Oye ¿Sabéis que han abierto un sitio por la Finca Roja, que se llama Bar Badís?
Todavía huele a nuevo, pero es de los mismos dueños que el Camaleón y el Ardacho, y eso siempre son buenas referencias. Está en el local que antes era el Globo del Camaleón. Han cambiado la carta, le han dado un reviscole a la decoración, y esta semana tenía yo un hambre tonta, y digo…

El caso que nada, entro. Fuera todavía hace sol, pero me apetece más tener la barra y la cocina controladas. Me siento mirando hacia la puerta, porque Mahershala Ali dice en Moonlight que nunca le des la espalda a una puerta, e intento escanear el QR.
Está bastante guapo, troquelado en dos pececitos de madera, pero no funciona en mi móvil.

La carta me apetece. Me recuerda un poco en algunos detalles a la de Ultramarinos Huerta, pero con un poco más de pescado. También tienen tres platos de cuchara, que es una cosa que ya no se ve mucho.
Venga, me pido un birrote, porque ese barril no va a acabarse solo, y empezamos.
La ensaladilla la pido porque lleva mayonesa de huevo frito, pimentón picante y mejillones en escabeche.

Te diré que está buena, pero no es el mejor plato. La ensaladilla como tal, tiene un puntito terroso que no me termina. Por encima lleva los mejillones en escabeche, y la mayonesa, a la que realmente no le pillo el punto a huevo frito.
No tiene saladitos, ni crackers, ni nada que sirva para hacer barca. Creo que podría ser un plato infinitamente más punki. ¿Pone que es picante? Que pique. Que pique como su puta madre. Y métele un huevo frito por encima, como llevaba la ensaladilla del Kuna. Huevo frito, mejillones y tres tostadas clavadas como banderillas. Eso no se lo pierde nadie.
Un par de Gildas XL. La gilda ha venido para quedarse en nuestras vidas.

Aceitunas, piparras, anchoas, cebolla encurtida, pepinillo, y boquerón. Toda una rave de encurtidos, un carnavalazo de vinagre que me hace salivar duramente, y me pone la piel de gotelé. Está guay, pero es un sabor que ya conoces, y que pide vermut. Realmente son XL, son prácticamente un palo de kebab, y creo que se ha perdido la oportunidad de llamarlas XiLdas.

Los huevetes rellenos siempre me hacen mucha gracia. No los veo mucho por ahí, son un plato como de abuela, como de aperitivo casero, pero que me funcionan. Llevan salsa tártara, atún y una anchoa por encima. Son dos bocaditos de cremosidad salina, que recuerdan un poco a una marinera. Tienen eso, ese puntito de tapa gorrina manual, que tanto mola.
Seguimos con un plato de chistorra, huevos de codorniz y tirabeques. Fantástico. Quiero aprovechar también este momento de la reseña para saludar al pan.

Sacan una hogacita de pan caliente cortada en 4, con tomate y ajoaceite, que cruje, y que acompaña cojonudamente. Muy buen pan. Fantaseo con la posibilidad de que, en vez de huevos de codorniz, fueran dos huevazos enormes de gallina, que al romper convirtieran el plato en un tsunami de yema, pero la verdad es que así tampoco están mal.
La chistorra va dejando un aceitito rojo la mar de sucable por el fondo del plato. El tirabeque aporta un crunch maravilloso, y al ser vegetal, elimina un 8% de la culpa que conlleva el resto del plato.
Entonces llega el momento decisivo. Tejero entra al congreso, Rachel no se sube al avión, Michael Jackson sale disparado del suelo en la Superbowl, y llega la cazuela de morro, oreja y kimchi.

Me caguen la puta, está que flipas. El kimchi no es kimchi como tal, no hay col, o por lo menos no la veo. Es solo el picante, pero claro, una olla de guiso con picante es siempre un gol directo.
Los trozos de morro y oreja son icebergs blanditos y gelatinosos llenos de sabor, flotando en un caldo rojizo, espeso, que va a hacer que se te peguen los labios como si hubieras felado un Pritt de barra. También hay patata, y… Buah, si pillas caldo, con oreja y pan, entiendes un poco de qué va la vida.

Para terminar, el bikini alargado de mayonesa de trufa, lomo ibérico “Joselito” y queso comté. Wow, potente, levemente mantequilloso. Buena ración, cada sandwich parece la barrera de un parking. Esto hay que comérselo rápido, que frío pierde mucho. Este es uno de los puntos de similitud más obvios que veo con la carta de Ultramarinos, pero claro, la realidad es que los bikinis alargados no son patrimonio de nadie. Ración válida para 4 personas tranquilamente.
Venga esa cuenta por aquí.
99,70€ entre 4. Casi a 25.

¿Qué te digo? Pues que creo que es un sitio muy guay, y que está a la altura de sus otros restaurantes.
Platos con cuchara fijos en carta, bien, precios bien, todo bien hecho, terraza soleada, cerveza fría…
Creo que es un Okey Alto de manual. Echadle un ojo, y mojad en el guiso de oreja, ya sabéis dónde está.
Goza de amplio aparcamiento.