personas, yo creo que eso aguanta muy tranquilamente.
Tanto el calamar como las mollejas eran platos más de producto, en los que igual eché en falta un tercer ingrediente, pero las albóndigas tenían guiso, ahí hay alguien que pilota.
Esto es un Okey Alto de manual. Quiero volver a por un vino y la ensaladilla, mañana pongo a Laurence a trabajar. Echadle un ojo a este sitio.
Goza de amplio aparcamiento.
Comments (4)
Esperanza
Estoy contigo, es un sitio de lo más especial, en los que cuidan el producto y a los clientes.Cuando puedas, por favor, me pasas el teléfono de Laurence, que yo también quiero ir a cenar otra vez.
El Tipo Que Nunca Cena En Casa
No lo tengo, no sé ni si reservan.
Julia Climent
Siii, si que hacemos reservas, la cosa es llamar en el horario adecuado, ni domingo, ni lunes, nuestros lunes son como vuestros domingos, un horario para llamar que casi se aproxima a la infabilidad es de martes a sábado de 18:00 a 20:30, a partir de las 20:30 empezamos el servicio, y los medios días de esos mismos días, hasta las 15:30, más o menos, aunque ahí no aseguro un alto grado de infabilidad porque parafraseando a no me acuerdo quién, soy persona y hago cosas, agradezco enormemente vuestra insistente paciencia, saludos!!
Agustín
Correcto. Yo acabo de llamar, y no he tenido
ningún problema en reservar mesa.